Lula: el gendarme innecesario

Es increíble la metamorfosis de Luiz Inácio Lula da Silva: pobre de solemnidad, emigrante, chico de recados, operario metalúrgico, dirigente sindical por casualidad, líder del mayor sindicato brasileño, filotrotskista, diputado radical, político execrado, candidato presidencial rabioso, candidato presidencial atemperado, jefe de Estado pragmático y ahora gendarme, su más flamante rol asumido cuando le quedan quince meses para traspasar el poder .

Justo cuando el presidente Barack Obama decía en la ONU que Estados Unidos no puede por sí mismo resolver los problemas del mundo y pedía que cada país asuma la parte de las responsabilidades que le corresponde, Brasil adquiría su nuevo papel protagónico en América Latina por obra y gracia de Lula da Silva.

Desde la misma tribuna de la ONU que poco después ocuparía Obama, Lula da Silva reclamó con osadía más poder para Brasil en el gobierno del mundo, un puesto entre los más grandes en el Consejo de Seguridad y la inmediata restitución en la presidencia de Honduras de Manuel Zelaya, al tiempo que lanzaba una clara advertencia para que nadie toque su embajada en Tegucigalpa, donde el derrocado mandatario tiene refugio garantizado. «Brasil alborota el orden mundial», opinó el diario madrileño «El País».

Aquel niño miserable y analfabeto del sertón de Pernambuco, animado por tanta riqueza como Brasil atesora, con hidrocarburos a raudales y encargos de armas que dejan helados a los vecinos, se muestra dispuesto a llevar a cabo lo que no fueron capaces los 34 generales y prohombres que le precedieron en la presidencia: dar rienda suelta a los instintos imperialistas brasileños –por tantos años reprimidos– y ocupar la posición relevante mundial que cree le corresponde a su país en este tiempo venidero de imperios menores.

Con motivo de la crisis de Honduras, Brasil ha hecho trizas normas de actuación que antes mantenía como dogmas en las relaciones internacionales, entre ellos el principio de la no injerencia en asuntos internos de otras naciones. Es una voz activa, lindando al intervencionismo, en el intento de reponer en la presidencia al teatral Zelaya, a quien ha acogido en su embajada en Tegucigalpa tras su rocambolesco retorno ayudado sin duda por el venezolano Hugo Chávez.

La actuación de Lula da Silva en la crisis de Honduras levanta en Brasil acalorados debates sobre el protagonismo que el coloso suramericano está tomando en las grandes decisiones internacionales. «Podría haber señales de que la diplomacia brasileña ha comenzado a actuar dentro de un modelo que siempre ha condenado y que tiene como mejor ejemplo a la CIA», ha dicho el antiguo comunista Roberto Freire, líder del Partido Popular Socialista.

Es difícil creer que Chávez pasara a Lula da Silva esa papa caliente que es Zelaya después del golpe de efecto que supuso su retorno clandestino a Honduras, que seguramente llevó a efecto con la ayuda del servicio secreto cubano que siempre lo rodea. Resulta poco convincente la explicación brasileña de que Zelaya apareció súbitamente en su misión en Tegucigalpa, en la que ahora se atrinchera y parece que alucina, empecinado en que Roberto Micheletti le devuelvan la presidencia. Brasil ha sido puesto bajo sospecha de haber estado posiblemente al tanto de todo.

Sea como fuere, entre mentiras, verdades o mentiras y verdades a medias, Brasil se ha visto envuelto en una acción clandestina y ha quebrado su propia tradición al interferir abiertamente en los asuntos internos de otras naciones. En Honduras ha dado un primer paso tras actuaciones algo más comedidas, quizás a modo de ensayo, en Paraguay y Bolivia en años recientes.

El caudillo de Caracas ha reconocido que orquestó el retorno de Zelaya, que se hizo coincidir expresamente con el inicio de la Asamblea General de la ONU, cuando se iban a cumplir tres meses de la destitución del hondureño bajo acusaciones de tratar de moldear a su conveniencia la Constitución de acuerdo a sus ambiciones personales, alentado precisamente por Chávez para eternizarse en el poder. Ahora Chávez financia el movimiento zelayista.

