Después de Tirofijo, ¿qué?

Hacia finales del siglo pasado un amigo colombiano me decía en Bogotá, en medio de las negociaciones del presidente Andrés Pastrana con las Farc, que no imaginaba un «Tirofijo» apaciguado, jubilado de la guerra, saliendo de compras del shopping El Dorado con su nieto de la mano. Mi amigo tenía razón: aquellas esperanzadoras negociaciones fracasaron porque «Tirofijo» las dinamitó. El caudillo guerrillero nunca volvió a la vida civil y ahora ha muerto de viejo, con las botas puestas, en el monte al que se echó hace 60 años.

La muerte del legendario Pedro Antonio Marín, de nombre de guerra «Manuel Marulanda Vélez» y el «Tirofijo», que él tanto detestaba, por mote, cuando iba a cumplir 80 años -otros dicen que los 78-, ocurrió el 26 de marzo pasado, a consecuencia de un infarto, en la selva del Meta. Se asegura que murió en brazos de su compañera Sandra y rodeado de su guardia pretoriana. Un ministro con afanes presidencialistas del Gobierno de Álvaro Uribe dio el viernes la noticia como por casualidad a un semanario diciendo que «Tirofijo» se había ido «al infierno de los criminales». Le chafó así a Uribe un anuncio rimbombante. Finalmente, este último domingo, el fallecimiento de «Tirofijo» fue confirmado con pompa y circunstancia por el comandante «Timochenko» (Rodrigo Londoño) que leyó la necrológica por una de las televisoras del venezolano Hugo Chávez. Esto sucedía precisamente en vísperas del 44 aniversario de la fundación por «Tirofijo» de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).

«Tirofijo» arrojó la toalla muy pocos días después de saber que su lugarteniente «Raúl Reyes» (Luis Edgar Devia) había caído muerto en su campamento del norte de Ecuador, en un certero bombardeo de la aviación colombiana; que a otro de sus segundones, «Iván Ríos» (Manuel de Jesús Muñoz), un guardaespaldas comprado por el Gobierno le había volado la cabeza, junto a su amante, y que el brutal «Mono Jojoy» (Jorge Suárez Briceño, el jefe militar de las Farc) se había librado de una celada parecida fusilando a tres de sus gorilas traicioneros. El de marzo fue un mes muy negro para las Farc. Meses antes habían sido abatidos a tiros los comandantes Milton Sierra Gómez «J.J.», el «Negro Acacio» (Tomás Medina Caracas), hombre de las drogas, y Martín Caballero, y capturado el carcelero «Martín Sombra» (Hely Mejía Mendoza), casi tan veterano en el monte como el propio «Tirofijo». Distintos frentes de combate fueron hechos trizas, otros desaparecieron y las deserciones son harto frecuentes: 10.000 en los últimos cinco años y 1.300 desde enero. Posiblemente en vista de la muerte del legendario líder y fundador se entregó recientemente la terrible «Karina» (Nelly Ávila), una guerrillera con una reputación de cruel y feroz ganada a pulso. Por otro lado, las computadoras de Raúl Reyes exponen cada día las tripas podridas de las Farc, sus negocios y alianzas inconfesables.

Uribe sueña con una casi imposible victoria. Es poco probable que los herederos de «Tirofijo» -el intelectual «Alfonso Cano» (Guillermo León Sáenz Vargas), de 59 años, como líder formal y el «Mono Jojoy» como jefe militar- se avengan con el Gobierno. De otro lado, nunca nadie manejará las Farc como lo hizo «Tirofijo» hasta su última hora, de una forma personalista, verticalmente, con la autoridad que le daba ser el fundador de la guerrilla y mito, con mano de hierro, sin que nadie dudara de su liderazgo, teniendo obediencia incondicional, con una sagacidad, una astucia y una malicia primitiva de campesino indio, un hombre terco e indoblegable, hijo de la Colombia profunda, que llegó a comandar un ejército guerrillero de 20.000 combatientes actualmente muy menguado y probablemente desmoralizado. Las Farc llevan demasiado tiempo en el monte sin haber logrado nada y lo que no pudo «Tirofijo» no es posible que lo logre Alfonso Cano, el «filosofo del terrorismo de la barba tupida», como lo llama con sorna Uribe, ni el «Mono Jojoy», respaldado por un historial de brutalidades. Sin la ideología ni los objetivos políticos fundacionales ni más norte que la codicia y convertida en una mafia, ¿terminarán las Farc languideciendo como el Ejército de Liberación Nacional (ELN)? Por mucho que las Farc estuvieran preparadas desde años para la muerte de su líder, los analistas esperan que haya desconcierto, traumas y tensiones entre los herederos y que la organización comience a resquebrajarse.

Francisco R. Figueroa
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