Chávez: perro ladrador

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, estuvo este viernes a Madrid, a donde llegó sacudiendo coces –aunque se fue manso— y citando incorrectamente a Alonso Quijano en aquel apócrifo «ladran, Sancho, luego cabalgamos». Para él, el Quijote rezuma «socialismo», el rey español barbudo recuerda a Fidel Castro, España mantiene una actitud «colonialistas» sobre América Latina y Venezuela será uno de los cinco gigantes mundiales de los hidrocarburos, con el último descubrimiento de gas hallado en sociedad con Repsol y la italiana Eni.

Se desconocía el motivo de esta imprevista escala en la capital española, metida con fórceps en medio de la larga gira por naciones del norte de África, Oriente Medio y el este de Europa de un Chávez magnificado de palabra y obra en el Festival de Venecia por el cineasta estadounidense Oliver Stone y él mismo en pos de su propia grandeza buscando en Rusia y otros países acuerdos militares y energéticos entre loas a Lenin en Moscú, conchabeos nucleares con Ahmadineyad en Teherán, arrumacos con Gadafi en Trípoli, burlas al «eje del mal» con Lukashenko en Minsk, cantos a Castro por doquier y el vaticinio del próximo fin del «imperio yanqui».

Parece que Chávez pescó de sorpresa a Madrid cuando solicitó de improviso ser recibido por el rey Juan Carlos y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, suspendió una visita oficial a Israel para estar con Chávez, por lo que el responsable de la diplomacia española recibió dardos envenenados de la oposición popular. Chávez ve a Moratinos el socialista español más próximo a su régimen bolivariano. Tanto parecía el desconcierto en Madrid que para evitar sorpresas se descartó la rueda de prensa conjunta habitual en visitas de trabajo de mandatarios extranjeros, aunque Chávez se despachó por donde pudo.

¿A qué estuvo Chávez a Madrid? Sin duda no viajó con la idea de anunciar ese enorme yacimiento de gas que, en un emprendimiento con Repsol y Eni, fue encontrado en el Golfo de Venezuela, porque, según dijo él mismo por la tarde, esa noticia la tuvo mientras estaba reunido a mediodía con Zapatero. Se trata de un yacimiento en el Golfo de Venezuela que con entre siete y ocho billones de pies cúbicos de gas (equivalentes a cerca de 1.200 millones de barriles de crudo) es uno de los mayores del mundo. Ahora habrá que esperar a ver si Chávez cumple su promesa, hecha en el mismo Madrid, de respetar la tajada de Repsol (del 32,5%) en ese proyecto y no la estatalice como ha hecho con tantos intereses extranjeros en los sectores más diversos. Cuando hizo el anuncio tenía a su lado al patrón de Repsol, Antonio Brufau.

Nada hubo de nuevo sobre los más de 2.000 millones de euros (casi 3.000 millones de dólares) que el régimen de Chávez retiene a las transnacionales españolas, sobre todo de Telefónica —unos 1.500 millones—, el BBVA, la propia Repsol y Air Europa. Mapfre acabó reinvirtiendo localmente los dividendos que no pudo repatriar. Chávez hizo alusión, sin concretar nada tampoco esta vez, a la prometida participación de empresas españolas en la ampliación del Metro de Caracas y la construcción de vías férreas, o en inversiones en viviendas y energía eólica. Tampoco nada sobre cómo y cuándo indemnizará a los 110 hispano-venezolanos a los que les expropió sus tierras así como y a las prestadoras de servicios a la industria estatal del petróleo que fueron confiscadas en mayo, o cuándo dejará de proteger a los miembros de ETA que hay en Venezuela o a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que a su vez apoyan a la banda terrorista vasca.

Nada más desembarcar en Madrid Chávez se había despachado a gusto hablando de colonialismo y relaciones desiguales con España que él va a remediar, de que hay que acabar con la percepción colonialista de que España es la puerta de Europa de Iberoamérica («Nosotros no hesitamos esa puerta», clamó) o que España es superior a los países latinoamericanos. Parece que Chávez estaba poniendo a prueba el tinglado de las relaciones de Madrid con las repúblicas hispanoamericanas y la diplomacia de este país antes de que comience, en enero próximo, la presidencia española de la Unión Europea y la tan cacareada «sintonía» de Zapatero con Barack Obama. Zapatero necesita el apoyo de Chávez a la Cumbre UE-América Latina que se celebrará durante la presidencia española. Asimismo, Madrid precisa que Chávez no reviente con sus aliados —sobre todo con Cuba, Bolivia y Nicaragua—, las cumbres iberoamericanas cuyo futuro parece pender de un hilo. Recientemente Chávez ha criticado con asperaza que España pretenda sumarse a las celebraciones del bicentenario de las independencias de las repúblicas hispanoamericanas y ha exigido perdón por los excesos de la conquista. Afirmó que «hay quienes pretenden esconder la masacre» en América y que en una ocasión le hizo reproches al rey Juan Carlos por hablar del descubrimiento de América. «Él será monarca en España, pero en América no. Somos nosotros lo que tenemos que celebrar la rebeldía contra España precisamente», clamó.
Chávez afirmó en un tono que resultó pedante que hace diez años, es decir, cuando él llegó al poder, el mundo estaba muerto y la esperanza también, pero hoy es diferente. Aseguró que no es un tirano como dice por ahí; que los gobiernos europeos, incluida España, utilizan las «mentiras y tergiversaciones de la derecha internacional» para perjudicar a América Latina y que la prensa del viejo continente le es masivamente hostil sin motivo —incluido el diario español «El País» al que concedió una entrevista—, al tiempo que volvía a predicar el fin del imperio yanqui y del «mundo unipolar» que –según él— se ha mantenido a flote artificialmente con la ayuda del enorme mercado de consumo estadounidense, sobre la base de un enorme déficit y con una moneda que se está desintegrando.

La breve e inesperada visita del presidente venezolano parece que sorprendió con el pie cambiado al Gobierno español, que en privado no oculta su incomodidad por la llegada del controvertido caudillo latinoamericano. Zapatero lo encajó entre el italiano Silvio Berlusconi, con quien se reunió el jueves, y el francés Nicolas Sakorzy, a quien visitó el mismo viernes. Madrid no ha querido nuevas sorpresas, ni siquiera como la que dio el embajador venezolano en España, Isaías Rodríguez, cuando aseguró el pasado miércoles que el encuentro entre Zapatero y Chávez era para «unir voces» contra el acuerdo que permite a Estados Unidos usar siete bases en territorio colombiano, una afirmación que dejó pasmados a muchos. De hecho, Chávez pidió en Madrid que Colombia dé marcha atrás en el asunto de las bases y que siente a hablar con las FARC, asuntos que España no puede de ningún modo secundarle tanto por su alianza militar con Estados Unidos vía la OTAN y en las bases que hay en España como por la necesidad de mejorar relaciones con Washington y porque ha descartado cualquier solución negociada con ETA al problema del terrorismo.

España puede haber mandado un mensaje equivoco con la visita de Chávez, que se produce unos días después de que Sarkozy estuviera en Brasilia para sellar una alianza cada vez mas intensa y productiva entre Francia y Brasil, país al que la diplomacia española no valora debidamente. Quizás algunos interpreten que España esté diciendo al mundo: «Vale, los francesas tienen a Lula, pero Chávez es nuestro hombre» en América Latina.

Francisco R. Figueroa
franciscorfigueroa@hotmail.com