Chávez jura por Cristo socialista y vapulea a obispos

La tercera toma de posesión como presidente de Hugo Chávez no ha deparado hoy sorpresas. Aparte la frondosidad y rimbombancia de su juramento —incluso juró por «Jesucristo, el más grande socialista de la historia»— casi todo lo que dijo estuvo referido fundamentalmente a la construcción de lo que él llama «socialismo venezolano», pero que huele a comunismo.

Quizá la única novedad haya sido que bajó el tono de su discurso contra el secretario general de la OEA, el chileno José Miguel Insulza, a quien en las vísperas había ofendido calificándole repetidamente de «pendejo» e implícitamente de esbirro de Estados Unidos. Pero la emprendió contra los obispos.

En ambos casos el motivo del enfado de Chávez es el posicionamiento de Insulza y de algunos purpurados contra la medida gubernamental que supondrá el cierre de la empresa Radio Caracas Televisión (RCTV), la emisora decana del país y una de las dos con más audiencia.

Chávez, sin embargo, no pidió disculpas a Insulza por los agravios. Manifestó, sin embargo, su disposición a hablar con él, aunque hace dos días afirmó en tono muy duro que en la primera ocasión en que se lo topara le echaría en cara toda la irritación que tiene contra él.

El rechinamiento que los insultos de Chávez causaron en la mayoría de los 35 miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA), incluidas las grandes naciones como Estados Unidos, Brasil, México o Chile, posiblemente haya determinado que Chávez arríe alguna vela antes de viajar a Managua y Quito, a las respectivas tomas de posesión de Daniel Ortega y Rafael Correa, en las que coincidirá con varios de sus colegas latinoamericanos y con el propio Insulza, justamente también después de haber dado inicio a un proceso de nacionalizaciones que, a juicio de varios comentaristas, muestra el talante «populista y autoritario» del líder venezolano y el rumbo hacia el comunismo que tomado su revolución, que cada vez presenta más semejanzas con Cuba.

Chávez, en cambio, fustigó con ardor a la jerarquía de la Iglesia católica en Venezuela por haber alzado su voz también contra la decisión de su gobierno de no renovar la licencia de funcionamiento a Radio Caracas Televisión, canal que emite regularmente desde hace casi 55 años.

El líder de la llamada «Revolución Bolivariana» demandó el «respeto» del episcopado dirigiéndose al cardenal Jorge Urosa Savino, máximo autoridad eclesiástica en Venezuela y presente en el acto. Aseguró que él no quería volver a los tiempos de la confrontación con los obispos, pero tendría su poder de fuego preparado para defender al Estado de cualquier nuevo ataque de los purpurados.

Las relaciones de Chávez con la jerarquía católica tuvieron su peor fase a raíz del frustrado golpe de Estado que le mantuvo fuera del poder durante dos días. Recluido en la isla de la Orchila, Chávez asegura que recibió la visita del ya fallecido cardenal José Ignacio Velasco para que firmara la renuncia. El cardenal Velasco estuvo al lado de Pedro Carmona, a quien se trató de hacer jefe del Estado en un acto de marcado cariz golpista y fuerte tono autoritario, que finalmente sirvió para que cambiará de bando una parte de los militares y Chávez fuera repuesto en el poder.

El presidente venezolano se ha enzarzado con otros prelados y ha llegado a afirmar que en el país hay obispos que llevan el diablo bajo la sotana. Concretamente, en el acto de hoy, Chávez zahirió al arzobispo Roberto Lücker —uno de sus más feroces críticos— de quien dijo que ardería en el infierno. «Él me va a esperar a mi en el infierno. Monseñor Lücker va a ir al infierno (...) Perdónalo Señor porque quizás no sabe lo que dice», manifestó.

En otro momento de su investidura, Chávez ratificó que sometería a referendo popular su reelección indefinida como presidente y le metió prisas a la Asamblea Popular —que le es enteramente fiel— para que agilice el trámite de una ley que le permitirá gobernar por decreto, entre otras cosas sobre las nacionalizaciones de las telecomunicaciones, la electricidad, el agua, el poco sector petrolero que queda en manos privadas y, posiblemente también, la siderurgia- y, asimismo, reforme la Constitución que él mismo patrocinó en 1999.

El juramento como presidente que prestó Chávez fue así de florido y vehemente: «Juro delante esta maravillosa Constitución, juro por Dios, juro por el Dios de mis padres, juro por mis padre, juro por mis hijos, juro por mi honor, juro por mi vida, juro por los mártires, juro por los libertadores, juro por mi pueblo y juro por mi patria que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, que entregaré mis días y mis noches y mi vida antera en la construcción del socialismo venezolano, en la construcción de un nuevo sistema político, de un nuevo sistema social y de nuevo sistema económico; juro por Jesucristo, el más grande socialista de la historia, juro por todos ellos, juro por todos los dolores, juro por todos los amores y juro por todas las esperanzas, que haré cumplir y cumpliré con los mandatos supremos de esta maravillosa Constitución, con los mandatos supremos del pueblo venezolano, aún a costa de mi propia vida, aún a costa de mi propia tranquilidad. Patria, socialismo o muerte: lo juro».

Francisco R. Figueroa
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