Chávez y la quimera del oro

En su sonada pendencia con España, surgida en la Cumbre Iberoamericana de Chile, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha vuelto a echar en cara el cacareado «saqueo de las riquezas» de América Latina y el «genocidio aborigen» durante la colonia con una ligeraza propia de ignorantes o de malintencionados.

«Nos saquearon para alimentar sus arcas, todos fuimos colonizados por siglos y se llevaron nuestras riquezas», manifestó en la primera rueda de prensa celebrada tras su regreso a Caracas.

Sin duda, el presidente de Venezuela se ha quedado en sus lecturas en lo anecdótico de la conquista. Como buen revolucionario latinoamericano, ha leído a fray Bartolomé de las Casas, tan buenazo como pánfilo.

Durante la colonia se cometieron innumerables abusos contra los indios, pero es incierto que fueran consecuencia de una matanza planificada por el Estado como da a entender Chávez cuando yuxtapone el «genocidio aborigen» en la América colonial al holocausto en la Alemania nazi.

La insistencia de fray Bartolomé de las Casas y el nuevo «Derecho de gentes» de Francisco de Vitoria desembocaron en 1542 —a solo cincuenta años de la llegada de Cristóbal Colón a América— en las «Nuevas Leyes» del rey Carlos I hechas para proteger a los indios con disposiciones muy serias. Es cierto también que los encomenderos, a espaldas de las leyes, prosiguieron cometiendo abusos con los indios en las colonias, de modo parecido que los poderosos con la gente humilde en la España peninsular.

El gobierno colonial ajustició, como dice Chávez, a diferentes y notables caciques indios que se revelaron contra la autoridad real, del mismo modo, también, que en la España peninsular funcionó la horca y la hoguera contra quienes fueron identificados como enemigos del rey y del catolicismo.

Donde en la América hispana había naciones precolombinas significativas hoy sus poblaciones siguen siendo mayoritariamente de indios y de mestizos. En América del norte de colonización sajona o en Brasil la portugués la realidad fue bien otra. El maltrato a los indios fue común tras las emancipaciones de las colonias, hasta nuestros días. Vamos ya para los doscientos años. Hay países suramericanos donde se organizaron expediciones de exterminio de indios a mediados del siglo XIX.

En cuanto al saqueo económico, a Chávez le falta información, leer por ejemplo, «El tesoro americano y la revolución de los precios en España, 1501-1659». Se trata de uno de los mejores estudios económicos sobre el viejo y el nuevo continente publicado en 1934 por la Universidad de Harvard, cuyo autor fue Earl J. Hamilton. Es una aportación indispensable para comprender la realidad de la llegada de oro y plata a España procedente de sus colonias americanas.

El famoso «expolio» tiene cifras. Hamilton descubrió que a partir de 1503 y durante los siguientes 160 años, entre los siglos XVI y XVII, cuando hubo la mayor actividad minera, se sacaron de las colonias americanas 16.900 toneladas de plata y 181 toneladas de oro. Sus cuentas son tan minuciosas que las cantidades que da están extraordinariamente afinadas: 16.886.815.303 gramos de plata y 181.333.180 gramos de oro.

Eso representa en términos actuales de extracción minera, la producción platera de poco más de dos años (26 meses) y la aurífera de medio año. Los cálculos se basan en datos actuales de extracción en mina tomados de Gold Fields Mineral Service e International Copper Study Group, reproducidos por publicaciones latinoamericanas. De modo que vaya expolio. Se puede concluir que España fue un fiasco como potencia colonial en cuanto a depredación económica.

El estudio de Hamilton no abarca los casi 150 años faltantes hasta que en 1808 comenzaron las emancipaciones de sus colonias americanas. Pero admitiendo que las importaciones hubieran seguido al mismo ritmo —que no fue así pues el imperio español entró en declive a fines del XVII y el rendimiento de las minas disminuyó considerablemente— resultaría que el famoso expolio equivaldría a lo sumo a la plata extraída hoy en hispanoamérica en el lapso cuatro años y el oro en el plazo de un año. El contrabando, estima Hamilton, pudo estar realmente más cerca del 10% que de cualquier porcentaje mayor, aún admitiendo que pudiera haber llegado a un imposible 50%.

Otra cosa es que el oro y la plata enviados a España constituyeran para la época una cifra fabulosa y que tuvieran unas consecuencias nefastas para la economía de la España colonial en particular y la europea en general.

Como afirman Hamilton, «es inevitable llegar a la conclusión de que el oro y la plata extraídos de las Indias tuvieron en última instancia funestas consecuencias sobre España».

Francisco R. Figueroa
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