Ordeno, mando y quito

El presidente venezolano, Hugo Chávez, ha dejado muy claro que quienes se opongan a sus planes les quitará el negocio, aunque se trate de un simple carnicero.

Venezuela enfrenta estos días una crisis de abastecimiento de productos de primera necesidad, con escasez de varios alimentos; carnes rojas, pollo, huevos, leche... Su economía está controlada, sometida al proyecto político de Chávez, de cariz comunistoide. Los precios de unos cuatrocientos productos de consumo humano están regulados desde el 2003.

En Venezuela, como en otras partes, los controles económicos provocando acaparamiento, especulación, estraperlo e inflación. El libre mercado tiene su propia dinámica, contra la que demostradamente no vale interponer las divisiones blindadas.

Los productores y comerciantes venezolanos aducen que con los precios regulados por Chávez no les dejan márgenes y que hay casos incluso en los que el precio de venta al público resulta inferior al coste. De modo que muchos se guardaron los alimentos.

La alarma sonó cuando el índice de precios de enero saltó al 2 %. La amenaza de una elevada inflación obligó a Chávez a adoptar varias medidas, entre ellas suprimir el impuesto al valor agregado, aumentar algunos precios y establecer diversos subsidios.

Como los estantes seguían vacíos, el líder revolucionario venezolano optó por meter miedo a todos los eslabones de la cadena comercial. Chávez ha demostrado repetidamente que no avisa en balde. En su mentalidad militar no cabe la desobediencia. En su proyecto revolucionario la oposición es el enemigo y la deserción, traición. En su cabeza parece que hay ideas fijas.
En un discurso, este miércoles, en el Círculo Militar, en Caracas, Chávez amenazó con expropiar los mataderos, frigoríficos, supermercados y almacenes que acaparen alimentos o los vendan a más de lo que él ordene. «No estoy dispuesto a permitir que el pueblo siga siendo atropellado por los especuladores», afirmó.

Sonó a ultimátum cuando dijo que los comerciantes ya están avisados y que solo está esperando a que le den una excusa para quitarles el negocio. Chávez puede cumplir su amenaza de un plumazo debido a que tiene poderes absolutos para gobernar por decreto, para dictar leyes.

«Si siguen empeñados en violar los intereses del pueblo (…) yo les voy a quitar los frigoríficos, les voy a quitar los abastos, les voy a quitar los supermercados y los voy a nacionalizar (…) y los vamos a manejar entre el Gobierno y el pueblo (…) De modo que cuídense, y entre más grandes sean, cuídense más (…) Estoy haciendo un esfuerzo de paciencia (…) Les he mandado mensajes, pero si siguen empeñados en violar los intereses del pueblo, les voy a quitar los comercios», disparó con su conocido torrente de voz.

Desde hoy Chávez gobierna mayormente desde el micrófono. Su afamado programa «Aló, Presidente», que se emitía los domingos, ha pasado a diario. Cada noche, durante al menos noventa minutos, de lunes a viernes, Chávez transmitirá sus soflamas por la radio nacional. Los jueves también el programa será retransmitido por la televisión. Doctrina, credo e ideología se mezclaran con noticias e informes sobre el gobierno, halagos para los subordinados diligentes, coces para los remisos y el azote de siete púas para los enemigos internos y externos, entre otras cosas.

El espectáculo esta servido en este período de definiciones revolucionarias, de consolidación del proyecto político de Chávez.

El proceso revolucionario está inmerso en una etapa de toma de control por el estado de las principales empresas. Las telecomunicaciones, las eléctricas y el sector petrolero operado por empresas transnacionales están siendo expropiados. La revolución continua.

Francisco R. Figueroa
www.franciscofigueroa.es
www.apuntesiberoamericanos.com

1 comentario:

Martin Bolivar dijo...

Perdón, más bien habría que decir que la involución continúa con un populismo que conducirá al fracaso todos los planes del gobierno. Chávez es el nuevo cáncer de América Latina, mejor dicho lo será después de que muera Fidel Castro.