Alea jacta est en Brasil: Dilma ganó

Francisco R. Figueroa / 25 agosto 2010

La suerte está echada en Brasil: las elecciones tienen ganador. A cinco semanas de su celebración sólo resta saber cuántos votos sacará Dilma Rousseff, la candidata de Luiz Inácio Lula da Silva, para convertirse en la primera mujer que ocupe la presidencia de Brasil después de 37 varones, incluidos dos monarcas.

Las empresas brasileras de encuestas, reputadas por su certera puntería, anticipan que vencerá ampliamente esta ex guerrillera, ex jefa del Gabinete de Lula y ex ministra de Minas y Energía que carecía hasta ahora de experiencia electoral. Es más, esos mismos sondeos apuntan que Dilma Rousseff puede obtener el 3 de octubre próximo más de la mitad de los votos válidos haciendo innecesaria una segunda vuelta.

Entra en los cálculos que Rousseff obtenga en la primera ronda una votación abrumadora en torno al 60%, un respaldo popular directo en las urnas jamás logrado por un mandatario brasileño, ni siquiera su popular mentor y guía, quien necesitó disputar dos rondas electorales, tanto en 2002 como en 2006, para derrotar a sus rivales.

Demasiado para una novicia que a sus 62 años nunca antes disputó unas elecciones y que hasta hace menos de dos años era una eficiente y mandona colaboradora del presidente en el distante Palacio del Planalto, el corazón del poder en Brasilia, pero escasamente conocida del gran público. No han hecho mella en el electorado los embates contra ella de sus rivales por su inexperiencia, falta de capacidad de liderazgo, incluso dentro del oficialista Partido de los Trabajadores (PT), sumisión a Lula e, incluso, por ser mujer.

Claro, Rousseff va íntimamente de la mano de Lula y subida en la ola de la popularidad del presidente, quien disfruta de la aprobación de cuatro de cada cinco brasileños y apenas tiene un rechazo marginal del 4%. Ella es vista como la continuadora de la exitosa obra de gobierno de su pigmalión, especialmente por las clases menos favorecidas, que consideran a Lula un padre y ahora están encantadas por haber hallado una madre.

El respaldo popular a Rousseff crece día tras día, mientras cae el de su principal rival, el socialdemócrata José Serra, a quien Lula derrotó en 2002 y que ha repetido candidatura ocho años después. Serra se muestra como un candidato manido y tedioso, que ha tenido que arrimarse a la luz que irradia Lula tratando de evitar el eclipse de su propia candidatura.

El varapalo electoral que va a recibir Serra tendría que hacer reaccionar al Partido de la Socialdemocracia Brasilera (PSDB) y su militancia, los famosos tucanes. Serra se ha demostrado como un pésimo candidato, lo mismo que fue en 2006 Geraldo Alckmin. Ambos representan una realidad, la de São Paulo, donde encabezaron administraciones regionales y municipales en un estado equiparable en poderío económico a una nación como Argentina, pero percibido como muy distante por buena parte del resto del país.

El PSDB tendrá que renovarse o resignarse a morir cuando apenas tiene 22 años de vida porque ya no puede seguir viviendo de la herencia de su líder histórico, Fernando Henrique Cardoso. Para estas elecciones el PSDB relegó a Aécio Neves (50 años), continuador de una saga de políticos iniciada por sus abuelos, especialmente el materno, Tancredo Neves, y un político que ha demostrado su buena estrella como diputado durante cuatro legislaturas, como presidente de la cámara baja y más tarde como gobernador reelecto de Minas Gerais, segundo estado en importancia del país tras São Paulo. Neves era el candidato natural a la presidencia del PSDB para estas elecciones, pero trataron de relegarlo a la condición de aspirante a la vicepresidencia. Ahora queda como el depositario de las esencias y gran esperanza de los tucanes para los comicios de 2014.

Las encuestas apuntan otro resultado cierto: el Partido de los Trabajadores (PT), de Lula, seguirá como segunda fuerza parlamentaria, lo que dejará a Rousseff a merced de los saurios del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Este partido continuará como la primera fuerza política del país en número de diputados, de senadores y de gobernadores de los estados, que serán escogidos en los mismos comicios generales del 3 de octubre.

Por vez primera, el PMDB, que ha sido el principal sostén de Lula durante las dos últimas legislaturas como fuerza aliada, ha ido a estas elecciones en coalición con el PT, por lo que exigirá mayores cuotas de poder, que ahora son imposibles de calcular, pero sin duda serán importantes dada su voracidad insaciable.

El PMDB fue el gran baluarte de la democracia durante la dictadura (1964-85), pero con el tiempo y las disidencias degeneró en una formación política oportunista, asociada a la corrupción política, al pago de favores, al nepotismo y toda clase de prácticas podridas.

Es cuanto menos curioso que siendo la primera fuerza del país, por delante del PT y del PSDB, nunca después de las primeras elecciones de la era democrática haya presentado un candidato a la presidencia de la Repúlica y prefiriera medrar a la sombra sosteniendo a mandatario de turno, sobre todo en los años de Lula.

¿Será Rousseff presa fácil ante las fauces de unas barracudas políticas ansiosas de poder y dinero como el ex gobernante José Sarney (1985-90), el destituido presidente del senado Renán Calheiros o Michael Temer, el candidato a vicepresidente? Para evitarlo tiene a su favor la esgrima política aprendida en los años pasados junto a Lula, quien no andará muy lejos de ella y seguramente seguirá tutelándola dentro de su pretensión de seguir en candelero para optar de nuevo a la presidencia dentro de cuatro años. Salvo que la polluela mandona Rousseff sorprenda, desarrolle alas firmes, despegue con vuelo propio y quiera ella misma ser reelegida.

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