Alcorcón City

Las autoridades locales se han esforzado para quitarle connotaciones xenófobas a los enfrentamientos juveniles registrados el pasado fin de semana en el pueblo de Alcorcón. También han negado que exista un problema de inseguridad motivado por la presencia de bandas latinas en ese suburbio madrileño de 160.000 habitantes, un 12% inmigrantes.

Pero quien quiera darse un paseo por los foros de debate, incluso uno en el sitio oficial del ayuntamiento, descubrirá que algo huele a podrido en Alcorcón, una ciudad que hace gala de su tolerancia y de convivencia intercultural: «Encrucijada de caminos, de gente extraña y de destinos (…) acogiendo en su dulce penumbra a todo aquel que cobijo pidió (…) sintámonos hermanos fraternos, juntando nuestro esfuerzo y vigor», define y proclama su himno oficial.

Lo seguro es que el sábado pasado jóvenes de procedencia latinoamericana agredieron a transeúntes y que el domingo hubo un intento de tomarse la revancha por parte de jóvenes españoles del lugar. Navajas, bates, catanas, machetes, caras tapadas, convocatoria por SMS en tono encendido, rabia, ira, policías antidisturbios, enorme despliegue mediático, algunos heridos por arma blanca, detenidos (ecuatorianos, dominicanos y españoles), daños al mobiliario urbano…

Pero las autoridades dicen que no hay en esas reyertas nada (ni símbolos, ni ideología, ni nada de nada) que muestren un brote xenófobo con elementos implicados de la extrema derecha española (salvo un tipo, al parecer muy activo) o los «Latin Kings» o los «Ñetas» latinoamericanos.

En España hay censados cerca de cinco millones de inmigrantes (alrededor del 10 % de su población total de 44 millones de habitantes), que han llegado en aluvión en los últimos diez años. Aparte incidentes aislados, no ha habido hasta ahora graves problemas.

Pero como la emigración es una de las armas principales que la oposición conservadora usa contra el gobierno socialista por el supuesto descontrol que hay, el asunto ha tendido a tensarse enormemente en los últimos dos años, en la medida en que el enfrentamiento político ha ido calando en la opinión pública.

Los «chats» consultados reflejan claramente ese enfrentamiento entre el derechista Partido Popular y el gubernamental Partido Socialista. Esto apunta a que un germen ha comenzado a desarrollarse en un país como España encrucijada de civilizaciones donde no había habido más muestra de racismo antes de la llegada masiva de extranjeros que una muy puntual desconfianza hacia la minoría gitana, que, a partir de los años ochenta, se proyectó a los emigrantes marroquíes.

Hay cada vez más gente que muestra su indignación por la inseguridad ciudadana asociada a la inmigración y que entrevé que a medida que pase el tiempo aumentará los emigrantes en situación irregular y marginal, es decir, en condiciones de desesperanza capaz de perturbar la convivencia, el equilibrio inestable que ahora hay.

España se ha mostrado formalmente como un país solidario con los emigrantes, con políticas oficiales bastante permisivas y tendente a la integración. La aptitud de la las personas ha sido muy positiva en la acogida y la ayuda. Pero los problemas parecen estar a la vuelta de la esquina. Lo ocurrido en Alcorcón quizás haya que tomarlo como un serio aviso.

Francisco R. Figueroa
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