Carta blanca a Correa

El pueblo de Ecuador, en las elecciones celebradas el último domingo de septiembre, ha entregado al presidente Rafael Correa carta blanca para que refunde la república, incluso a su antojo.

Prácticamente dos de cada tres ecuatorianos votaron por el proyecto socialista de Correa en las elecciones para escoger a los 130 miembros de la Asamblea Constituyente, cuyo control absoluto tendrá su partido, la Alianza País.

Para los demás fuerzas políticas han sobrado migajas. Las mejor situadas, con cerca del 7% de los votos, son el Partido Sociedad Patriótica, del ex presidente Lucio Gutiérrez, destituido por el Congreso en abril del 2005; y el Prian (Partido Renovador Institucional Acción Nacional), del millonario conservador Álvaro Noboa, tres veces candidato presidencial, en la última de las cuales fue derrotado por Correa. Entre los partidos más tradicionales, la vieja socialdemocracia se queda con el 4%.

Hegemonía pues de Correa. Victoria absoluta, rotunda, aplastante, que da pie a Correa y los suyos a hacer según su propio criterio. En Ecuador se anticipa que si no se tienen en cuenta a las minorías lo más seguro será que vuelva la inestabilidad, la misma que en los últimos diez años llevó al país a cambiar ocho veces de jefe del Estado. De entrada, Gutiérrez y Noboa han sido excluidos por Correa de un eventual diálogo con la oposición. En Venezuela, por ejemplo, en cuya «revolución popular» Correa encuentra inspiración, la oposición nada pudo hacer para templar el proyecto del presidente Hugo Chávez en la Constituyente de 1999.

La Asamblea Constituyente ecuatoriana consagrará en la nueva Carta Magna un modelo económico, político y social socialista. Socialismo fue lo que ofreció Correo y socialismo es lo que los ecuatorianos han respondido mayoritariamente que quieren. Será «un modelo de Estado que garantice a todos acceder en igualdad de condiciones al progreso», dijo Correa en la jubilosa celebración de su triunfo.

La Constituyente es el eje central del plan de Correa, que asumió la presidencia de Ecuador el 15 de enero de este año. Desde entonces el país ha vivido en vilo y en crisis, con severas pugnas entre poderes que se resolvieron de manera heterodoxa, por vías torcidas. En abril, Correa logró en referéndum el apoyo del 82% a su proyecto constituyente. Ahora, cerca del 62% de los ecuatorianos votaron por candidatos del presidente.

La nueva Carta Magna buscará introducir «el socialismo del siglo XXI», preconizado en primer lugar por Hugo Chávez. Esta por ver en qué medida Correa sigue al líder venezolano. De entrada el ecuatoriano tiene mucho menos poder de fuego económico que el venezolano.

Al joven presidente ecuatoriano se le ha dicho que aunque las urnas le han dado un claro mandato para el cambio político, éste habrá de hacerse en orden y en democracia. Nada de modelos personalistas, excluyentes o mesiánicos. Correa —calificado de aprendiz de dictador por sus detractores— garantiza que su proyecto no es totalitario ni sigue modelos extranjeros. Todo esto se verá para mediados del 2008 cuando debe estar lista la nueva Constitución.

Con la nueva Constitución, Correa pretende liquidar el sistema de poder de las fuerzas tradicionales y la inestabilidad política que ha caracterizado la vida ecuatoriana en los últimos lustros. Más allá de las incontinencias verbales propias de los momentos triunfales o de las campañas electorales, Correa tendrá que demostrar ahora que esa nueva Constitución va a servir para mejorar la vida diaria de los ecuatorianos, con el 50% de pobres y millones de personas en la emigración, una economía endeble y un país con sus instituciones erosionadas y desprestigiadas.

Francisco R. Figueroa
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