Chávez y las Farc pueden desbordar a Uribe

El presidente Hugo Chávez hace esfuerzos denodados para vencer la firme oposición de su colega Álvaro Uribe a la celebración en Colombia de su encuentro con el cabecilla de las Farc, Manuel Marulanda, el alias de Pedro Antonio Marín, apodado «Tirofijo», para negociar el canje de prisioneros del gobierno por rehenes de la guerrilla.

Visto así y teniendo también presente la urgencia que tienen las partes para efectuar ese canje, parece absurda la obstinación de Uribe. Pero el asunto es peliagudo para el gobierno de Bogotá una vez que ha aceptado a Chávez como mediador. La reunión en territorio colombiano de un presidente extranjero —cualquiera que fuere— con el máximo dirigente de la guerrilla representa para ésta un reconocimiento internacional que nunca tuvo desde que se sublevó en 1964 y da virtualmente al conflicto colombiano una dimensión de guerra civil cuando los distintos gobiernos que ha tenido el país han logrado finalmente exponer ante buena parte del mundo a las Farc como una organización delictiva que practica el secuestro, la extorsión y el terrorismo, que viola los derechos internacionales humanitarios y que está asociada al narcotráfico, muy lejos de la aureola mítica de combatientes revolucionarios antiimperialistas, socialistas y bolivarianos que la guerrilla se atribuye. La Unión Europea, Estados Unidos y otros países, como Canadá, por ejemplo, consideran a las Farc un grupo terrorista.

Precisamente las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) acaban de lanzar un manifiesto de Raúl Reyes, alias de Luis Édgar Devia, uno de los principales lugartenientes de «Tirofijo» y portavoz de esa organización armada. El manifiesto está dirigido a todos los gobernantes del mundo en busca del «reconocimiento del estatus de beligerancia», al tiempo que reitera la disposición «al diálogo y el entendimiento». Alega que ese carácter «de fuerza revolucionaria que se perfila como opción de poder, es decir, de fuerza beligerante» le ha sido reconocido por los gobiernos de los países que «han jugado el papel de garantes o facilitadores en dichos procesos». Reyes se está refiriendo a naciones de la Unión Europea como Francia y España, así como Suiza, que han actuado de medidores de un acuerdo humanitario y Venezuela, que ahora facilita el canje. «En todo momento hemos demostrado cumplir sobradamente con los requerimientos para que nos sea otorgado el estatus de Beligerancia», arguye Reyes, quien no solo agradece la labor de Chávez sino que ha allegado a mencionar el apoyo recibido del Movimiento de los No Alineados, Brasil, Nicaragua y Francia.

Si nadie lo remedia, las negociaciones van a arrancar el ocho de octubre próximo, coincidiendo con el emblemático cuarenta aniversario de la muerte de Ernesto «Che» Guevara, ejecutado clandestinamente en 1967 cuando andaba alzado en armas en Bolivia, por soldados del gobierno local y agentes de la CIA estadounidense. Ese encuentro será posiblemente en Caracas y en el palacio presidencial de Miraflores, a donde debe acudir el propio Reyes, quien aparece como virtual «número tres» de las Farc en su página web. Esa reunión de Reyes con Chávez seguramente será revestida de un fuerte pompa política y tendrá un gran brillo mediático. Marcará el inició de las negociaciones y está planteada con una «reunión previa» al encuentro de Chávez con Marulanda que con tanto ahínco buscan tanto el líder venezolano como la guerrilla.

La mediación de Chávez, aceptada por Uribe en la reciente reunión entre ambos del 31 de agoto, fue saluda por las Farc, que se refirió al gobernante venezolano como «el hombre que llegó de Caracas hablando de Humanidad y de su inmenso amor por Colombia» y «el más rutilante oficial de los soldados de Bolívar, que regresa en el sueño colectivo de independencia, justicia y dignidad…». Consciente de la afinidad idelógica entre Chávez y las Farc, Uribe aceptó una reunión entre ambas partes con la codición de que se realizara en Venezuela. Pero las cosas parece que se le han ido de las manos al presidente colombiano.

