El congelador de Hugo Chávez

El volcánico presidente venezolano, Hugo Chávez, ha decidido congelar las relaciones con España y Colombia. Madrid trata de obtener explicaciones diplomáticas mientras Bogotá replicaba por medio de su presidente, Álvaro Uribe, que no ahorró adjetivos contra el caudillo venezolano y su obra con una vehemencia tropical tan frondosa como la de aquel.

Chávez justifica la decisión en la necesidad de defender su dignidad, humillada, dice, por el rey Juan Carlos cuando le mandó callar en la Cumbre Iberoamericana, hace un par de semanas. Exige disculpas reales. Con Bogotá está indignado porque Uribe, el jueves pasado, le echó con cajas destempladas inopinadamente como mediador ante la guerrilla de las Farc cuando, aduce, tenia muy bien encaminado el acuerdo de canje de rehenes por prisioneros

Chávez sacó a relucir el España de remate de un discurso destinado a Uribe, que pronunció el domingo cerca de la frontera con Colombia y en el que puso de vuelta y media a su homólogo neogranadino. Lo desacreditó, lo insultó y lo denigró. La respuesta de Uribe a Chávez fue tan agresiva, subida de tono e inusual que nadie apuesta un céntimo por las relaciones colombo-venezolanas. De España exigió un pedido de disculpas del rey.

El dirigente venezolano atribuyó que Uribe le despidiera como mediador ante las Fuerzas Armadas Revolucionarias en un acuerdo humanitario a las presiones de la extrema derecha, sus consejeros halcones, la oligarquía y los militares partidarios de la guerra e, incluso, Estados Unidos, que patearon la mesa de negociaciones para evitar el camino de la paz. Acusó a Uribe de mentir de forma fea y descarada, de asumir actitudes cobardes y de haberle traicionado al justificar su decisión en infidencias y en el uso en la mediación de canales de comunicación que le estaban vedados. Según Chávez, Uribe le escupió en el rostro de forma brutal. «El decidió darle un escupitazo a la verdad y dignidad y una patada a lo que veníamos trabajando con tanto amor». «Colombia merece otro presidente», sentenció.

Uribe echó luego por la boca lo que parecía tener atravesado entre pecho y espalda. Afirmó que Chávez pretende incendiar el continente, expandir su revolución, incluso a Colombia, con su poderoso presupuesto petrolero; que patrocina un régimen que poco a poco va negando las libertades; que desorienta al pueblo, sustituye la ley por su capricho personal y tergiversa el legado de Simón Bolívar y otros héroes de la independencia; que ha querido legitimar el terrorismo, pretendido llevar a las Farc al gobierno y darle protagonismo político; de estimular el odio contra Colombia por conveniencia electoral y de apelar al insulto porque le falta argumentos. «No se puede incendiar el continente como usted lo hace, hablando un día contra España, maltratando un día México, al siguiente al Perú…», le espetó.

A Chávez esa situación, particularmente el anticolombianismo —Colombia es el enemigo natural de Venezuela—, seguramente le traerá rédito en el referéndum constitucional del 2 de diciembre, cuando va a ser sometida al veredicto popular una reforma de la Carta Magna tendente a consolidar el proyecto revolucionario socialista. En cuanto a España, Chávez machaca con el martillo del indigenismo que tanto gusta de usar en su prédica revolucionaria tratando de convertir tres siglos de colonización en un episodio maniqueo de matanza de indios y saqueo de riquezas.

«Ustedes me pusieron a mi aquí, y así soy yo y estoy seguro de que represento a la mayoría de los venezolanos», dijo Chávez, mientras sus palabras desastaban el temor de los empresarios colombianos que ven peligrar unas relaciones comerciales que mueven cada año más de 5.000 millones de dólares. Tras Estados Unidos, Venezuela es el principal socio comercial de Colombia con alrededor del 15% de todas sus exportaciones. El incidente ocurre en un momento en que Venezuela, que tiene problemas de desabastecimiento interno, ha acelerado sus importaciones hasta ser las mayores per capita en América Latina, estimuladas por los altos precios del crudo. En ese comercio bilateral, casi 4.400 millones de dólares son productos colombianos que Venezuela compra.

Francisco R. Figueroa
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