Brasil-elecciones: «O Rei Sol» eclipsado

Francisco R. Figueroa /4 octubre 2010

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva sufrió un notable contratiempo al no ver cumplido su propósito de elegir, el pasado domingo, presidente de Brasil a su pupila, Dilma Rousseff, como él presumía y las encuestas apuntaban.

Eso fue debido a una sangría de votos (unos seis millones) en las dos últimas semanas causada, sobre todo, por un escándalo de corrupción en el corazón del poder muy mal manejado y las ásperas peleas de Lula con los periodistas.

Dilma Rousseff obtuvo el 46,9%, pero necesitaba preceptivamente la mitad más uno para ganar la presidencia. Fue presa del desánimo, hasta que le llegó el consuelo de Lula, acostumbrado a los tragos electorales amargos pues perdió tres presidenciales y en las dos que ganó necesitó disputar la segunda vuelta.

Lula, según testigos, se consoló a sí mismo saboreando la derrota de viejos enemigos suyos en las elecciones parlamentarias y regionales que se celebraron al mismo tiempo. También saboreó la victoria en las legislativas de su Partido de los Trabajadores (PT), que por fin logra ser la primera fuerza parlamentaria brasileña. Junto con sus aliados tendrán el 60% de una cámara bajas, donde un payaso fue el candidato a diputado más votado.

La candidata de Lula se quedó cerca de la gloria, no a causa del empuje arrollador de su principal rival, el socialdemócrata José Serra, que alcanzó un 32,6% de los votos, ni al tesón de la tercera en discordia, la ecologista Marina Silva, la principal beneficiaria de la emigración de votos, que acabó con casi un 20%.

Lo que hizo resbalar a la favorita de Lula en el último tramo de la campaña electoral fue el «efecto Erenice», es decir, las repercusiones de un escándalo de corrupción dentro del palacio presidencial.

Erenice Guerra era desde 2003 el brazo derecho de Dilma Rousseff, tanto cuando era ministra de Minas y Energía como cuando después fue jefa del Gabinete. Al dejar ese altísimo puesto para pelear las elecciones, Erenice Guerra fue su sucesora. Por poco tiempo.

A pocos días de las elecciones Erenice Guerra tuvo que dimitir forzada por Lula tras estallar en la prensa que sus hijos y otros allegados traficaban con influencias. La gente comenzó a preguntarse si ella y Dilma Rousseff conocían esas trapacerías, que se cometían puerta con puerta del despacho de Lula, o cómo se podía confiar en una candidata delante de cuyas narices pasaba la corrupción. Mientras, las frecuentes peleas de Lula con los periodistas alcanzaban cotas inéditas.

El electorado se retrajo como consecuencia. Lula no puede imponer su voluntad a las primeras de cambio. No le bastó proclamar hasta el hartazgo que «quien vota a ella me vota a mi», que Dilma Rousseff era como carne de su carne y parte de su propia naturaleza, para meter a su poco atractiva candidata en el corazón de la mayoría de brasileños, para transferirle a su candidata la mayor parte de esa enorme aprobación popular (80%) rayano en al veneración que él conserva al cabo de ocho años en la presidencia.

No ha habido un cheque en blanco para la mujer que Lula escogió como heredera contra viento y marea, por encima del Partido de los Trabajadores (PT), aunque 30 millones de personas hayan salido de la pobreza gracias a Lula o se crearan 15 millones de empleos o el país haya encontrado ese futuro que siempre el fue esquivo y adquirido una dimensión de potencia.

El «affaire» Erenice Guerra y otros escándalos que han menudeado en la gestión de Lula, así como sus alianzas para gobernar y ganar elecciones con dirigentes políticos de otros partidos con mala o pésima reputación han hechos que bascularan mucho votos, sobre todo de jóvenes, para Marina Silva, una ambientalista, antigua militante del PT y ministra de Medio Ambiente que abandonó el Gobierno desencantada con Lula y enfrentada con la poderosa jefa de Gabinete. Se postuló por el insignificante Partido Verde y finalmente ha logrado eclipsar a ese Rey Sol que es Lula,

Sobre el papel parece más fácil el pacto o acuerdo tácito para la segunda vuelta entre Marina Silva y José Serra. Pero no es posible que la líder ecologista pueda endosar su casi 20% al cualquiera de las otros dos candidaturas. No parece tampoco posible que en el caso de que ella tome una decisión u otra los electores le sigan. Lo natural es que se distribuyan. Dilma Rousseff tiene ventaja pues parte de los votantes de Marina Silva están más cerca del PT.

A partir de ahora, esa mujer de aspecto frágil y de momento no se pronuncia ni tiene prisa es la novia mas deseada de Brasil. Por otro lado, un Lula muy contrariado en sus deseos de haber presidente a Dilma Rousseff en la primera vuelta entrará en la segunda con bríos renovados para que su pupila pueda sentarse en el sillón que él ha ocupado desde 2003 y quizás se lo guarde por si le apeteciera volver dentro de cuatro años.

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