El presidente venezolano, desde su primera propuesta, insiste erre que erre en su disposición a ir a «las profundidades de la selva colombiana a conversar con Marulanda». El pasado domingo Chávez ha vuelto a la carga en su programa de radio y televisión, con argumentos como que «es una necesidad para mí hablar con Marulanda porque si no se nos va a enredar esto como se le ha enredado a todo el mundo», dijo en referencia a los fracasos en que hasta ahora han acabado todas las negociaciones con las Farc. «Amigo Uribe: usted me pidió ayuda o yo quiero ayudar. Pero ayúdeme usted a mí a hablar con Marulanda en Colombia. Si hiciera falta se nos unirá el presidente francés, Nicolas Sarkozy, que está dispuesto a viajar a Colombia». Marulanda había mandado previamente recado de que no podría desplazarse hasta el Palacio de Miraflores de Caracas.

Chávez insistió después de haber recibido diferentes negativas de Uribe. Las primeras fueron diplomáticas y corteses, en el sentido de que esa reunión en territorio colombiano era inviable y que resultaba imposible garantizar su seguridad en Colombia, al tiempo que se recordaba que la autorización de Uribe era para una reunión en Venezuela con un delegado de las Farc. Tras la abudancia de Chávez, se esucharon respuestas contundentes, claras y directas: «Es una burla proponer lo imposible», dijo, por ejemplo, el ministro colombiano de Interior y Justicia, Carlos Holguín. Por último Uribe, aparentemente molesto con el asunto, respondió a los periodistas: «Lo dicho no hay que repetirlo (…) ustedes conocen mi posición sobre ese aspecto», dando por zanjado el asunto. El gobierno de Bogotá incluso le ha pedido a Chávez que trate el asunto de forma más discreto en lugar de a voz en grito por sus abigarrados programas radiotelevisados.

Pero Chávez ha vuelto a la carga aduciendo que para lograr el acuerdo humanitario de canje de prisioneros por rehenes «se necesita mucha comprensión». Incluso dijo que Marulanda había propuesto que el encuentro fuese en San Vicente del Caguán, el mismo escenario de las negociaciones durante el gobierno de Andrés Pastrana, que terminaron con un fiasco en el 2002.

La posición de Chávez fue reforzada desde Francia por un portavoz oficial que confirmó que Sarkozy está dispuesto a viajar a Colombia para lograr el canje. Parece que Chávez y Sarkozy hablaron sobre ello por teléfono días atrás. Sarkozy está, sobre todo, interesado en la liberación de la franco-colombiana Ingrid Betancourt, que era candidata presidencial en Colombia cuando cayó en poder de las Farc en febrero del 2002. Aparentemente obcecado con la liberación de Betancourt y el rédito político que ella tendría, a Sarkozy no parece importarle las implicaciones de un encuentro en Colombia entre Chávez y Marulanda.

En cuanto a Estados Unidos, guarda un cauto silencio ya que hay tres norteamericanos implicados en el canje. Además, la Farc pretende que entren en el cambio dos guerrilleros («Simón Trinidad» y «Sonia») extraditados y en manos de la justicia estadounidense.

Chávez le ha pregunta a Uribe que qué pierde con su encuentro en Colombia con Marulanda. Uribe gana la liberación de una cuarentena de rehenes —asunto por el que hay un clamor en Colombia— a cambio de 500 miembros de la Farc (diez por uno en promedio), pero ninguna garantía de que se vaya a avanzar en un verdadero proceso de paz que libre a Colombia de una pesadilla que ya dura casi medio siglo. Chávez ampliaría su fuerza en la región y robustecería internacionalmente su desaliñada imagen. Le haría el favor de su vida a sus correligionarios de la Farc. Sarkozy exhibiría una nueva baza, como cuando la liberación de las enfermeras y el médico bulgaros condenados en Libia. Las Farc recibirán un reconocimiento internacional que nunca tuvieron, avanzarían en su pugna para ser consideradas una fuerza beligerante e infrigirían al gobierno colombiano la más contudente derrota en el campo de la diplomacia. La política de Uribe contra la guerrillera puede retroceder a hoja cero.

Francisco R. Figueroa
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