Sanciones de Bush a Chávez pasan por A. Latina

El dictamen de la Interpol de autenticidad de las computadoras de «Raúl Reyes» y su contenido, con los nexos entre el presidente Hugo Chávez y los terroristas de las Farc colombiana, proporciona a Estados Unidos una herramienta para actuar contra el líder venezolano. Desde el Capitolio de Washington se desaconseja a George Bush aplicar sanciones sin el respaldo de América Latina.

Washington dio de inmediato por valido el dictamen pericial que el secretario general de la Interpol, Ronald Kenneth Noble, divulgó en Bogotá, el jueves último, sobre los equipos informáticos portátiles, cargados de información extraordinariamente valiosa, que fueron hallados en el campamento de Reyes en Ecuador, en la incursión militar colombiana que le causó la muerte el día 1º de marzo pasado.

«El panorama es sumamente inquietante. Hay acusaciones graves de que Venezuela está suministrando armas y apoyo a una organización terrorista», manifestó el portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack. Explicó que Estados Unidos ha tenido acceso a información relevante de las computadoras del fallecido cabecilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y está realizando sus propios análisis.

Las tres computadoras de Reyes y las cinco unidades externas de memoria aprehendidas por los militares colombianos deben aportar información más abundante y valiosa de la poca que hasta ahora ha trascendido. Esos documentos muestran el envolvimiento de Chávez y otros altos funcionarios de su gobierno, civiles y militares, con las Farc, con apoyo político, dinero, armas y refugio. Las Farc están catalogadas como terroristas por Estados Unidos, así como por Canadá y la Unión Europea.

El «zar» antidrogas de Estados Unidos, John Walters, en declaraciones que publicó este último domingo el diario bogotano «El Tiempo», calificó de «muy profundas» las relaciones entre las Farc y el régimen de Venezuela, a la luz de la información contenida en las computadoras de Reyes. Según la revista colombiana «Semana», las computadoras de Reyes demuestran «de manera detallada el escandaloso grado de colaboración del Gobierno de Hugo Chávez con las Farc en los temas militar, político, económico y logístico» durante los dos últimos años. Numerosos correos electrónicos prueban que Chávez ayuda a las Farc a conseguir armas en el mercado internacional.

Chávez -agregó Walters- «tiene mucho que explicar». Se trata de un asunto «muy serio» que requiere «algo más que simplemente negar» como hacen Chávez y su homólogo ecuatoriano, Rafael Correa, también vinculado a las Farc, aunque en menor medida que el venezolano, en la documentación del difunto Raúl Reyes. «Es una vergüenza para los implicados» que han sido «cogidos con las manos en la masa», expresó Walters en esa entrevista.

Pero lo más llamativo de las declaraciones de Walters -quien además recuerda la «crecientes facilidades» de la Venezuela chavista al tráfico internacional de drogas-, es su llamamiento, ahora que se conocen los vínculos de Chávez con las Farc, para que América Latina «asimile» y «reaccione».

Un reciente informe titulado «Jugando con fuego» de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos considera que tras una certificación por Interpol de la información contenida en las computadoras de Reyes sería probable que una presión del Congreso para que el Departamento de Estado cambie su política hacia Venezuela e, incluso, para designar a este país como un estado patrocinador del terrorismo, lo que implicaría legalmente la aplicación de sanciones contra el Gobierno de Chávez.

Pero, por ejemplo, unas sanciones económicas perjudicarían a Colombia porque Venezuela es su segundo cliente tras Estados Unidos con una importancia creciente. Los negocios con Venezuela dan empleo a unos cien mil colombianos y envuelven exportaciones superiores a los cinco mil millones de dólares.

El informe de la comisión senatorial refiere la posibilidad de que la aplicación de sanciones a la ligera lleve a Chávez a movilizar a su favor la opinión pública latinoamericana, donde mayormente no se cataloga a las Farc como grupo terrorista, sino como guerrilla o insurgencia, o afecten el comercio bilateral, entre ellos los importantes suministros petroleros venezolanos a Estados Unidos que Chávez ha amenazado reiteradamente con cortar.


En consecuencia, recomienda diseminar ampliamente la información obtenida de las computadoras de Reyes sobre la complicidad de Chávez con Farc para desacreditarlo por su apoyo ostensible y significativo a una organización terrorista y que el líder venezolano comience a ser visto como un peligro para la región, alguien capaz de desestabilizar o sabotear a cualquier nación que no comparta sus ideas.

Sólo después de un proceso transparente de análisis sería el momento de pensar en acciones, pero dentro de la Organización de Estados Americanos (OEA).

«En otras palabras, si se descubre que Venezuela es cómplice (de las Farc), Estados Unidos debería ser lo suficientemente juicioso para dejar que la dinámica regional agarre su curso. Si Estados Unidos reacciona muy fuertemente, la atención se desplazará de las transgresiones de Venezuela a otro ejemplo de “intervención americana” y tácticas de mano dura», señala el informe.

Francisco R. Figueroa
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