Suramérica baila con lobos

No hace bien a las democracias suramericanas encuentros con autócratas de la talla del libio Muamar El Gadafi [40 años en el poder], el guineano Teodoro Obiang [30] o el sudanés Omar al-Bashir [20] como el que acaba de acontecer en Isla Margarita (Venezuela). Reuniones con esos inicuos tiranos sientan peor al brasileño Luiz Inácio Lula da Silva o la chilena Michelle Bachelet que al venezolano Hugo Chávez, a quien pocos tienen por demócrata cabal.

Si la convivencia en libertad y democracia conforman el marco que debe encuadrar las relaciones entre las naciones latinoamericanas y si hay un escándalo colosal porque en Honduras se instalara por la fuerza un gobierno de transición que pretende estar a lo sumo medio año en funciones mientras se celebran elecciones, al que se ha expulsado como un apestado del sistema interamericano, sometido al vapuleo internacional y sancionado hasta el punto que lo han obligado a endurecerse, a ser el autoritario que dicen, no se entiende la oportunidad de esa cumbre en Margarita con una caterva de déspotas crueles, digna de una galería de horrores, que llevan decenios en el poder sin miramientos ni perspectiva de cambio.

En la segunda cumbre América del Sur-África, celebrada este último fin de semana en esa isla del sur del Caribe y promovida por Chávez y Lula da Silva, se dio la paradoja de que ver unos dictadores contumaces condenando una dictadura si acaso embrionaria, cuando fue aprobado por aclamación una propuesta de Brasil sobre Honduras contraria al mandatario interino, Roberto Micheletti, y favorable al depuesto, Manuel Zelaya. ¡Gadafi, Obiang, al-Bashir y el zimbabuano Robert Mugabe, entre otros, tuvieron la gran desfachatez de condenar a Micheletti!

Del demagogo nacionalista Hugo Chávez se espera cualquier cosa, incluso que manifestara en la cumbre su «apoyo moral, espiritual y político» a Mugabe o se deshiciera en carantoñas con Gadafi, igual que podían posiblemente hacer sus aliados de Ecuador, Rafael Correa, y Bolivia, Evo Morales. Pero, ¿y la señora Bachelet, víctima ella misma de una dictadura tan vesánica como fue la del general Augusto Pinochet, cómo se codea sin vomitar con tantos malhechores, alguno incluso reclamado por la Corte Penal Internacional por sus crímenes? No era necesario acudir personalmente a esa cumbre si el resultado fue repetir en su discurso una sarta de lugares comunes sobre las relaciones Sur-Sur. Hubiera resultado más digno enviar una representación de menor nivel para cumplir el trámite.

El caso de Lula da Silva es diferente si se entiende su actual engreimiento como líder de una pretendida potencia global en ciernes. Venía de pedir ante la ONU más poder para Brasil en el reparto en marcha del mundo, en esa Yalta virtual que está ocurriendo, y estaba midiendo su prestigio en un país diminuto y pobre como Honduras, en cuyos asuntos internos interfiere con gran desfachatez de la mano de Chávez. Se mostraba, pues, ante los africanos como el nuevo prodigio blanco, como el paradigma del líder emergente que toca el cielo. Da la sensación de que hace aguas la encopetada diplomacia brasileña, tantas veces aclamada. Lula da Silva, su consejero áulico, Marco Aurelio García, y su canciller, Celso Amorím, obtuvieron de esa asamblea de coyotes un respaldo implícito a la pretensión de que Brasil tenga un puesto en ese club de los grandes (Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido) que son los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque nadie lo haya dicho, la ocasión en Isla Margarita fue propicia para aumentar la clientela de la boyante industria brasileña de armamento, que tiene entre las dictaduras africanas un potente mercado, que Brasilia pretende ensanchar con la nueva tecnología de guerra que Brasil espera recibir de Francia. Lula da Silva, en fin, hizo la corte a los países asistentes, fundamentalmente a la cincuentena africana, para que sus respectivos comités olímpicos voten por Río de Janeiro como sede de los Juegos del 2016, este viernes en Copenhague.

La argentina Cristina Fernández de Kirchner estuvo también en esta cita con los canallas, aunque tampoco se sabe para qué. Quizás –ironiza sus rivales– aprendiendo modos de vida africanos ahora que en Argentina cunden la pobreza y la miseria, como, por ejemplo, ha puesto de manifiesto el último «Informe Semanal» de Televisión Española en un reportaje de Vicente Romero. La «Señora K» habló de la necesidad de contribuir «al desarrollo africano y su seguridad alimentaria», olvidando nuevamente que el crudo problema del hambre campea en casa.

Lula da Silva y Chávez han quedado esta semana también muy expuestos por sus amistades peligrosas después de que apoyaran en su participación en la Asamblea General de la ONU el programa nuclear iraní por sus alegados objetivos pacíficos. Al poco se supo que el régimen de Teherán mantenía en secreto una planta de enriquecimiento de uranio con aparentes fines militares, es decir, la fabricación de esas bombas atómicas con las que el régimen de los ayatolás pretende «enceguecer» a sus enemigos, comenzando por Israel. Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia se han enfurecido; China y Rusia, grandes aliados de Irán, reconsideran su apoyo al régimen de Teherán. Chávez anhela su propio programa nuclear y dispone para ello de la entusiasta colaboración iraní.

Francisco R. Figueroa
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