Vivito y coleando

Y en eso reapareció Fidel, vivito y coleando, después de las cirugías que le tuvieron supuestamente a un tris de morir, al cabo de seis meses de haber cedido el ejercicio formal del poder por primera vez desde el triunfo de la revolución hará pronto medio siglo.

Fidel Castro se ha mostrado para Cuba y el mundo en imágenes absolutamente controladas, vestido con un chándal de colores patrióticos, tras tres meses sin noticias gráficas de él, y nuevamente al lado de su retoño revolucionario, el gobernante venezolano Hugo Chávez, que esta vez fue especialmente a Cuba en compañía de su hermano Adán, ministro de Educación y ex embajador en La Habana. Adán cada día parece más el complemento perfecto y el otro yo de Hugo, un tándem genético como Fidel y Raúl, y el nombre que imprimiría un carácter de padre original al líder bolivariano.

Sigue resultando harto curioso que haya sido nuevamente necesario llevar a Chávez al lado de Fidel Castro para tratar de acallar los intensos rumores sobre el estado de salud del dirigente cubano, en lugar de transmitir esa supuesta buena nueva con imágenes del líder, por ejemplo, junto a su hermano y heredero, el general Raúl Castro, y otros miembros de su familia, figuras destacadas del régimen o, sencillamente, mediante comunicaciones directas al pueblo, esos más de once millones de cubanos que constituyen, según la propaganda oficial, el objeto de la revolución. La prensa oficial cubana, única en la isla, difundió profusamente las imágenes, las fotos y el texto de Fidel Castro con Hugo Chávez y sus aleluyas.

«¡Fidel está de pie, completo, y pido a Dios que siga recuperándose!», clamó Chávez, quien casi gritó un «Ave César» cuando vio a Fidel Castro. Al entrar en el aposento del comandante cubano exclamó sólo «¡César!» y se fue a abrazar a su bienamado amigo, quien dio la sensación de querer evitar el contacto con tan efusivo venezolano. Quizás entre revolucionarios sea imprudente el contacto físico que se deriva del abrazo o tal vez la fricción afectuosa podía causar alguna incomodidad a Fidel por instrumentos quirúrgicos que pudiera llevar adosados.

Hugo y Adán Chávez se desplazaron especialmente desde Caracas a La Habana para el «show». Las imágenes son optimistas, pero sigue faltando, como desde el primer día, un parte facultativo creíble sobre la situación del paciente. Los médicos cubanos de Castro hasta ahora no han dicho nada. Silencio, secreto.

En otras circunstancias, distintos líderes mundiales que pronto murieron fueron mostrados en los hospitales bien pulidos, con apariencias saludables. De manera que las albricias de Chávez sobre el buen rostro, buen humor y buen ánimo de de Fidel Castro, el simulacro propagandístico que ha habido en La Habana con apariencias de un encuentro entre estadistas, necesitan para acabar con tantas conjeturas el añadido de un informe serio y veraz de los médicos.

Francisco R. Figueroa
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