Ladrillos en el aire

El sector español del ladrillo está patas arriba. Algunos hablan del fin de una era de esplendor. Otros de que el desplome en curso de los valores en la bolsa de las inmobiliarias es el primer aviso, el pistoletazo de salida de una crisis de consecuencias imprevisibles, o que el sector de la construcción paga por su mareante revalorización.

Hay quienes afirman que la famosa burbuja inmobiliaria española ha estallado finalmente y sus efectos serán contagiantes a sectores afines, como la banca, que tiene 740.000 millones de euros en hipotecas. Todo ha ocurrido tan rápido que pude resultar prematuro sacar conclusiones, excepto que ha habido pánico.

La verdad es que en el «martes negro» 24 de abril de 2007 hubo un desplome bursátil del sector arrastrado por el «efecto Astroc», una inmobiliaria de carrera tan fulgurante para arriba como la que ahora está teniendo hacia abajo.

En los dos últimos meses, Enrique Bañuelos, mentor y principal accionista de Astroc Mediterráneo, ha visto convertirse en humo sobre el parqué de la bolsa el 78% del valor de su empresa. La mayor pérdida ha ocurrido en los últimos siete días, sobre todo en dos jornadas de fortísimas contracciones. En una perdió un 43% y en la otra un 37%. Lo que en febrero último valía cien euros hoy no pasa de veintidós.

Los 9.000 millones de euros que sobre el papel llegó a valer Astroc Mediterráneo se han reducido a menos de 2.000 millones por arte de birlibirloque. Bañuelos ha reconocido que su empresa tuvo una revalorización desmesurada. Pasó de menos de siete euros por acción a 75 en el lapso de nueve meses. Ahora está sobre los 16 euros. Puede que la diosa fortuna haya abandona a Bañuelos justo cuando había sido encumbrado en el Olimpo de los cien mayores multimillonarios del mundo. Bañuelos ha salido de ese muy selecto club a mayor velocidad de la que entró. De todos modos, pese a tan dura caída, el valor de Astroc aún es el doble que cuando salió a bolsa hace tan solo once meses y Bañuelos es un hombre muy rico.

Bañuelos, un empresario con poco brillo mediático, es el mejor exponente del grupo de empresarios españoles que amasaron fortunas en hormigoneras, de forma meteórica, un prodigio en el que ha tenido mucho que ver el toque con la varita mágica de los políticos y las recalificaciones de terrenos para uso urbano. En el caso de Astroc, en las costas de la Comunidad Valenciana, donde Bañuelos asegura que aún dispone de cinco millones de metros edificables.
En el ránking mundial de «Forbes» de 2007 entraron 48 nuevos multimillonarios. Una decena eran esos «señores del ladrillo» españoles que se hicieron multimillonarios en la construcción y los que la revista atribuye una fortuna en conjunto de unos 20.000 millones de euros. Ahora parece que los ladrillos caen sobre sus cabezas, de golpe.

Bañuelos se había convertido en el tercer hombre más acaudalado de España y la sexagésima primera fortuna del mundo con casi 5.700 millones de euros. Cada uno de ellos han igualado –y algunos superado- la fortuna de clásicos españoles en la lista «Forbes» como las hermanas Koplovitz (Esther y Alicia) o Emilio Botín.

De todos modos, Bañuelos no ha quedado como un hombre pobre. Tras el descenso vertiginoso de su fantástico patrimonio se sitúa, más o menos, a la par que Donald Trump, que ahora está allá por el puesto 314º de la lista de «Forbes». Así pues, aún no se puede hablar totalmente de McPatos (Tíos Gilitos) desplumados.

La cuestión ahora es ver la dimensión que toma esta crisis y cómo afectará al precio de la vivienda y, por tanto, al bolsillo de los españoles. Las amartras saltarán cuando los valores hipotecados superen el precio de los inmuebles.

Francisco R. Figueroa