Pelea de gallos

Una pelea de gallos protagonizan los presidentes George Bush y Hugo Chávez con motivo de la gira latinoamericana del estadounidense, sobre la que el venezolano ha superpuesto su propio viaje.

Bush se expresa en la víspera del viaje en un tono mucho más moderado que el volcánico Chávez, quien está poniendo toda la carne en el asador con la finalidad de transformar la gira de Bush en un vía crucis como, por ejemplo, el que tuvo Richard Nixon cuando siendo vicepresidente visitó, a fines de los años cincuenta del siglo pasada, entre otras, Caracas, donde los estudiantes apedrearon su limusina y la llenaron de escupitajos en una muestra de hostilidad a Estados Unidos y su política intervencionista.

El propio Chávez se pondrá al frente de una manifestación contra la presencia de Bush en América Latina. El mandatario estadounidense ha minimizado esa protesta, que tendrá lugar en la capital argentina mientras él se encuentre de visita al vecino Uruguay. «Son cosas de la libertad y yo amo la libertad», ha venido a decir Bush en una entrevista colectiva a diarios de los naciones que va a visitar: Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México.

El presidente venezolano tiene orientadas todas sus baterías contra Bush, al que le ha disparado varias andanadas este martes desde los micrófonos de su programa radial «Aló, Presidente». Soltó Chávez una retahíla de improperios contra Bush: ignorante, caballerito, mentiroso, lobo vestido de oveja para viajar a América Latina, diablo, jefe del imperio más genocida, rey del cinismo, señor de la guerra… Los latinoamericanos «te decimos: ¡Bush go home!», manifestó al tiempo que lanzaba retos e insultos.

En Estados Unidos los medios de comunicación presentan el periplo de su presidente como «una gira anti-Chávez». En el mundo hay conciencia de que si no fuera por Chávez seguramente este viaje no se habría hecho. A Chávez se suma el aumento en América Latina de los sentimientos anti-estadounidenses y la ausencia durante más de cinco años de una acción política y comercial en la región, vacío que se ha apresurado a ocupar el activo presidente venezolano en su afán de expandir la revolución y lo que él llama «socialismo del siglo XXI», un sancocho político con ingredientes comunistas, nacionalistas, estatistas, panamericanistas, militaristas, populistas y anti-imperialistas, con retórica y leyendas patrióticas y una pizca de cristianismo, que cuece al fuego vivo en un hornillo de petróleo inagotable.

Desde Washington, antes de subir al avión, Bush pronostica el fracaso de Chávez, dice que lo suyo son falsas promesas y afirma que el modelo de gobierno del líder venezolano es ineficaz y agrava la pobreza.

Para combatir a Chávez, Bush lleva a América latina un discurso social y promesas de contribuir a la lucha contra la pobreza y las desigualdades, en un intento tan evidente como posiblemente infructuoso de arrebatar banderas al líder bolivariano.

Chávez promete estar ojo avizor para ver qué dice y hace Bush durante su estancia en América Latina. Para él está claro que el mandatario estadounidense viaja para sembrar la discordia y la cizaña entre los pueblos latinoamericanos, para enfrentar a unos contra otros, y a sumar a todos cuantos pueda contra Venezuela. Se ha mostrado feliz por la posición de Argentina y Brasil de no tratar el tema venezolano en sus relaciones con Estados Unidos ni servir en absoluto de contendores de Chávez.


Francisco R. Figueroa
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