Cristina no es Hillary

Con ocasión de las recientes elecciones en Argentina han proliferado las comparaciones de Cristina Fernández de Kirchner, de 54 años, con Hillary Rodham Clinton, de 60 años, que tanto parecen complacer a la flamante presidenta electa argentina.

Quienes siguieron la campaña política argentina y, sin ir más lejos, vieron el agresivo debate entre los aspirantes a la candidatura presidencial del Partido Demócrata, del último martes por la noche en Filadelfia, pudieron constatar, una vez más, una de las notables disparidades que hay entre ambas mujeres.

La participación en un debate constituye una de las diferencias en la acción política pues la señora Kirchner en ningún momento aceptó confrontar sus criterios con sus contrincantes electorales. En la campaña presidencial estadounidense los debates entre los candidatos están a la orden del día y el éxito depende en buena medida de ellos.

El debate de Filadelfia fue un episodio más de la disputa para las elecciones primarias de las que saldrá el candidato demócrata a la presidencia en las elecciones de noviembre del año próximo. Sin embargo, en Argentina, la designación de la señora Kirchner como candidata presidencial no fue producto de una elección primaria, de un debate interno ni de la designación de algún órgano de partido. Cristina Fernández fue ungida candidata por el dedazo de su marido, por la voluntad única y exclusiva, y por la gracia, del aún presidente argentino, Néstor Kirchner.

Hillary Clinton disputa la nominación demócrata y, por ende, la Casa Blanca dentro del juego de partidos en el que se basa la muy sólida democracia estadounidense. Cristina Fernández ha jugado como candidata de una de las facciones del Partido Justicialista (peronista) que formó en el 2003 el heterogéneo Frente para la Victoria que llevó al poder a Kirchner con un exiguo 22% de los votos en una democracia frágil como la argentina. El Frente para a Victoria es, hoy por hoy, una formación política hecha a la medida de los Kirchner y el embrión de los que será el futuro partido «kirchnerista» con el que el matrimonio pretende copar el poder en Argentina por bastantes años más.

La esposa de Bill Clinton se ha esforzado en levantar contribuciones privadas para financiar su campaña, mientras Cristina Fernández ha abusado —según la denuncia coincidentemente de sus adversarios y medios periodísticos argentinos— del aparato estatal y el dinero público que su esposo ha puesto masivamente desde el Gobierno a su entera disposición.

La entrada de la señora Clinton en política se produjo en el 2000, que era el último año del segundo cuatrienio presidencial de su marido. En enero del 2001 —justo cuando Bill Clinton dejaba la casa Blanca a George Bush—, ella se estrenaba como senadora por Nueva York. Cristina Fernández anda en política desde principios de los años ochentas, igual que su marido, y ha tenido una carrera interrelacionada con la de él, como diputada regional, senadora nacional en tres legislaturas y diputada federal en una.

Hillary Clinton es posible que vuelva a la Casas Blanca, pero Cristina Fernández ni siquiera ha tenido que salir de la Casa Rosada. Mientras Hillary Clinton fue la primera dama discreta durante los dos períodos presidenciales de su esposo, Cristina Fernández se negó a asumir ese papel. Durante el único mandato de su esposo prefirió intitularse primera ciudadana de Argentina y usar para su propia proyección política un despacho oficial en la Casa Rosada sin tener ningún cargo en el Ejecutivo.

Néstor Kirchner podía haber disputado la reelección —como hizo Bill Clinton— con notables posibilidades de haberla conseguido. De hecho, la victoria de la señora Kirchner, con el 45% de los votos, ha sido un plebiscito sobre la gestión presidencial del señor Kirchner. Pero el presidente Kirchner cedió el protagonismo político y la jefatura de la Nación a su esposa, en una sucesión familiar sin precedentes. Hay quien dice que tratan de fundar una nueva dinastía política en la que ambos se turnarían. El señor Kirchner, con permiso de su esposa, posiblemente volverá a disputar la jefatura del Estado argentino.

Por lo demás, la señora Kirchner y la señora Clinton tienen en común, aparte la condición de mujer, que ambas están formadas en derecho y conocieron a sus maridos en la universidad. Las dos han sido senadoras y esposas de hombres que fueron primero gobernadores y después presidentes. Parece que les une algunos gustos gastronómicos y de estilismo. Ambas se vieron en dos ocasiones en Washington, en el 2003 y el 2004. A los Clinton les distancia de los Kirchner su decencia en el ejercicio de la política contra el populismo y el estilo clientelar que practica la pareja argentina. También sus amigos, entre ellos el presidente venezolano Hugo Chávez o su colega boliviano Evo Morales.

Por lo demás, la señora Kirchner quiere ser exclusivamente Cristina Fernández y ser apreciada por sus méritos y no por sus semejanzas con otros. Pretende marcar algunas diferencias con su marido y también se desmarca de Hillary Clinton. No quiere que la comparen con la senadora estadounidense, pero tampoco con nadie. «No hay mejor cosa que ser parecida a una misma», dijo en unas recientes declaraciones cuando ya se veía coronada presidenta de los argentinos.

[Temas relacionados con los Kirchner en este mismo blog son: «El turno de la señora Kirchner», de 29/10/07; «Cambio en la alcoba de los Kirchner», de 15/10/07; y «Kirchner y Kirchner», de 09/03/07.]

Francisco R. Figueroa
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