El gurú rojo


La guerrilla colombiana ha encontrado en Hugo Chávez un nuevo gurú rojo, el sustituto como farol ideológico del senil Fidel Castro, quien fue durante medio siglo su paradigma. Los guerrilleros colombianos estudian ahora la figura de Chávez y sus obras, ven documentales, escuchan por radio sus alocuciones y lo tienen por líder ideológico.


Quién asegura lo anterior no habla por boca de ganso, sino que es un testigo de primera. Se trata del ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, Fernando Araújo Perdomo, que apenas lleva en el cargo un mes. Este ingeniero civil cartagenero pasó seis años cautivo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las FARC, la guerrilla más antigua del país, en armas desde 1964. A principios de diciembre del 2000 Araújo Perdomo se enfrentó con los puños desnudos al grupo de las FARC que acabó llevándole bajo secuestro de Cartagena de Indias a los Montes de María. Seis años y unos pocos días más tarde, aprovechando la confusión que se organizó en el campamento guerrilleros por un ataque militar con helicópteros, se escabulló hacia la maleza. Resistió cinco días en la jungla hasta que finalmente halló un punto civilizado y un destacamento del Ejército.

Araújo Perdomo habla por los poros, aunque comedido por el lenguaje diplomático aprendido a prisa. «Los guerrilleros admiran ideológicamente a Chávez», ha dicho. Él fue testigo en primera línea, cautivo como estaba en las montañas colombianas. Esa era la realidad en los frentes guerrilleros números 33 y 35 que Araújo conoció. El Frente 33 de las FARC, llamado «Mariscal Antonio José de Sucre», se le atribuye influencia al otro lado de la frontera, en territorio venezolano, concretamente en los estados de Táchira y Zulia.

Pero Araújo Perdomo hace una salvedad importante: «Eso no quiere decir que Chávez tenga una acción directa sobre la guerrilla». El canciller colombiano pretende que la opinión pública mundial entienda «la realidad de un fenómeno ideológico que existe en la guerrilla colombiana y cómo ellos se identifican con Chávez, y cómo sienten que el proceso que Chávez están llevando en Venezuela los ayuda en su propósito de lograr un espacio en la sociedad colombiana». No quiere que sus palabras sean interpretadas como un reclamo a Venezuela.

El Canciller hizo esas declaraciones a periodistas en Washington, a donde ha viajado para recabar el apoyo del Congreso, controlado por los demócratas, a la segunda fase del llamado «Plan Colombia» contra las drogas y las guerrillas, mediante el que su país es el tercer receptor de ayuda militar estadounidense en el mundo, después de Israel y Egipto. En su reciente visita a Bogotá, el presidente George Bush apoyo la continuidad de dicho plan, pero debe ser el Congreso quien apruebe los fondos. Los demócratas parecen escépticos, sobre todo después del escándalo en Colombia por la implicación de parlamentarios próximos al presidente Álvaro Uribe con los paramilitares, entre ellos miembros de la familia de la antecesora de Araújo Perdomo en la Cancillería colombiano, María Consuelo Araújo, sin parentesco con él, que cayó por ese motivo. Uribe es el más fuerte aliado de Estados Unidos en América del Sur y se considera una especie de contrapeso a Chávez. Es cierto que Uribe y Chávez, uno la antípoda política del otro, ha desarrollado una forma muy peculiar de entenderse y tratarse mutuamente.

Por lo que dice Araújo Perdomo, Chávez ha dado oxígeno ideológico a una guerrilla que había perdido su norte y derivado al bandolerismo. La identificación con Chávez puede ayudar a los guerrilleros en su propósito de hallar un espacio en la sociedad colombiana, en opinión del ministro. Tras la última victoria electoral de Chávez, en diciembre pasado, las FARC comentaron que ese resultado y los registrados en otros países de la región, como Brasil, Nicaragua y Ecuador, «nos permiten reafirmar la validez» del principio de «solución política» del conflicto civil colombiano y que otro sería la historia si las transformaciones que, a juicio de ellos, requiere Colombia pudieran ser debatidas en una campaña electoral. «Pensando en esto ya tenemos lista la Propuesta de un Gobierno de Reconciliación y Reconstrucción Nacional», agrega un documento de las FARC. La guerrilla colombiana entiende también que Chávez señaliza el camino para los demás militares latinoamericanos: la revolución socialista.

La influencia de Chávez es notoria en las FARC. Basta seguir sus proclamas desde el año 2000. Cuando Chávez llevaba gobernando 14 meses, el Estado Mayor Central de las FARC saludó la «formidable lucha colectiva» en Venezuela, al mismo tiempo que señalaba a Fidel Castro y Cuba como «ejemplos de dignidad y de firmeza revolucionaria para el mundo» y exhortaba a Daniel Ortega y los sandinistas nicaragüenses a «redoblar esfuerzos y a no desfallecer en las tareas que se han trazado para la reconquista del poder». Chávez y las FARC fueron camaradas en el Foro de São Paulo que congrega a los revolucionarios latinoamericanos desde 1990. Se trató de iniciativa de Fidel Castro recogida por el entonces belicoso y radicalizado líder de la izquierda brasileña, el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Chávez se incorporó al foro en 1995, una vez fuera de la cárcel por haber dirigido una intentona golpista tres años antes y ya con su proyecto político revolucionario bolivariano en marcha.


PE: un día después de haber dado esas declaraciones, el ministro Araújo Perdomo reconoció -todavía en Washington- haber recibido una bronca del presidente Uribe. Agregó que sus palabras sobre que Chávez era el ídolo de las FARC no fueron afortunadas. «Me halaron las orejas de Palacio. El presidente me recomendó una reflexión, con el ánimo de mantener las buenas relaciones» [con el régimen de Hugo Chávez].

Francisco R. Figueroa