Botín acaba una aventura tropical

La aventura tropical que el poderoso banquero español Emilio Botín, de 74 años, inició en Venezuela en 1996 ha resultado para él, pese a todo, un buen negocio, que ha sucumbido
este viernes frente al frenesí estatista del presidente Hugo Chávez. Solamente en el último de los doce años que tuvo el dominio del Banco de Venezuela, una entidad casi tan vetusta como su propio Banco de Santander, Botín ganó más de lo que pagó por la entidad venezolana en 1996.

Tras un año de tiras y aflojas, Chávez llegó a un acuerdo amistoso por el que paga a Botín 1.050 millones de dólares para que le entregue la entidad que lleva desde su fundación en 1883 el sacrosanto el nombre de la patria que creó su álter ego, Simón Bolívar. Con esta venta el negocio mundial de Botín se ha achicado un 2%.

Cuando compró el Venezuela Botín se las prometía felices. «No nos cabe duda de que nos va a salir bien», respondió entonces a las preguntas que le hice en Caracas sobre los riesgos de invertir en aquel país. Confiaba plenamente en una Venezuela que acababa de ser considerada por la Unión Europea una nación en la que campeaba la inseguridad jurídica. No le importaba tampoco la corrupción, la frágil estabilidad de sus instituciones, la falta de rumbo nacional, la ineficacia rampante, el descrédito absoluto de la política y, en definitiva, una crisis económica, política y social de proporciones gigantescas.

El patrón del Santander dijo que basaba su optimismo en que el presidente venezolano de entonces, Rafael Caldera, le había dado personalmente garantías y también en que durante dos años había meditado «muy, muy a fondo» la situación de Venezuela. «Estamos tranquilos», concluyó. Claro que por aquel entonces nadie contaba con Hugo Chávez. Quizás sólo el propio Chávez, a la sazón un ex militar golpista y ex convicto que hacía proselitismo boca a boca en la semiclandestinidad.

Desde el 2007 –o quizás antes– Botín daba por descontado que el voraz estatismo de Chávez iba a hacer presa en su banco. Por eso lo puso en venta. También Francisco González, presidente del BBVA, suponía que podía perder su Banco Provincial, la otra gran entidad financiera de Venezuela. Varias veces el caudillo bolivariano había amenazado con tomar ambos bancos, una de ellas en venganza por el famoso «¿Por qué no callas?» que en plena verborrea le espetó el rey Juan Carlos en la Cumbre Iberoamericana de Chile. Botín y González sabían que la Venezuela chavista se había convertido en un peligroso pantano.

Chávez prefería el banco de Botín, el más antiguo del país y de nombre tan emblemático para un nacionalista recalcitrante como él. La toma del banco quedó marcada este viernes patrióticamene por el despliegue de una enorme bandera tricolor venezolana sobre la fachada de la sede central del banco, en el centro de Caracas, donde se encontraba Botín. «Creo que el Grupo Santander puede decir que ha tenido un éxito en Venezuela», expresó el ministro de Finanzas, Alí Rodríguez Araque, para quien su Gobierno ha hecho un buen negocio con esta compra.

Por otro lado, el BBVA había contribuido a la financiación de la campaña que llevó al poder a Chávez en 1998. Quizás por eso Chávez haya podido ser más considerado, aunque no se puede descartar que en un futuro cercano estatalice el Provincial, lo que va a depender de su cada día más delgada billetera de petrodólares, o facilite su enta a uno de los llamados banqueros chavistas. EL BBVA ha debido desmentir reiteradamente que el Provincial esté en venta.

Según investigaciones judiciales, el BBVA dio a Chávez al comienzo de su vida política algo más de 1,5 millones de dólares. La mayor parte de ese dinero fue entregado a mediados de 1999 cuando Chávez ya era presidente. Eso puso de evidencia una investigación de la Audiencia Nacional española, fue reconocido ante el juez por altos ejecutivos del BBVA y recibió la confirmación de Luis Miquelena, en la época «cajero» y mentor de Chávez y actualmente uno de sus más encarnizados enemigos.

Un año después de haber anunciado que estatalizaba al Banco Venezuela, Chávez ha podido poner sus pies en la entidad, que tiene 286 sucursales, seis mil empleados y 3,5 millones de clientes. Este viernes fueron traspasadas al Estado la titularidad de casi 3.600 millones de acciones, equivalente a algo más del 98% del capital social del banco, por un importe de 1.050 millones de dólares, que Chávez paga en cuotas: 630 millones en el acto, 210 millones dentro de tres meses y los restantes 210 millones en la víspera del próximo Año Nuevo. Las arcas chavistas no están para alegrías. El 30% de todo eso lo recuperará Chávez en impuestos. Además, Chávez libera para su envió a la casa matriz una parte sustancial de los 444 millones de dólares de beneficios que el banco tuvo en el ejercicio 2008 y que estaban trabados en de los múltiples controles económicos que el régimen venezolano mantiene. A partir de ahora Chávez controla casi la cuarta parte de los depósitos bancarios del país.

El precio final es bastante menor de los 1.400 millones de dólares que había ofrecido por el Venezuela el magnate Víctor Vargas, dueño del Banco Occidental de Descuento (quinta entidad financiera del país) y suegro de Luis Alfonso de Borbón, bisnieto del dictador Francisco Franco, sobrino por parte de primo-hermano del rey Juan Carlos, duque de Anjou y pretendiente de una quimera llamado trono francés. Esa operación fue vetada por Chávez, aunque se hacen muchas conjeturas sobre las relaciones de Vargas con el régimen venezolano y también sobre que ha consolidado su fortuna a la sombra de la revolución bolivariana.

La voracidad estatista de Chávez le ha llevado a apropiarse casi de un centenar de empresas grandes, medianas y pequeñas, de los sectores de telefonía, electricidad, siderurgia, cemento, petróleo y ahora bancario, todas ellas consideradas estratégicas para su proyecto socializante. Intereses de España, Estados Unidos, Francia, México, Argentina y Suiza han sido nacionalizados por Chávez. Fuentes venezolanas calculan que se ha gastado unos 23.000 millones de dólares, equivalente al 75% de las reservas del internacionales venezolanas. Debido a los procesos de nacionalización, tiene litigios abiertos con las petroleras estadounidenses ExxonMobil y Conoco Phillips, y la cementera mexicana Cemex, que envuelven unos 7.000 millones de dólares. Chávez tiene ya 2,2 millones de empleados en su nómina en un país donde 95 de cada 100 dólares que entran provienen del petróleo.

Francisco R. Figueroa