El FMI da la razón a Fidel Castro

El Fondo Monetario Internacional (FMI) le ha dado la razón al líder cubano, Fidel Castro, sobre los biocombustibles al afirmar que promover el uso a gran escala de los carburantes de origen vegetal puede acarrear problemas pues elevara el precio de los alimentos en todo el mundo, en concreto del maíz, la soja y el trigo.

Recientemente Castro había censurado de forma violenta el uso de tierras de cultivo con la finalidad de destinar la producción a la obtención de combustibles biológicos. La demanda exagerada de los cereales y plantas oleaginosas de los que se extrae el etanol para alimentar los «voraces automóviles de los países ricos» representa, según Castro, un «colosal derroche» y –lo que describió de forma tan gráfica como dramática, la «condena a muerte prematura por hambre de más de tres mil millones de personas en el mundo». Antes que Castro habló en el mismo sentido el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Ambos lo hicieron a raíz de los acuerdos de cooperación sobre etanol que fueron hechos con ocasión de la etapa brasileña de la reciente gira latinoamericana del presidente estadounidense, George Bush. De modo que convirtieron el etanol en combustible para alimentar su ideológica «antigringa». Pero hasta ese momento Chávez era proclive a los biocombustibles, tanto que en su país se usan, y a Castro no le eran antipáticos.

Charles Collins, un especialista y analista del FMI, ha expresado la preocupación de la institución por la promoción que de los biocombustibles hace, fundamentalmente, el presidente Bush y también en la Unión Europea. Parece que a Collins le preocupa el uso de los cereales, es decir, de alimentos, para su destilación en alcoholes combinables con las gasolinas o sustitutos de las mismas en la combustión de los motores de los vehículos.

Los biocombustibles es negocio cuando el barril de petróleo vale más de 30 ó 35 dólares. De hecho, el etanol como carburante de motores comenzó a ser desarrollado por Brasil a raíz de las crisis del petróleo de los años setenta del siglo pasado que hicieron trepar el precio del crudo de 2,90 a 34 dólares el barril. Actualmente el precio del barril ronda los 60 dólares, con tendencia al aumento por el incremento notable del consumo que se espera debido, sobre todo, a la creciente demanda en los países emergentes. De ahora al 2030 se espera un aumento del 70% de la demanda de crudo por el aumento del consumo en China, India y los países de la OCDE, el club de los ricos. Esto seguirá haciendo rentable la producción de biocombustibles. De modo que una mayor demanda de etanol presionará al alza el precio de los granos y los demás productos agrícolas de los que se extraen los biocombustibles. Así se espera que el maíz suba un 20% hasta el 2010 y un 40% para diez años después, el trigo el 10% y el 30%, respectivamente, y la yuca (mandioca) un 30% y un 140%.

Una buena parte de los biocombustibles que se usan actualmente (45%) en todo el mundo proceden de la caña de azúcar y tiene a Brasil el productor pionero y más emblemático. Mientras, Estados Unidos usa, sobre todo, el maíz. En naciones tropicales como Brasil, un mayor espacio para el cultivo de la caña lleva aparejado el riesgo de substraer aún más terreno al imprescindible bosque amazónico. Mayor deforestación, pues. Brasil está empeñado en producir más etanol pero también en desarrollar el biodiesel. En ese país el 53% de los vehículos nuevos llevan motores que funcionan indistintamente con etanol, gasolina o mezcla. Los biocombustibles en Brasil equivalen a casi un cuarto de millón de barriles diarios de crudo.

Brasil defendió su etanol del fuego amigo de las críticas de Castro y Chávez. La voz fue alzada por el brazo derecho del presidente Luiz Inácio Lula da Silva para cuestiones de política externa. Se trata de Marco Aurelio García, un ministro de Relaciones exteriores en la sombra y un hombre de absoluta confianza de Lula da Silva. Amigo de Castro, de Chávez y de los demás dirigentes izquierdistas latinoamericanos, el profesor García habló de incomprensión en la posición del líder cubano. «El problema del mundo es la falta de renta, no de alimentos», dijo. Explicó que Brasil no reducirá las áreas sembradas con alimentos ni afectará a la selva amazónica. La Venezuela de Chávez, la Bolivia de Evo Morales o el Ecuador de Rafael Correa están interesados en el desarrollo de los combustibles alternativos de procedencia vegetal, recordó García.

Francisco R. Figueroa