El turno de la señora Kirchner

Resulta evidente que Cristina Fernández debe a su marido, Néstor Kirchner, la victoria en las elecciones presidenciales argentinas del domingo. Aunque la señora Kirchner haya tenido una carrera política propia, como parlamentaria, es razonable pensar que si el señor Kirchner no hubiera sido presidente de la República, ella difícilmente podría haber alcanzado esa primera magistratura de la Nación. Definitivamente ha ganado por la proyección lograda al lado del presidente Kirchner y también por el uso electoral del poder presidencial omnímodo y el abuso tanto del dinero público como del aparato del Estado. Esta sucesión dinástica introduce un precedente maligno —o por lo menos preocupante— en América Latina cuando en distintos países hay proyectos continuistas que acaban con el sano principio democrático de la alternancia en el poder.

La victoria de la señora Kirchner es la misma que habría logrado el señor Kirchner si hubiera aspirado a la reelección. Las urnas han mostrado un apoyo a la gestión del presidente saliente, sobre todo en lo económico, con el crecimiento en primer lugar. Las señora Kirchner hereda los logros del señor Kirchner, pero también los enormes pasivos sociales, con la pobreza y la indigencia que agobian a milones de personas, sin olvidar la inseguridad ciudadana y la disparada de los precios, de modo que al ser lo suyo en la práctica puro continuismo la velocidad de su desgaste seguramente será más vertiginosa y la paciencia de lo argentinos mínima.

No hay que perder de vista que más de la mita de los electores argentinos votó por otras opciones en estos comicios presidenciales que la señora Kirchner ganó con cerca del 45% de los votos. Ha tenido algo más del doble de sufragios que su principal rival, Elisa Carrió (23%). Esa ha sido la mayor ventaja entre dos candidatos desde la reinstauración de la democracia en Argentina, hace casi 25 años, como puso de manifiesto la señora Kirchner en su discurso triunfal. Siendo así, la señora y el señor Kirchner deben tener presente que la mayoría de los argentinos no están con ellos y su proyecto político «K».

Como ha insinuado la propaganda de sus oponentes al caracterizar al señor y la señora Kirchner de Reyes Católicos, queda por saber si se les podrá aplicar el lema de aquellos poderosos monarcas españoles que crearon la moderno Estado: «tanto monta monta tanto Isabel como Fernando», es decir, si habrá —o seguirá habiendo— en Argentina una presidencia bicéfala o, por el contrario, el señor Kirchner dará un improbable pasó atrás. Durante la presidencia del señor Kirchner, la señora Kirchner ostentó un poder enorme, con despacho propio en la Casa Rosada aunque no tuvo un cargo ejecutivo. Públicamente era vista como la número dos en la cadena nacional de mando. Un primer ministro en la sombra, en pocas palabras. Como tantas veces se ha dicho, durante la etapa presidencial del señor Kirchner el gobierno ha sido también un bien ganancial del matrimonio. Parece probable que siga lo mismo durante la gestión presidencial de ella.

Luego de que le traspase el bastón de mando y la banda albiceleste a la señora Kirchner, el próximo diez de diciembre, el señor Kirchner se va a dedicar a construir un nuevo partido para sostener el proyecto político «K» del matrimonio: el kirchnerismo, con lo que parece evidente que si la salud le acompaña trate de suceder a su señora dentro de cinco años. Argentina ha sido el primer país del mundo donde un marido traspasa el poder a la esposa por la senda democrática y bien puede convertirse en el primero donde dicho marido lo reciba de vuelta de su mujer por la misma vía. «La política sin la familia no vale», dijo la señora Kirchner en su discurso triunfal. Ella bien que lo sabe.

Francisco R. Figueroa
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