Latinoamérica en la cumbre

El compromiso alcanzado para constituir una organización de estados latinoamericanos y caribeños parece un sensible revés para las políticas exteriores de España y Estados Unidos y un triunfo genuino para Brasil.

La fecha fijada en principio para ello es el 2010, año emblemático porque abrirá las conmemoraciones del bicentenario de la independencia de las repúblicas iberoamericanas.

Los representantes de las 33 naciones de América Latina y el Caribe –casi todos jefes de Estado entre los que predominan los de izquierda y centro-izquierda–, han conseguido reunirse por vez primera, incluida Cuba, sin copartícipes ajenos a la región ni complejos de inferioridad, en una señal de independencia sin precedentes y con un discurso autónomo, en el lujoso balneario tropical de Costa do Sauipe del estado brasileño de Bahía, a unos cien kilómetros de su capital, Salvador, esta misma semana.

La cita, arduamente preparada, ha sido para Brasil posiblemente su mayor triunfo diplomático en su legendaria puja por erigirse en líder de América Latina, ahora que goza de estabilidad económica y política envidiables, tiene un prestigio internacional creciente, se codea con los más poderosos, es cabecilla entre los emergentes y se siente con un pie en el Consejo de Seguridad de la ONU a la espera de poder meter el otro en cuanto haya una reforma del organismo. Algún medio brasileño ha publicado que el país tiene, con México, la misión delegada por Estados Unidos de »tutelar» a América Latina.

Su presidente, el antiguo obrero del metal y líder sindical Luiz Inácio Lula da Silva, está exultante y así se muestra en público. Vio coronada la pretensión brasileña de expandir su influencia regional, hasta el punto de que se permitió criticar el servilismo de América Latina a Estados Unidos en el discurso final, aunque de entrada había quedado patente en el sesgo antiamericano de la cita con la inclusión en la misma de Cuba. Aunque nada hubiera ocurrido, la cumbre mereció la pena por la simple inclusión en ella de Cuba, arguyó Lula. A la vez, el presidente brasileño neutraliza la influencia del venezolano Hugo Chávez, quien muy a su pesar fue mantenido al margen de los preparativos y se enteró cuando todo estaba cocinado. Se quejó por ello a Lula. Los preparativos comenzaron cuando el brasileño visitó La Habana enero pasado y el acuerdo se logró en octubre. Cuba muestra que tiene el respaldo real de América Latina, que pide su regreso a la Organización de Estados Americanos (OEA) de la que fue expulsado hace 47 años y a la vez amplía un abanico de alianzas que alivia su excesiva dependencia de Caracas.

La cumbre fue enclavada estratégicamente entre las elecciones estadounidenses y la toma de posesión del nuevo presidente, Barack Obama, y justo cuando está arruinada la figura del mandatario saliente, George Walker Bush. El estruendoso fracaso del gobierno de Bush y la crisis económica global ofrece mejores perspectivas que nunca para una coordinación política efectiva y acuerdos económicos y financieros. La conferencia de Costa do Sauipe se celebró cuatro meses antes de que los mandatarios latinoamericanos, sin Cuba, se reunan con Obama en Puerto España, la capital de Trinidad y Tobago, en la quinta Cumbre de las Américas, prevista para abril. América Latina debe explorar la oportunidad que se ha abierto con la llegada al poder de Obama.

La organización que se pretende crear será para gobernantes como el cubano Castro, el venezolano Chávez, el boliviano Evo Morales, el nicaragüense Daniel Ortega, el ecuatoriano Rafael Correa y el paraguayo Fernando Lugo en menor medida una institución antiimperialista, antiyanqui. Pero Brasil, con México, Argentina, Chile, Colombia y Perú seguramente le darán un sesgo más bien relacionado con la importancia que tiene que el continente hable con una sola voz para beneficiarse política y económicamente en el mundo globalizado. Por cierto que los mandatarios peruano, Alan García, y colombiano, Álvaro Uribe, no estuvieron en la cumbre de Costa do Sauipe. Como señalaba el mexicano Felipe Calderón se trata de crear una unidad real sobre bases políticas, sociales, económicas y culturales que le den a América Latina la solidez que necesita para en un mundo global y hacer valer su propia identidad, fuerza y potencialidades. Para México es vital no condicionar sus relaciones con Estados Unidos, pero también no dependen demasiado de Washington.

Es cierto que ha habido múltiples intentos de crear mecanismos de integración latinoamericanos regionales o subregionales y que ninguno ha prosperado o tuvieron escaso éxito, de modo que esto puede ser un contratiempo para el nuevo organismo que no tiene aún ni nombre ni forma y solo una vaga promesa de reunirse de aquí a dos años. Dependerá de una conferencia de segundones el año próximo. Hay demasiadas pendencias abiertas en la región: prácticamente todos de los países de América del Sur tiene problemas con sus vecinos de orden histórico y territorial (Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela) o comercial y financiero (Brasil, Argentina Paraguay, Ecuador y Bolivia), ambientales (Argentina con Uruguay) o por las guerrillas (Colombia, Venezuela y Ecuador).

Pero hasta ahora la simple celebración de una reunión de mandatarios latinoamericanos y del Caribe, incluida Cuba, era una quimera. La incorporación de Cuba significa por lo pronto que América Latina muestra independencia en relación con las políticas de Estados Unidos. La entidad que quieren formar se muestra como un proyecto que nada tiene que ver con los intereses de Washington y que tendrá sus propias reglas.

Si se concreta esta organización latinoamericana y del Caribe, se augura un futuro incierto a las cumbre iberoamericanas que los 22 países de ese origen tienen con España y Portugal anualmente desde 1991. Estas conferencias están cada día más vacías de contenido y muchos gobernantes van a ellas con manifiesta desgana, por pura formalidad. Cuba dejó de asistir a nivel de jefe de Estado en el 2001; Chávez manifiesta abiertamente su aversión a ellas; Brasil deja habitualmente patente su desinterés; México mantiene el tipo porque tiene un compromiso moral de haber sido el iniciador de las conferencias, junto con España. Las Cumbres Iberoamericanas perderían su mayor razón de continuidad: ser el único foro regional en el que se sentaba también Cuba. Por lo pronto está proyectada una segunda cumbre para el 2010 en México y otra para el 2011 en Venezuela.

Francisco R. Figueroa
franciscorfigueroa@hotmail.com