Réquiem por la Teología de la liberación

El papa Benedicto XVI debe convertir la apertura de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano (Celam) en una misa de réquiem por los demonios marxistas que restan de los que surgieron en las reuniones de los obispos de 1968 en Medellín (Colombia) y de 1979 en Puebla (México), en aquel tiempo nuevo para la Iglesia Católica que había abierto el Concilio Vaticano II.

Joseph Alois Ratzinger, el 265º romano pontífice y sexto papa alemán, de 80 años, va a inaugurar, el 13 de mayo, en el santuario mariano de Aparecida, hacia donde los católicos brasileños orientan su fe, la quinta Celam, que reunirá durante 18 días a unos 200 obispos. De la segunda conferencia (Medellín) –la liberación del hombre, el compromiso con la pobreza y la justicia social– y la tercera (Puebla) –reafirmación de la opción por los pobres– surgieron las bases de la Teología de la liberación, un enfoque que el conservadorismo romano considera marxista, un catolicismo revolucionario que detesta el actual papa, un cura dogmático, tradicionalista, de ideología rancia, que fue el furibundo brazo armado de la Iglesia contra ese movimiento en sus tiempos al frente del antiguo Santo Oficio de la Inquisición, desde 1981 al 2005, época en la que persiguió y redujo a casi 150 teólogos. Hoy los capataces de la ofensiva en América Latina son los cardenales colombianos Alfonso López Trujillo y Darío Castrillón, y el mexicano Javier Lozano Barragán, que están en las antípodas de los prelados impulsores de ese catolicismo revolucionario liberador, entre ellos Helder Cámara, Óscar Arnulfo Romero, Juan Gerardini, Leonidas Proaño, Samuel Ruiz, Paulo Evaristo Arns, Sergio Méndez Arceo, Raúl Silva Henríquez o Pedro Casaldáliga.

En Aparecida Benedicto XVI tratará seguramente de orientar las discusiones hacia cuestiones relacionadas con los valores esenciales del catolicismo. Serán nuevas directrices a un episcopado latinoamericano dominado hoy por el conservadorismo y la mediocracia, el Opus Dei y otros movimientos ultramontanos tras las renovaciones habidas durante el largo papado de veintiséis años y medio de Juan Pablo II, uno de cuyos brazos armados fue precisamente Joseph Alois Ratzinger, antiguo miembro de la juventudes hitlerianas.

Las tensiones entre conservadores y progresistas posiblemente van a aflorar en Aparecida, sobre todo por venir precedida esta conferencia de la censura al jesuita Jon Sobrino, el teólogo español afincado desde hace medio siglo en El Salvador y uno de los mayores exponentes actuales de la Teología de la liberación que ha sido reducido al silencio, en marzo último, por orden vaticana. Sus enseñanzas fueron calificadas de «erróneas y peligrosas».

El ex sacerdote franciscano brasileño Leonardo Boff, uno de los fundadores y activísimo impulsor de la Teología de la liberación, no duda que así será con un pontífice que propugna el tradicionalismo, que gusta del rito latino, que es contrario a los homosexuales y partidario de excomulgar a los divorciados que vuelvan a casarse, aparte de estar de oficio en contra de los matrimonios gays, el uso de anticonceptivos aunque haya riesgo de que se contraigan enfermedades mortales, de que los curas dejen el celibato, de que la mujer acceda al sacerdocio, del aborto y de la eutanasia.

La censura a Sobrino tiene un significado político clarisimo y un mensaje de advertencia a quienes siguen la Teología de la liberación. Los especialistas opinan que Ratzinger culpa a la Teología de la liberación de la debilitcion de la Iglesia en América Latina. Uno de los objetivos de esta primera visita a América Latina de Benedicto XVI es, precisamente, renovar la fe católica y revetir la tendencia de pérdida de fieles. La conferencia episcopal debia habere realizado en Quito, pero el papa ordenó significativamente mudarla a Brasil, el país con una mayor concetración de católicos en América y donde la Iglesia romana pierde adeptos de forma acelerada.

En esta quinta conferencia general del episcopado latinoamericano, con unas iglesias nacionales dominadas por los ultramontanos, deben imponerse las tesis doctrinales tradicionalistas y neoconservadoras de Benedicto XVI. La Teología de la liberación debe ser de alguna manera rechazada como maléfica para los fieles. La opción por los pobres pasará a mejor vida. Leonardo Boff asegura que esa teología «esta viva y seguirá con vida», que el Vaticano no la va a volver a condenar porque ya lo hizo y que, además, se ha dado cuenta de que «ha perdido la batalla» contra ella. Boff riega su tesis señalando que este papado es de pura transinción y que Ratzinger no tiene un proyecto propio de Iglesia. Sin embargo, admite que el golpe dado a Jon Sobrino tiene como objetivo evitar el resurgimiento de las ideas de Medellín sobre liberación y de Puebla sobre la opción por los pobres.

Francisco R. Figueroa

1 comentario:

Marlen dijo...

Que bueno que sea en este momento en el que se rescate o por lo menos se hable de la Teologia de la Liberacion en pueblos tan vergonzosamente pobres como los de America Latina, donde todavia en cambio de pan y salud, al pobre se le envian Escuadrones de la Muerte en forma de para-militares. Porque es asi como las altas clases sociales conciben al pobre: para ellos hay que acabarlos, torturarlos y enviarlos a fosas comunes, alla donde no puedan alzar sus voces en contra de un estado socialmente fallido!!!