Uribe da un giro a la mediación de Chávez

El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, ha dicho lo que todo el mundo sabe: que la guerrilla de las Farc pretende usar las negociaciones para el canje de rehenes por presos, en las que media el venezolano Hugo Chávez, para sacar provecho político.
Para las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) la cuestión humanitaria de esa posible permuta es secundaria. Finalmente lo que las Farc ofrecen —45 rehenes— significa menos del 1% de las personas que mantienen en cautiverio. Lo que buscan en realidad es reconocimiento internacional obtenido a través del trato con actores reconocidos, como uno o varios jefes de Estado.

Uribe, en unas recientes declaraciones, ha venido a decir que las Farc urden un engaño pues no les interesa el canje humanitario sino hacer política. Deja así entrever que no estuvo fino al calibrar las consecuencias cuando aceptó a Chávez como medidor y que la situación se le ha ido de las manos. Sus palabras son una advertencia a Chávez y también al francés Nicolas Sarkozy, con quien poco después se entrevistó en Nueva York.

Uribe ha dicho algo que después fue matizado por un vocero oficial, quizás para amortiguar su efecto en un Chávez pletórico como intermediario entre sus correligionarios de las Farc y el gobierno de Colombia, y que por teléfono ha convencido al presidente francés para que le secunde. Sarkozy dice que va a Colombia a ver a las Farc si hace falta y está arrebatado —«obsesionado», dice él— con la perspectiva de obtener la libertad de la franco-colombiana Ingrid Betancourt, la ex candidata presidencial de «los verdes» neogranadinos cautiva de las Farc va para seis años.

El mandatario colombiano dijo —sin nombrar nunca a su colega venezolano ni mucho menos al galo— que él no aceptó a Chávez como mediador para que las Farc «nos vuelvan a engañar». Cuando el pasado 31 de agosto dio luz verde a Chávez para que arbitrara a fin de lograr el intercambio de 45 rehenes por 500 guerrilleros presos, Uribe posiblemente no valoró la enorme plataforma política que le acaba de dar a las Farc.
Ahora el presidente colombiano parece estar preparando el terreno por si hubiera necesidad de echar marcha atrás.
Uribe ha atribuido a las Farc el interés fundamental de hacer política con la liberación de los rehenes. «Eso no lo vamos a consentir», aseveró. Fue más claro y directo cuando manifestó que «si nos quieren ayudar —y los favorecedores son Chávez y Sarkozy— estamos dispuestos, pero no permitiremos que la guerrilla siga asesinando en Colombia y por fuera reciba el trato de personajes políticos».

Las Farc tratan de obtener un estatus internacional de fuerza beligerante cuando en gran parte del mundo las considera terroristas. La llegada al poder de Chávez en la vecina Venezuela, hace casi ocho años, dio nuevos bríos ideológicos a las Farc. Hay entre ellos múltiples expresiones de mutuo reconocimiento, admiración y aprecio.
Ahora, Chávez se dispone a recibir públicamente como interlocutor, en su despacho del Palacio de Miraflores, en Caracas, a uno de los cabecillas de las Farc. Se trata de Raúl Reyes, nombre de guerra de Luis Edgar Devia, para dar inicio a las conversaciones. Hay expectación por ver si Reyes llega de uniforme a Miraflores, por las implicaciones internacionales que ello tendría.
La idea de Chávez es llegar a negociar pública y directamente con el jefe de las Farc, Manuel Marulanda, sobrenombre de Pedro Antonio Marín, apodado «Tirofijo». Se trata de tener ese estatuto internacional de fuerza beligerante avalada por unas alianzas de hecho con Venezuela, pero también con Francia u otros países, como el bloque de los No Alineados, y Brasil, entre los latinoamericanos, que apoyan la mediación de Chávez.

Tras las declaraciones de Uribe, en una sorpresiva rueda de prensa en Bogotá, el Alto Comisionado para la Paz de Colombia, Luis Carlos Restrepo, afirmó que el presidente nunca ha dudado de Chávez ni de la validez de su mediación.
Pero en Bogotá los analistas recuerdan que tras negar durante cinco años que en Colombia no había conflicto sino un desafío terrorista, Uribe se tiene que tragar el sapo de que las Farc sean recibidas por un jefe de Estado. «Pensábamos que Uribe sabía a qué jugaba, pero al parecer las cosas se salieron de control», señalan.
La guinda en el pastel —afirma— sería que se consume la pretendida entrevista de Chávez con Marulanda en territorio colombiano. Y si Sarkozy se une a encuentro —advierte el ex presidente colombiano Andrés Pastrana (1998-2002)— se habrá venido abajo todo el trabajo que costó que Estados Unidos y la Unión Europea pusieran a las Farc en la lista del terrorismo mundial.

La estrategia parece ahora destinada a sumar más mediadores. Tras su paso por la Asamblea General de la ONU, en Nueva York, y su reunión con Sarkozy, Uribe manifestó su disposición a sumar a congresistas demócratas y republicanos a los tratos con las Farc. El gobierno de Washington no ha puesto ninguna objeción a ello, según le dijo a Uribe, también en Nueva York, la secretaria de Estado, Condoleeza Rice.
Estados Unidos tiene interés en tres contratistas militares del Pentágono —Thomas Howes, Marc Gonsalves y Keith Stansell—rehenes de las Farc desde hace cuatro años. A las Farc les interesa meter en el canje a los guerrilleros Juvenal Ovidio Ricardo Palmera, alias «Simón Trinidad», y Anayibe Rojas, de apodo «Sonia», que fueron extraditados por el gobierno de Uribe a Estados Unidos para ser juzgados por narcotráfico. Falta saber qué dirán Chávez y las Farc sobre la pretendida presencia en las reuniones de los congresistas estadounidenses.

Nota: ver en este mismo blog «Chávez y las Farc pueden desbordar a Uribe» del pasado día 18.

Francisco R. Figueroa
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