Negociando con Mister Danger

Caracas y Washington se han tanteado la semana última con vistas a mejorar sus alicaídas y deterioradísimas relaciones políticas.

Los dos países andaban a la greña desde hace ocho años, especialmente tras el golpe de Estado que derrocó brevemente al presidente Hugo Chávez en 2002 y la crisis que siguió, sobre todo la huelga en el sector petrolero de consecuencias catastróficas.

El anuncio de la disposición de ambos gobiernos a buscar un entendimiento se ha producido a dos semanas de la reelección para seis años más en el poder de Chávez, con el 62 por ciento de los votos, en unos comicios sin mácula, según los observadores internacionales que los vigilaron.

Además, ocurre cuando crece la influencia de Chávez en el hemisferio, aumenta su papel como benefactor de países y el líder venezolano parece desbocada en su encendida retórica contra Estados Unidos y su presidente, George Bush, al que ha llamado de todo, hasta «borracho», «genocida» y «diablo», la última vez en septiembre desde la tribuna de oradores de la Asamblea General de la ONU.

Pero el líder bolivariano provoca e irrita también a Estados Unidos en otras partes del mundo, con sus políticas y sus afectos hacia países que Washington sitúa en el «eje del mal», como Siria, Irán y Corea del Norte. También con Rusia y China, nación cada día más pujante en América Latina.

Petróleo y armas; relaciones energéticas cada vez más estrechas; oposición cerrada al unilateralismo de Washington y sus «guerras preventivas»; fomento de las posiciones anti-Israel y pro-Palestinas; apoyo a los movimientos populares y a los antiglobalización; oxígeno a la revolución castrista; apoyo y dinero a las izquierdas... Nunca antes en América Latina había habido un actor tan activo contrario a los intereses mundiales de Estados Unidos.

Se suma también la incertidumbre en Cuba, con la muerte rondando, al parecer, a Fidel Castro, lo que ha abierto la esperanza de un cambio político en un país sumergido desde hace 48 años en una dictadura comunista. Podría ocurrir que Estados Unidos no quiera que Venezuela se convierta en un problema permanente, como lo ha sido Cuba durante la Era de Castro, es decir, desde 1959.

Por si fuera poco, el publicitado «inicio del deshielo» entre Washington y Caracas coincide con nuevas victorias de las fuerzas de izquierda en América Latina, una región que había dejado de ser prioritaria para Estados Unidos desde los ataques terroristas en Nueva York y Washington de 2000.

Si en 1999 —descontado Fidel Castro— Chávez era la voz latinoamericana que clamaba en el desierto contra Estados Unidos, hoy hay un coro en el mal llamado «corral trasero».

Políticos socialdemócrata, socialista o populista —estos y otros bajo el paraguas izquierdista— se han afianzado o han ganado el poder en el último lustro y especialmente en el último año. En Brasil (Luiz Inácio Lula da Silva, 2002), Argentina (Néstor Kirchner, 2003), Uruguay (Tabaré Vázquez, 2004), Bolivia (Evo Morales, 2005), Chile (Michelle Bachelet, 2006), Costa Rica (Oscar Arias, 2006), Perú (Alan García, 2006), Rafael Ecuador (Correo, 2006) y Nicaragua (Daniel Ortega, 2006).

Lo ocurrido, también este año, en México, es decir, a las puertas de casa, con Andrés Manuel López Obrador a unas décimas de la victoria, y los incidentes de Oaxaca, posiblemente haya aumentado para Washington la percepción de amenaza.

Aunque no todos esos políticos actúan con la misma beligerancia que Chávez —que ha sido una auténtica «bestia negra» para Washington— se percibe que ese avance en América Latina de las izquierdas contraría en todo o parte a los intereses de Estados Unidos, cuyo gobierno no ha tenido ninguna iniciativa de alianza importante con sus vecinos del sur desde que el presidente Bill Clinton propuso, en 1994, en una cumbre de gobernantes en Miami, el Tratado de Libre Comercio de las Américas (ALCA), hoy virtualmente muerto.

La posición beligerante y amenazante de Venezuela —o Cuba— contrasta con la pugna soterrada y obstruccionista de Brasil en cuestiones comerciales; la amigable de Perú y Chile, la neutra de Costa Rica, y la aún desconocida del ecuatoriano Rafael Ecuador, pendiente de asumir el poder, así como la del nicaragüense Daniel Ortega, un cadáver político de la Guerra Fría, aliado del castrismo, que ha resucitado de la mano de la derecha.

