Brasil: Santa Marina contra Lula el hechicero

12 octubre 2013
 
El último sondeo publicado del atinado instituto Datafolha confirma que Marina Silva es el obstáculo mayor para Dilma Rousseff en su búsqueda de la reelección como presidenta de Brasil, entre todos los rivales posibles.
 
Pero si las elecciones fueran hoy Dilma derrotaría sin paliativos a Marina. La actual presidenta de Brasil ganaría la primera vuelta electoral sin la preceptiva mitad más uno de los sufragios, con el 37% frente al 28% de Marina. En el segundo turno Dilma obtendría la ansiada reelección por 47% a 41%.

Este es el panorama cuando falta un año para las presidenciales brasileñas. La encuesta fue hecha al calor de la inesperada alianza de Marina con el socialista Eduardo Campos, que aspira también a ser candidato presidencial en 2014. La encuesta de Datafolha muestra a las claras que Marina es mejor aspirante que él.

Maria Osmarina Marina Silva Vaz de Lima, conocida como Marina Silva, de 55 años, es la voz más potente de «los verdes» brasileros. Posiblemente sea entre tantísimo político que hay allí la figura más apreciada por el movimiento de los indignados.

Como escribía Juan Arias para El País, Marina es una mujer con fama de integridad política y de arraigados valores éticos.

Para algunos es «santa Marina»; para otros una fanática fundamentalista de la jungla que va contra el progreso en un país donde el negocio agrario está en auge y representa más de la cuarta parte del PIB brasilero.

Evangelista fervorosa, alfabetiza en la adolescencia, de niña fue «siringueira» (extractora de caucho) y de joven abrazó el marxismo. Fue compañera de fatigas y luchas del ambientalista amazónico Chico Mendes, al que unos estancieros asesinaron por su activismo.

En política Marina ha sido casi de todo: concejala (1989-90), diputada federal (1991-94), senadora (1995-2011) y ministra (2003-08). Iba al despacho oficial de la Explanada de los Ministerio en transporte público desde el suburbio pobre de Brasilia donde vivía. Nada del boato tan ostentoso en la vida pública brasilera.

Al cabo de casi 30 años desistió tanto del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) como de su líder, el ahora expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. Tragó sapos y culebras, hasta que dijo basta si levantar mucho la voz. Se fue sin dar un portazo disconforme con la metamorfosis de Lula y su partido en el poder.
 
Fue candidata presidencial «verde» en 2010. Logró casi el 20% de los votos, por encima de todas las previsiones. Dilma ganó y sucedió a Lula, su Pigmalión. El exmandatario continúa siendo su principal valedor y ya está de nuevo en las trincheras combatiendo por la reelección.
 
Marina quería volver a ser candidata en 2014. Pero la justicia electoral ha rechazado la legalización de su nuevo partido, en una muestra del temor que le tienen en los estamentos progubernamentales.
 
Para driblar la situación se ha afiliado temporalmente y por sorpresa al  Partido Socialista Brasilero (PSB), cuyo líder, Eduardo Campos, pretende hacer la carrera presidencial. El PSB solo es un partido medio. Por sí mismo no va  muy lejos. Es la séptima fuerza parlamentaria (no llega al 7% de los escaños) entre una treintena de formaciones, la mayoría raquíticas.
 
De momento se desconoce si el candidato presidencial será ella o él. Ambos siguen comportándose como si lo fueran. Él de una manera más ostensiva que ella. No se aclaran porque no es prudente hacerlo a un año vista. Seguramente estén tanteado fuerzas.
 
Campos es un perfecto desconocido a nivel nacional pues solo ha hecho política en su estado natal, Pernambuco, el mismo de Lula, del que es gobernador. También fue un gris ministro de Lula y diputado federal. En tanto, ella es bastante conocida y goza de un apreciable predicamento.
 
De aquí a octubre de 2014 (la primera vuelta debe celebrarse el domingo 5) el camino está lleno cepos y toda clase de marrullerías. Por lo pronto hay dos exministros del PT unidos para tratar de derrotar al PT. Particularmente el adversario de quien quiera de ambos que sea es ese gran elector llamado Lula, político avezado, experto en artimañas y veterano de todos los comicios celebradas en su país desde el retorno de la democracia hace casi treinta años.
 
 

 
 

1 comentario:

Carioca dijo...

¡Gran Figueroa! Qué placer volver a leer en tu página comentarios tan iluminadores y certeros sobre el "impávido colosso" "gigante pela propria natureza".
Sin duda, Marina ha sido una figura muy destacada en la política brasileña por su coherencia y por su poco apego al cargo, cosa insólita entre la fauna política.
Pero en Brasil el poder de los fazendeiros llega a todas partes, y no creo que permitan a Marina presentarse. Al final, el candidato será Eduardo Campos, rival mucho menos peligroso y, en el peor de los casos, hombre seguramente mucho más manejable.