Zelaya pretendía llevar a cabo una consulta popular que el Congreso y la Corte Suprema de Justicia consideraban ilegal. Dicha consulta se destinaba a abrir camino a un cambio en la Constitución que le permitiera aspirar a un segundo mandato. Pero la Carta Magna hondureña considera cláusula pétrea el mandato presidencial único y sólo fía su propia reforma a una poco posible mayoria parlamentaria de dos tercios.

De manera que había una franca amenaza para la frágil estabilidad institucional hondureña. Pero Zelaya no debía hacer sido sacado del poder y del país a punta de pistola dando argumentos a quienes se llenaron la boca hablando de la violación Carta Demócratica de la Organización de Estados Americanos (OEA) pero son incapaces de denunciar la demolición de la democracia en curso en Venezuela y los satélites del chavismo. Zelaya tenía que haber sido arrestado por la policía y sometido a proceso para llevar el asunto en el ámbito puramente interno de acuerdo a los procedimientos legales abiertos por la Fiscalía.

A lo largo y ancho del mundo se ha exigido la restitución de Zelaya en el poder, Estados Unidos entre ellos. Ahora, tras el retorno de Zelaya, Washington pide que se le restituya la presidencia «bajo condiciones apropiadas». La principal de ellas parece que va a ser que sigan adelante las elecciones presidenciales y legislativas previstas para el próximo 29 de noviembre y que deben recolocar al país en la senda constitucional y democrática. Los cuatro candidatos presidenciales hondureños lo han visto así y el mundo debe respaldarlos. La segunda condición sería mantener atado corto a Zelaya, sin capacidad de maniobra para imponer cualquier vía distinta a la electoral que marca la Constitución, y que quede agregado en buena hora a la nómina de ex mandatarios hondureños.

Esas soluciones suponen la mejor salida a la crisis después de tantas torpezas a cargo de la Organización de Estados Americanos (OEA) por el interés mezquino de su secretario general, el chileno José Miguel Insulza, para mantenerse en la poltrona, y los manejos expansionistas en los que está engolfado Chávez.

Técnicament Zelaya es un asilado diplomático, si no de derecho sí de hecho, desde el momento en que Brasil lo admitió en su legación en Tegucigalpa dodne lo alberga y protege. La tradición diplomática latinoamericana es clara sobre el asilo basado en la extraterrotorialidad que se atribuye a las misines diplomáticas. Siendo así por definición Zelaya no puede hacer dentro de la embajada declaraciones políticas ni mucho menos agitar. Lula da Silva habló de él como «asilado» aunque su canciller, Celso Amorim, preferio calificarle de «acogido», quizás en busca de un limbo legal o una tercera vía pues de acuerdo a la diplomacia clásica Brasil está ante las opciones de llevarse a Zeleya a Brasil como asilado, cosa que depende de que Micheletti le conceda el necesario salvoconducto, o entregarlo al gobierno de Honduras. Seguramene las partes se acabaran poniendo de acuerdo.

A Lula da Silva no le queda presidencia para ver convertido su país en el «impávido coloso» que proclama el himno nacional brasileño. Su sucesor saldrá de las elecciones que se celebran en octubre del 2010. Quien quiera que sea tendría que llevar adelante sus planes. Su preferida para dar continuidad a la gestión es Dilma Rousseff, una suerte de sargenta de hierro como jefa del gabinete ministerial brasileño y antigua guerrillera. Está por ver si los demás posibles candidatos se embarcan en el asunto, aunque tratándose de política externa se presume que la continuidad estaría garantizada. El socialdemócrata José Serra sería el Fernando Henrique Cardoso II, probablemente el mejor presidente que ha tenido Brasil, aunque menos osado que Lula da Silva. Ninguna de las disidentes del Partido de los Trabajadores (PT) y de Lula da Silva, Marina Silva y Eloisa Helena, tiene la menor oportunidad de convertirse en la primera presidenta de Brasil, salvo que ese país de temperamento voluble como es Brasil se entusiasme con una de ellas. Por último Ciro Gomes, también socialista, posiblemente vuelva a ser unas elecciones más el pez que muere por la boca.

Francisco R. Figueroa
franciscorfigueroa@hotmail.com