¿Por qué lustrar las botas a Chávez?

Las desafortunadas declaraciones del jefe de la diplomacia española, Miguel Ángel Moratinos, tras su reciente visita a Caracas, sobre democracia y libertad de expresión en Venezuela han desatado un huracán, justo cuando el presidente Hugo Chávez daba otra vuelta de tuerca al país.

En los medios de comunicación y por Internet se han alzado voces indignadas que han expresado «vergüenza» y «asco» por lo que consideran «cercanía» de Moratinos al régimen de Chávez. Una «cabronería», en palabras del ex guerrillero comunista, ex ministro, ex candidato presidencial, político y ahora director de periódico, Teodoro Petkoff. También ha sido alegada una actitud «mendigante» y «obsequiosa» del ministro español de Asuntos Exteriores.

En una entrevista publicada por «El País», Moratinos le da vitola democrática a Chávez por el hecho de que ha salido victorioso de diversas votaciones, como si la democracia se basara solo en celebrar elecciones. Nada dice el ministro español sobre los sistemáticos atropellos a la democracia y las frecuentes violaciones de la Constitución por parte de Chávez en su desbocado empeño de instaurar un sistema socialista revolucionario, que la oposición y la disidencia chavista se hartan de denunciar. Sin ir ni más lejos, Moratinos nada dijo sobre los alcaldes y gobernadores de la oposición que se ven impedidos por Chávez de ejercer sus funcione, o de esa novísima ley electora venezolana que virtualmente da casi toda la representación parlamentaria a la primera minoría, en lo que se ve con un claro intento de garantizar la hegemonía del partido oficialista durante muchos años más. «No nos llamemos más a engaño: en Venezuela se está desarrollando un proceso dictatorial», afirma Antonio Ledezma, el alcalde de Caracas despojado de sus competencias por Chávez.

Moratinos considera «satisfactorio» el nivel de libertad de expresión en Venezuela justo en el momento en que Chávez confiscaba por no tener los papeles en regla las primeras 34 emisoras de radio de las cerca de 250 y otras casi 50 de televisión que pretende apoderarse para –según proclama– «acabar con el latifundio mediático» existente. Pero la oposición asegura justamente que en realidad se trata de acabar con el disenso. Por otro lado, el régimen chavista tiene lista una nueva ley supuestamente destinada a regular la libertad de expresión que ha sido considerada «liberticida», «aberrante», «un devastador golpe a la democracia», «una lápida para las libertades informativas» y «probablemente el texto legal más salvaje y brutal que haya sido conocido por el país en su historia contemporánea”. Con esa ley «Chávez puede sancionar a cualquiera que le moleste» o «dentro de poco sólo quedarán abierto los medios que se dobleguen a Chávez» o «Chávez solo quiere el periodismo que le limpia las botas» resume la tempestad de protestas impotentes de colegios profesionales, prensa y oposición. Mientras, Moratinos consideraba que en Venezuela «hay un sector de medios de comunicación muy crítico con Chávez» –a los que el líder venezolano está lanzado a liquidar– y agregaba eso de que «el nivel de libertad de expresión es satisfactorio.» Justo cuando esas palabras acababan de ser pronunciadas una horda chavista asaltaba las instalaciones de Globovisión, el canal de información de línea opositora que vive baja una permanente amenaza de cierre.

El jefe de la diplomacia española, en otras declaraciones, ha manifestado su preocupación por las bases militares que usará Estados Unidos en Colombia, en clara sintonía con Chávez. Por ese asunto Chávez ha colocado otra vez al borde de la ruptura las relaciones colombo-venezolanas, en un ataque furibundo con el que al parecer tratar de opacar las evidencias sobre las armas suecas del Ejército de Venezuela encontradas en manos de los terroristas de las Farc.

Sorprende que un aliado de Estados Unidos como es España, con interese globales semejantes, que combaten juntos el terrorismo y el narcotráfico, que son socios en la OTAN y guerrean juntos en Afganistán, y que tiene en su propio territorio importantes bases «yanquis» cuestione un asunto que dice a las relaciones entre las administraciones de los presidentes Barack Obama y Álvaro Uribe y entre al juego al lado de Chávez, quien dentro de ese enfrentamiento permanente con Washington, vital para el sostén de su frágil tinglado ideológico, considera esas bases una amenaza para Venezuela y América Latina. Las bases son para el combate al terrorismo y al narcotráfico, actividades con las que se está relacionando cada vez más a Hugo Chávez.

Asimismo, nada dice España respecto a las graves denuncias relacionadas con los lanzacohetes AT-4 suecos hallados en manos de las Farc, cuyos números de serie corresponden a un lote de armas vendido a Venezuela, lo que confirmaría la presunción tantas veces apuntada de que el régimen de Chávez –o sus militares– provee de armas a la guerrilla del vecino país, aparte de los múltiples apoyos políticos que le han dado, incluso reconociendo a las Farc como una fuerza beligerante. Siendo así, Chávez alimenta el viejo conflicto armado colombiano, da bríos a una organización terrorista cada vez más menguadas que Uribe combate con saña y debilita la seguridad en una zona de por sí flaca. Igual que debilita la precaria estabilidad en los Andes la confirmada financiación de las Farc, por unos 400.000 dólares, a la campaña que llevó al poder Rafael Correa, asunto que el propio mandatario ecuatoriano ha admitido tácitamente. La crisis en Honduras muestra a las claras que Chávez y sus aliados bolivarianos desestabilizan la región e injieren peligrosamente en asuntos internos de otras naciones creando profundas crisis institucionales de consecuencias imprevisibles como ocurre en ese país centroamericano. Contrasta con ello la actitud de los Estados Unidos de Obama.

A España debiera preocuparle todo lo relacionado con la estabilidad y la seguridad en América Latina y no tan solo por las bases estadounidenses, máxime si implica a organizaciones virtualmente hermanadas con la ETA como son las Farc y a gobiernos que de un modo u otro amparan a los terroristas vascos.