Ha habido dos reuniones entre representantes venezolanos y estadounidenses. La más significativa de ellas juntó en Caracas al Canciller venezolano, Ricardo Maduro, con el embajador estadounidense, William Brownfield.

Después, Venezuela adelantó sus condiciones: que Estados Unidos ponga fin a la «guerra política» contra el gobierno de Hugo Chávez. Según Caracas, la mano de Washington estuvo tras el golpe del 2002 y la huelga en la estatal petrolera PDVSA. También culpa a Washington de haber financiado «fuerzas políticas no democráticas». Además, Venezuela ha exteriorizado «su desconfianza» sobre las intenciones norteamericanas. «Tenemos suficientes razones para desconfiar del gobierno de Estados Unidos, pero también tenemos la madurez para sentaros a dialogar de manera respetuosa y con la verdad», expresó Maduro

«Que Estados Unidos no respalde a los grupos de oposición, que no mlos financia, que se distancien de cualquier tentativa de erosionar la legitimidad democrática del gobierno que preside Hugo Chávez, que cese la guerra política contra Venezuela y su presidente y que acaben los intentos de revertir el proceso de cambios emprendidos por los venezolanos», piden los portavoces oficiales del gobierno de Caracas.

Según expertos, se trata de que «Estados Unidos acepte los nuevos liderazgos de cambio en el continente [americano] y se establezca un nuevo marco de relaciones en base a la igualdad y al respeto», lo que parece complicado de entrada.

Por lo pronto, las últimas declaraciones de funcionarios de alto nivel de Estados Unidos parecen alentadoras porque reconocen que «Venezuela no es una amenaza para la región y que la reelección del presidente Hugo Chávez es positiva». Punto para Chávez.

«El gobierno de Estados Unidos tiene interés en resolver algunas de las diferencias entre los dos países y en hacer progresos durante el año que viene», declaró el embajador en Caracas.

«Es el momento de subsanar las confrontaciones entre Venezuela y Estados Unidos con un diálogo responsable sobre intereses comunes», dijo el subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Thomas Shannon.

Desde que el pasado 3 de diciembre Chávez logró la reelección, de Washington han llegado frases más amables que reconocen la victoria democrática lograda por el líder venezolano.

Especialistas en asuntos latinoamericanos consideran que posiblemente gobernantes amigos, como el brasileño Lula, la chilena Bachelet y, quizás también, el colombiano, Álvaro Uribe, han aconsejado a Chávez que suavice el tono y empiece a dialogar.

Dos días después de ser reelegido, Chávez manifestó disposición «a dialogar» con Washington en un plano de «respeto e igualdad». Aplaudió que altos funcionarios estadounidenses hayan hablado de buscar vías para mejorar las relaciones con Caracas, pero expresó sus dudas respecto a la «sinceridad» de esas intenciones.

En Venezuela, según un sondeo reciente, el 71% de la población es partidaria de mejorar las relaciones con EEUU. Sin dos de cada tres venezolanos votaron por Chávez en las elecciones celebradas hace poco más de dos semanas, un sector del «chavismo» se pronuncia en ese sentido.

Por otro lado, las relaciones comerciales de Estados Unidos y Venezuela son normales, muy activas, y van en aumento, con prácticamente libre acceso a los mercados aunque no haya entre ambos paises un tratado en ese sentido.

Las relaciones comerciales marchaban con el viento en la popa. Los 40.000 millones de dólares de intercambios de 2005 serán 50.000 millones en 2006. Venezuela suministra 1,5 millones de barriles diarios de crudo a Estados Unidos y mantiene casi 14.000 surtidores en 47 estados donde se vende al año 25.000 millones de litros de carburantes, a través de Citgo, empresa filial de PDVSA con sede en Houston. Con un patrimonio superior a los 7.000 millones de dólares, Citgo es una de las cinco empresas petroleras más importantes en Estados Unidos. Es la tercera en cuanto a capacidad de refino, la cuarta en elaboración de lubricantes y el quinto comercializador de gasolina.

Francisco R. Figueroa
18/12/2006
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