La bella y las bestias: un cuento trágico nicaragüense


Francisco R. Figueroa 

✍️29/11/2023

El diario El País ha publicado el afilado editorial Delirio represivo en Nicaragua sobre la surrealista y disparatada –y también terrorífica y despótica– situación en el país centroamericano de mayor extensión, menor densidad demográfica y peor renta per cápita, además de la nación más autoritaria y donde más se han reducido las libertades de toda América Latina, debido todo ello a la mano «prodigiosa» del matrimonio dictatorial –tanto monta, monta tanto– de Daniel Ortega (78) y Rosario Murillo (72), un remedo local de los Ceaușescu rumanos, que acabaron fusilados, cosidos con 120 balazos, la Navidad de 1989, tras un juicio sumarísimo exprés en una corte marcial, instalada por las fuerzas armadas que les habían sido fieles durante el cuarto de siglo que duró su reino comunista.

Ese editorial viene a cuento de unos hechos insólitos cuyos orígenes se remontan a 2018, cuando buena parte del pueblo nicaragüense, harto de los desmanes del tándem opresor, se alzó pacíficamente contra ellos, lo que la pareja consideró un intento de golpe de estado, un ataque del imperialismo, obra de Estados Unidos, la mano de la CIA, y, en fin, vertió toda su manida retahíla de dislates contra los demócratas y sus enemigos internos y externos, reales e Imaginarios.

La represión regó las calles de Nicaragua con la sangre de 355 ciudadanos, se llenaron las prisiones y el exilio político y social se nutrió con decenas de miles de expatriados. Desde entonces, Rosario y Daniel matan mosquitos a cañonazos.

En el mayor éxodo de la historia del país, unas 800.000 personas (10 % de la población nacional), más de la mitad de ellos perseguidos políticos y la mayoría menores de 35 años, han abandonado su patria a raíz de la abominable represión desatada aquel año por los cuerpos de seguridad y las tropas parapoliciales que mantiene el régimen.

Entre la multitud que se sumó a las protestas cívicas en 2018 estuvo una estudiante universitaria de Comunicación Social. Cinco años después Sheynnis Alondra Palacios (23) ha sido coronada Miss Universo, algo inédito en el país. En los días del certámen, celebrado en el vecino El Salvador, la bella apareció en una muy difundida foto con su compatriota el cantante Carlos Mejía Godoy, un notorio crítico del régimen, al lado de la bandera nacional, con la consiguiente arrechera del par de ogros gobernantes. La coronación de Sheynnis Alondra, motivó a los nicaragüenses a vencer el miedo a la represión para echarse a las calles en masa a celebrar la exaltación a los altares de la hermosura femenina mundial de ese bellezón patrio, una explosión de júbilo equiparable a la que hubo en Argentina por la conquista del último campeonato mundial de fútbol, y que los grotescos tiranos interpretaron como una «provocación maquillada» y «golpismo encubierto», según dijo doña Rosario, mientras exégetas de la dictadura interpretaban la victoria de Sheynnis Alondra como una estratagema de la CIA para «crear a mediano plazo un líder aglutinante» contra el tándem presidencial. La suspicacia llevó a la policía hasta mandar borrar un mural conmemorativo de la proeza a unos artistas callejeros.

La chica, que ya triunfaba desde 2016 en concursos locales de belleza, vendía buñuelos para ayudarse en el pago de sus estudios en la Universidad Centroamericana, regentada por los jesuitas y que acaba de ser suprimida por el régimen junto a otros 27 centros superiores de estudios, en una estrategia de aniquilación de todo lo que tan desquiciados dictadores consideran oposición: la Iglesia católica (tienen preso a un obispo y expulsaron al nuncio vaticano), oenegés (unas tres mil fueron proscritas), fundaciones, medios de comunicación... sin contar que metieron en la cárcel a los siete aspirantes que dilucidaban cuál de ellos disputaría a Ortega la presidencia como candidato de la oposición unida, anularon los partidos políticos indóciles y forzaron al destierro a decenas de personas, a las que anularon su nacionalidad y despojaron de sus viviendas, bienes y dineros, o la reciente purga general en el Poder Judicial con el despido de casi un millar de funcionarios para sustituirlos por paniaguados. La mandamás nica también ordenó detener a conocidos activistas en redes sociales que criticaron las burlas hirientes a la reina de la belleza en los canales de televisiones controlados por la familia Ortega-Murillo, en los que hicieron chanzas de ella llamándole «Miss Buñuelos» y endilgaron los descalificativos e insultos usuales contra los opositores.

Posiblemente a la prestante doña Rosario tampoco le gustó que Sheynnis Alondra, en su respuesta durante el certamen a una pregunta sobre qué mujer admiraba, no la pusiera a ella como modelo sino que encomió a la pionera del feminismo Mary Wollstonecraft, una inglesa del siglo XVIII, escritora y filósofa, muerta con 38 años por septicemia a raíz de un parto, provocando con sus palabras una aclamación estruendosa en el local del evento. Tampoco la bella Sheynnis Alondra se había acordado de la caricaturesca Rosario y su flácido marido cuando en sus redes sociales alabó sentidamente a su «hermosa patria» o se proclamó «embajadora» de su cultura, título que habría que ser, supuestamente, otorgado por la esperpéntica zarina y rectora de la política exterior echada en brazos de Cuba, Venezuela, Irán, China y Corea del Norte, y que acaba de consumar la salida de Nicaragua de la Organización de Estados Americanos (OEA) profundizando el terrible aislamiento internacional del país.

Sheynnis Alondra no está al alcance de la iracundia de doña Rosario porque vive en Nueva York y allí seguirá por contrato durante un año. Luego seguramente se radicará en Estados Unidos, como una multitud de compatriotas huidos de las arbitrariedades del binomio dictatorial Ortega-Murillo y su desastrosa gestión. 

En represalia, la dictadura ha desterrado a Karen Celebertti, la directora de la franquicia en Nicaragua de Miss Universo, a la que se impidió entrar a su propio país cuando regresaba a la patria con su hija tras el certamen, y la policía detuvo en Managua a su esposo. La cosa no fue a más al padecer porque una nuera del matrimonio dictatorial, antigua Miss Nicaragua, templó la calentura de una suegra en busca de venganza y escarmiento.

Rosario María Murillo lleva en todo la batuta en Nicaragua, aunque nominalmente sea la vicepresidenta de la República. Supera en codicia, vesania y vileza a su cuarto, más duradero y ventajoso (para ella) marido, el cada vez más inane Ortega, aquel guerrillero timorato que participó supuestamente en una lucha heroica y romántica para acabar con la encepada tiranía de los Somoza y una mañana despertó convertido en un remedo del nefando Anastasio, «Tachito», el último condotiero de la saga familiar, el mismo que unos socios marxistas argentinos de Ortega y su combo sandinista mandaron al infierno de un bazucazo en una calle de Asunción del Paraguay. ✅

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PE: Karen Celebertti acabó siendo acusada por la dictadura de «traición a la patria y conspiración, además de lavado de dinero y difusión de noticias falsas», acusada de haber participado «en las acciones terroristas del fallido intento de golpe», como define el régimen a la protesta cívica de 2018. También se le endilga haber permanecido «en comunicación con exponentes de traición a la patria, preparándose para utilizar sus franquicias y plataformas supuestamente dedicadas a concursos de belleza 'inocentes' en una conspiración para convertir los concursos en trampas y emboscadas políticas, financiadas por agentes extranjeros». ✅

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