¡Kirchner ha muerto: compren Argentina!

Francisco R. Figueroa / 28 octubre 2010

Cuando en los mercados se supo que al hombre fuerte de Argentina se le había roto el corazón la orden fue tajante: «¡compren, compren, compren…!».

Los principales activos financieros argentinos se dispararon en Wall Street y la City londinense en una reacción inmediata a la muerte, el miércoles 27, de Néstor Kirchner a los 60 años en su tierra patagona, cuando seguía mandando en Argentina a través de su esposa, Cristina Fernández, y se preparaba para lanzar su candidatura a las elecciones presidenciales de octubre del año próximo.

La intención de Kirchner era convertirse en el sucesor de su sucesora, en una alternancia entre marido y mujer para mantener el poder sin precedentes en ninguna parte del mundo, con el antecedente en la propia Argentina del general Juan Domingo Perón hizo vicepresidente a su segunda esposa, la bailarina María Estela «Isabelita» Martínez, que le sucedió a su muerte en 1974.

El fallecimiento inesperado del poderoso hombre que imponía el ritmo y los tiempos políticos en Argentina sacudió el tablero político del país, sobre todo en el frente peronista, donde posiblemente haya comenzado el navajeo antes de los oficios fúnebres, a la sombra de los grandes gestos, las palabras rimbombantes, las loas al prócer fallecido y los cantos a la unidad suramericana de los gobernantes extranjeros llegados para las exequias.

Kirchner, que practicaba la política como un pugilato, controlaba también férreamente el Partido Justicialista, en el que ya avizora la lucha por la sucesión en la presidencia de la formación peronista y, según algunos analistas, una sorda batalla para influir en Cristina Fernández durante los trece meses que le restan de gestión.

Los mercados – regidos por el oportunismo con las leyes de un casino de truhanes en el Caribe de los bucaneros– intuyeron que el plan de los Kirchner de mantener el poder durante al menos dieciséis años pereció en El Calafate con el ex presidente y se lanzaron al negocio vislumbrando el fin de una época marcada por la hostilidad mutua con un Gobierno argentina agresivo frente al gran capital, resentido con los inversionistas, que no garantizaba la seguridad jurídica, estatista, heterodoxo, populista, enfrentado con sectores empresariales y la prensa y que había trampeado con las estadísticas.

«No hay nada mejor que la seguridad de saber que Kirchner no estará en la carrera presidencial», se oyó decir a un gran operador del mercado.

Hay expectativa para ver cómo su viuda transita estos trece meses que el restan de su cuatrienio presidencial. Parece improbable que Cristina Fernández pueda sustituir a su fallecido esposo al frente del peronismo y que sea ella la aspirante a su propia sucesión en las elecciones presidenciales previstas para el 23 de octubre del año venidero. La casi certeza de que la oposición será incapaz de aportar un candidato fuerte presenta aún más crispada la lucha interna en el peronismo por la nominación.

No obstante, hay analistas que creen que muerto Néstor Kirchner, Cristina Fernández se convierte automáticamente en la única candidata del kirchnerismo –y por ende del peronismo– para esas elecciones, la candidata natural a la reelección, aunque esto parece más una manifestación de deseo.

Parece descarta la posibilidad de que en este poco más de un año de mandato que le queda a Cristina Fernández haya algún riesgo institucional. Pero los observadores recuerdan que de las sucesiones en el peronismo han sido tradicionalmente traumáticas y que las crisis internas en dicho partido acostumbran trasladarse al conjunto de la nación.

Como dijo el ex jefe del Gabinete ministerial (2003-2008) Alberto Fernández, un político justicialista con aspiraciones presidenciales y uno de los que mejor conoció al matrimonio presidencial, «Cristina perdió mucho más que un marido».

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