Cuba: malos tiempos para la lírica castrista

Francisco R. Figueroa / 22 octubre 2010

El Parlamento Europeo ha enviado una señal nítida a La Habana: el Viejo Continente está al lado de los demócratas y no desea contemporizar con los hermanos Castro. Al mismo tiempo, Estados Unidos manifestaba su disconformidad, el amigo Miguel Ángel Moratinos era destituido y la Unión Europea daba señales de que mantendrá a grandes rasgos la «política común». Parecen malos tiempos para la lírica castrista.

El primer mensaje está indeleblemente grabado en la concesión del Premio Sajarov al disidente cubano Guillermo Fariña, de 48 años, que estuvo dispuesto a sacrificar su vida con 135 días en huelga de hambre como medio de presión para lograr un cambio en Cuba. La huelga de hambre de Fariñas, después de la muerte de Orlando Zapata por un prolongado ayuno, hizo que el mundo recuperara la memoria sobre los disidentes cubanos presos.

Como dijo la Alta Representante de Política Exterior de la UE, la británica Catherine Ashton, «los derechos humanos y las libertades fundamentales están en el centro de las relaciones de la Unión Europea con Cuba». Al mismo tiempo, la baronesa Ashton de Upholland instaba al régimen comunista de La Habana a liberar a todos sus prisioneros políticos.

La concesión del premio tuvo lugar cuatro días antes de que el lunes 25 los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, reunidos en Luxemburgo, acaben el debate que, a petición española, tienen aplazado desde junio sobre la llamada «posición común» que los 27 países comunitarios aplican a Cuba, mediante la que se condiciona la cooperación con la dictadura castrista y avances sobre derechos humanos.

La mayoría de centroderecha de la eurocámara —conformada por conservadores, reformistas y liberales, frente a socialistas, comunistas y «verdes»— fue la que decidió la concesión del Premio Sajarov a Fariña, cuya valiente actitud llevó esperanza a todos los que en la isla luchan por la libertad, los derechos humanos y la democracia.

Esa misma mayoría se opone al levantamiento de la «posición común» que fue adoptada en 1996 por iniciativa del gobierno español que entonces presidía el conservador José María Aznar. Por el cambio de dicha posición estuvo batallando durante varios años el recién destituido ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y también la que ahora es su sucesora, Trinidad Jiménez, cuando, a sus órdenes,, fue Secretaria de Estado para Iberoamérica entre septiembre de 2006 y abril de 2009.

La política española hacia Cuba irrita a la oposición al castrismo —con la que el gobierno socialdemócrata español de José Luis Rodríguez Zapatero evitó el contacto oficial—y a todos cuanto en el mundo están en desacuerdo con la dictadura de los hermanos Castro. Desde la oposición interna cubana se le ha tildado a Moratinos a modo de despedida de «servil» de la dictadura y «cómplice de los hermanos Castro.

¿Qué pasará el lunes? Si Jiménez se presenta en Luxemburgo —en el primero de los distintos frentes que le deja abiertos Moratinos— a favor del levantamiento de la «posición común», como estaba dispuesto a hacer su antecesor, sufrirá su primer revés como responsable de la diplomacia española. Fracasará en su debut porque la decisión tiene que ser tomada por consenso y hay varias naciones que se oponen con furia.

La mayoría de Europa entiende que la excarcelación en curso de prisioneros políticos (van 47), que están cambiando la prisión por el destierro en España, no constituye ningún avance en derechos humanos. Más allá de las buenas palabras para su antecesor expresadas en su toma de posesión, Trinidad Jiménez, que sí ha tenido contactos con la oposición cubana en el exilio, tendría que mudar en dos días lo que Moratinos hizo respecto a Cuba en seis años y medio.

Los ministros de la UE posiblemente acaben haciendo algún gesto hacia La Habana alentando más cambios, lo que, sin duda, va a disgustar al régimen castrista. Seguramente –según fuentes diplomáticas comunitarias– será mantenida la sustancia de la «posición común» y se puede ser creado algún mecanismo de diálogo con Cuba tendente a lograr mejores resultados en materia de derechos humanos y democracia.

Lo mismo que la mayoría de Europa —incluidos Alemania y, sobre todo, países del este que tuvieron regímenes comunistas — piensa Estados Unidos, que considera «algo positivo» esa suelta de presos, pero censura que aún no han sido puestas en marcha las reformas prometidas por el régimen castrista, según acaba de afirmar el presidente Barack Obama.

No ha habido ningún avance hacia la libertad política y económica, ni —a juicio de Fariña y de muchos analistas— debe haber mudanzas serias en vida de los hermanos Castro.

Esta es la tercera vez que el Premio Sajarov recae en la oposición al castrismo. En 2002 lo recibió Osvaldo Payá y en 2005 las Damas de blanco (el grupo de mujeres de los presos políticos de la llamada «primavera negra» que están siendo liberados), La expectativa ahora es si el régimen de los hermanos Castro permite a Fariña salir de esa isla-prisión que es Cuba para recoger el premio, en diciembre en la sede del Parlamento Europeo de Estrasburgo el próximo 15 de diciembre. Fariña amenaza con ponerse otra vez en huelga de hambre si no lo dejan salir.

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