Los pecados de Baduel

El general retirado venezolano Raúl Isaías Baduel, de 53 años, es un hombre de fuertes convicciones y seguidor del taoísmo. Pese a él se ha convertido en el más sobresaliente adversario de Hugo Chávez y posiblemente sea uno de los que mejor lo conocen. Hoy está arrestado. Está acusado de sustracción de millones de dólares de las Fuerzas Armadas. Pero puede tratarse de una artimaña.

Baduel y Chávez fueron compadres y camaradas desde principios de los setentas. Soñaron juntos. Ambos eran dos de los cuatro hermanos de la fraternidad del Samán de Güere, los oficiales carbonarios venezolanos que en 1982 pusieron bajo ese mítico árbol el huevo del que acabaría naciendo la «revolución bolivariana», un juramento a imitación del que pronunció Simón Bolívar en el Monte Sacro de Roma. Baduel se abstuvo de participar en las cruentas intentonas golpistas habidas en Venezuela 1992 porque, al parecer, estaba en contra del uso de la fuerza para llegar al poder, con el consiguiente derramamiento de sangre.

Como cabecilla del primero de aquellos alzamientos, Chávez fue al presidio. Su fraternal amigo no le abandonó. Compartieron ideales y proyectos durante el tiempo que Chávez estuvo en la penitenciaria de Yare, después de que fuera sobreseída su causa y hasta que las elecciones de 1998 les dieron el poder. Baduel iba montado en el carro de la victoria. Fue secretario privado del flamante jefe de Estado. Luego pasó a comandar estratégicas fuerzas de combate.

Fue precisamente Baduel –con una treintena de sus mejores paracaidistas–, el «héroe» que devolvió al poder Chávez tras su derrocamiento en los trágicos sucesos de abril del 2002. Así se convirtió en el segundo hombre más fuerte de Venezuela detrás de Chávez. Más tarde este antiguo alumno de la Escuela de las Américas, de la que guarda solo buenos recuerdos, fue sucesivamente comandante general del Ejército venezolano y ministro de la Defensa, con el mayor rango de General en Jefe raramente concedido por Chávez a otro militar.

Baduel nunca se dejó seducir por los incesantes cantos de sirena que le animaban a dar un golpe de Estado contra Chávez. Siempre estuvo apegado a la legalidad constitucional, hasta que Chávez decidió cambiar las reglas del juego.

A partir de julio del 2007, con su pase al retiro, comenzó un distanciamiento de Chávez que acabó en brusca ruptura, preocupado por el cariz que la «revolución» tomaba, la corrupción rampante, el manejo arbitrario del erario público, la crisis económica, la falta de definiciones de un proyecto socialista cada día más confuso y personalista, el carácter autocrático del comandante, sus afanes por eternizarse en el poder, la cada vez mayor politización de las Fuerzas Armadas y la feroz polarización de la sociedad venezolana.

Con un aguzado sentido de la oportunidad como estratega nato y su recto proceder apegado a la Carta Magna y al carácter profesional de los militares, Baduel se opuso a la reforma constitucional mediante la que Chávez pretendió, en el 2007, acaparar un poder omnímodo. El núcleo de aquella reforma era la reelección indefinida del presidente de la República, que el pertinaz Chávez finalmente ha logrado en un segundo plebiscito celebrado en febrero último.

Ante la desafección de Baduel, Chávez habló de «puñalada» y «traición» y de que su viejo amigo se había convertido en un «peón de la oligarquía», en una «ficha de la extrema derecha». Le supo a cuerno quemado.

Hay quienes afirman que a Baduel le tentó el poder y los que opinan que dio el salto porque presintió que la revolución le iba a dejar botado en la cuneta. Debido a Baduel, Chávez perdió por vez primera una consulta popular. Debido también a Baduel la oposición se reforzó, cobró bríos y tuvo nuevos argumentos. Ese 40% de venezolanos que se opone tenazmente a Chávez se hizo sólido posiblemente gracias a Baduel. El gobernante nunca se lo ha perdonado.

Quienes han tratado a Baduel le consideran a un hombre recto, decente y de principios. Pero este último jueves ha sido arresto a punta de pistola en Maracay. Soldados de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM) interceptaron su auto, le apuntaron directamente a la cabeza y lo llevaron a las prisas sin dar explicaciones a su esposa, que estaba presente.

La Fiscalía Miliar acusa a Baduel de sustraer fuertes sumas de dinero mientras era ministro de la Defensa, asegura que posee «suficientes pruebas» en su contra y afirma que la investigación ha sido «escrupulosa». Baduel ha sido puesto a disposición de un tribunal castrense en Caracas en prisión preventiva a la espera de una acusación formal, que puede demorar mes o mes y medio. Se habla de un faltante de 31 millones de bolívares, algo así como 14,4 millones de dólares el cambio oficial y menos de la mitad en el floreciente mercado negro. En el 2008, en un atropello similar, había sido arrestado y al poco liberado. Nada de todo esto puede ser hecho en Venezuela sin las órdenes de Chávez.

En Venezuela hay una campaña de persecución y hostigamiento de Chávez a sus adversarios, incluida la asfixia financiera a los gobernadores y alcaldes de oposición. Por ejemplo, el alcalde de Maracaibo, Manuel Rosales, la cara más visible de la oposición, también está acusado de corrupción, y se ha escondido reclamando tener un juicio justo. Tres comisarios y ocho policiales acaban de ser condenados a penas que van de los 17 a los 30 años por su alegada participación en la asonada de abril del 2002, servidos en bandeja a Chávez cuando se cumplen seis años de aquellos sucesos, en juicios que el abogado defensor José Luis Tamayo tildó de «manipulados desde las instancias del poder» y de «monstruosidad jurídica».

Baduel ha rechazado los cargos, proclamado su inocencia y aducido que es víctima de una «persecución política» para «callarme» y « amedrentarme». Por su lado, Rosales alega que «Chávez es un cobarde agarrado de los pantalones de los militares y con los poderes controlados». «Todo es una confabulación», asegura. Raúl Emilio Baduel, hijo del detenido, atribuye el proceso a su padre «al liderazgo institucional que tiene dentro de la Fuerzas Armadas».

Son muchos en Venezuela los que hablan de «venganza»y dudan de la seriedad de estos casos por la falta absoluta de garantías jurídicas que hay en el país y la total sumisión a Chávez del Poder Judicial, el parlamento, la milicia y demás estamentos de poder. Mientras avanza, la corrupción entre los seguidores de Chávez, lo que sus adversarios llaman «la robolución» y nada tienen que temer los nuevos ricos –incluidos familiares del presidente– que han surgido, la llamada «boliburguesia».

Francisco R. Figueroa
franciscorfigueroa@hotmail.com