Chávez abraza a «Tirofijo» y apuñala a Uribe

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha abrazado de forma descarada la causa de las guerrillas colombianas, particularmente de las FARC, que han sido reconocidas este jueves por el parlamento de Caracas como «fuerzas beligerantes» y no organizaciones terroristas.

A instancias del mandatario, tanto las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) fueron reconocidos también como «movimientos de liberación» por los miembros de la Asamblea Nacional venezolana, todos fieles a Chávez, salvo siete.

Se trata de un acto de hostilidad hacia el Gobierno de Colombia que preside Álvaro Uribe y de una injerencia descarada y mayúscula en el vecino país. Chávez olvida que Colombia combate desde siempre a sus guerrillas desde la legalidad y la legitimidad democrática. Ni ahora ni antes ha habido en Bogotá un régimen dictatorial que justificase un derecho a la insurgencia o ameritase la existencia de fuerzas de liberación nacional.

Desde el punto de vista del derecho internacional, Chávez ha quedado con las manos libres para apoyar moral y materialmente a unas organizaciones consideradas terroristas por medio mundo, con Estados Unidos y la Unión Europea en cabeza.

Con la decisión de la Asamblea venezolana, desde el punto de vista diplomático, las guerrillas y el Gobierno de Colombia han quedado al mismo nivel para Caracas. Puede, incluso, haber intercambio de representantes.

Venezuela ha dado un paso sumamente grave ya que el conflicto colombiano, aunque enconado y con medio siglo de antigüedad, no es una guerra civil en toda regla.

Las FARC y el ELN no son fuerzas militares que dominen permanentemente territorios y ejerzan en ellos la autoridad. En realidad son fuerzas irregulares, ilegales, clandestinidad, con apariencia y liturgia castrense, que realizan acciones reñidas con las normas internacionales de guerra y el derecho internacional humanitario; cometen toda clase de atrocidades contra la población civil, secuestran, extorsionan y mantiene cautivos de manera degradante, y usan el narcotráfico como fuente de financiación y para su provecho. Está por demostrar que cualquiera de ella signifique una opción política pues con el paso del tiempo se ha convertido al bandolerismo salvaje. El gobierno de Uribe parece que jamás va a considerar a esas guerrillas como fuerzas beligerantes.

La reciente liberación de las dos rehenes —Clara Rojas y Consuelo González— ni otras más prometidas que pueden venir, no prueban que las FARC han cambiado su modo de actuar. Lejos de eso, mientras ambas mujeres regresaban a Bogotá las FARC hacían rehenes a otras seis personas que hacían turismo en el litoral del Pacífico.

Cuando Chávez propuso a la Asamblea venezolana, la semana pasada, reconocer a ambas guerrillas como fuerzas beligerantes desencadenó en el mundo reacciones adversas y ninguna a favor. Por ejemplo, Estados Unidos y Alemania se pronunciaron en contra de manera inequívoca. Se sabe, además, que España, un país que sufre del terrorismo, está también en contra.

Chávez afirma que busca abrir espacios para obtener la liberación de más cautivos de las FARC y para encontrar una solución política a un conflicto que no la tiene por la vía de las armas.

Por otro lado, Chávez está convencido de que puede convertir a las FARC —y, porqué no, también al ELN— en una fuerza política para consolidar en la región su proyecto revolucionario bolivariano. En ese sentido, le señaló el camino a «Manuel Marulanda Tirofijo», el jefe de las FARC, cuando dijo que él, que también usado el fúsil, en el levantamiento militar venezolano de 1992, se había dado cuenta de la conveniencia de conquistar el poder por la vía del voto.

Seguramente Chávez espera que en el reconocimiento a las guerrillas le imiten otras naciones afines, como Cuba —que siempre, históricamente, se ha guardado muy mucho de tomar una resolución como esa—, o sus patrocinadas Bolivia o Ecuador; quizás sueñe con que también lo haga el Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva. Argentina se ha pronunciado en contra. Por la cabeza de Chávez pasa seguramente Francia pues a cambio de un pronunciamiento en ese sentido, aunque fuera ambiguo, del ambicioso e hiperactivo Nicolas Sarkozy se produciría la liberación de Ingrid Betancourt, convertida en la pieza más cotizada entre los más de 700 rehenes que las FARC mantienen, de ellos unos 50 canjeables y el resto carne para la extorsión.

Francisco R. Figueroa
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