La exhumación del Cóndor

Homenaje a Goulart en Brasilia (14-11-2013)
Tras los casos de Pablo Neruda y Yasir Arafat llega la hora de saber si  João Goulart murió envenenado por sicarios de la dictadura brasilera.

Por primera vez han exhumado a un presidente de Brasil. Ha sido bajo sospecha de asesinato en el ámbito de las tramas siniestras de la Operación Cóndor, orquestada, con posible implicación de la CIA estadounidense, para liquidar a los adversarios de las dictaduras militares suramericanas.

Fuera de Brasil la memoria alcanza a pocos para recordar a «Jango». Así era conocido popular y familiarmente el político socialista que gobernó Brasil de septiembre de 1961 a abril de 1964. Se llamó João Belchior Marques Goulart. 

Era un populista moderado de izquierda que coqueteaba con los enemigos comunistas de Estados Unidos. Practicaba una política externa independiente, contraria a la alineación automática con Estados Unidos. Reató relaciones con la URSS y mantuvo una posición crítica con Cuba pero contraria al entrometimiento de Washington.

Su empeño en sacar adelante políticas nacionalistas y populares le costaron ser derrocado por un golpe militar en el que los intereses de Estados Unidos se aliaron con el conservadurismo más rancio civil y militar brasileño. Fue el primer golpe de la serie orquestada en América Latina por Estados Unidos durante la Guerra Fría para evitar  alegadamente la proliferación del comunismo en el continente.

Goulart con John Kennedy (1962)
Jango apoyaba al movimiento obrero, quería repartir tierras baldías, reformar la educación y la salud, alfabetizar a la gente, revisar las concesiones de explotaciones mineras, subir los impuestos y retener el 10% del beneficio de las multinacionales. Buscaba mejorar las condiciones de vida en Brasil, un país terriblemente injusto.

Pero Estados Unidos vio aquello como el inicio de revolución comunista. Y actuó en consecuencia, incluso con desmesura, según quedó comprobado por numerosos documentos secretos desclasificados. Finalmente no fue necesaria la intervención que estaba preparada. La dictadura militar que siguió duró 21 años.

Goulart murió en el exilio, en Argentina, en diciembre de 1976. Supuestamente por un ataque cardíaco. No hubo autopsia. Apenas el dictamen del galeno local argentino que certificó el óbito y el testimonio de la viuda, Maria Teresa Fontella Goulart, que vio como el infarto lo fulminaba.

Pero hay indicios de que ese ataque fuera consecuencia de la ingestión involuntaria de sustancias químicas letales camufladas en los remedios que el difunto Jango tomaba habitualmente. El Ministerio Público Federal de Brasil investiga esta posibilidad desde 2007. De ahí la exhumación.

Cuenta el testimonio de un uruguayo llamado Mario Neira Barreiro, actualmente preso, que en 2006 confesó haber participado, con otros mercenarios al servicio de Brasil, de un complot para asesinar a Goulart mezclando una dosis letal de un producto —cuyo nombre no recordaba exactamente— con las píldoras que habitualmente tomaba el exgobernante por un problema del corazón.

Pero hay quien considera a ese antiguo sicario uruguayo un megalomaníaco con nula credibilidad y esgrimen su condición de delincuente común con múltiples antecedentes policiales.

Se dieron varias circunstancias. El régimen militar brasilero veía a Goulart como un enemigo capaz de aglutinar las fuerzas democráticas. Por eso lo mantenía vigilando permanentemente tanto en Argentina como en su exilio anterior en Uruguay. La CIA colaboraba en ese monitoreo.

Está comprobado, asimismo, que agentes de la dictadura brasileña entraron en su residencia y robaron documentos. También pudieron colocar el veneno.

Además, en el lapso de nueve meses otros dos líderes demócratas de Brasil murieron en circunstancias extrañas. Uno de ellos también había sido presidente de Brasil. Se llamaba Juscelino Kubitschek y Jango había sido su vicepresidente.

Fidel Castro con Goulart y Kubitschek
Una de las sustancia que pudieron suministrarle a Jango fue escopolamina, conocida también como burundanga. Es una droga capaz de anular la voluntad de las personas. Pero en dosis altas puede provocar complicaciones cardíacas severas, un colapso e, incluso, la muerte.

El cadáver de Jango fue exhumado este miércoles en el cementerio de su localidad natal, São Borja, la cuna de dos presidentes brasileros ubicada en el estado de Río Grande del Sur. Luego los restos mortales fueron trasladados a Brasilia para obtener las muestras, que serán analizadas por dos laboratorios internacionales, y recibir los homenajes que la nación le debía desde hace cuatro décadas. «Mi marido ha sido rescatado de la historia», exclamó la viuda.


El 6 de diciembre, en el 38º aniversario de su muerte, João Goulart volverá a bajar a la sepultura, esta vez con honores de jefe de Estado. Para entonces, probablemente, se habrá apagado el eco de la polémica por el alegado uso político que han hecho de los restos mortales de Jango la actual presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y su Partido de los Trabajadores (PT). En los casi treinta años anteriores con democracia, Jango permaneció extraviado en la historia nacional.

Existen dudas fundadas de que al cabo de casi cuarenta años de su muerte los forenses puedan llegar a  verificar el posible envenenamiento.

En estos días se ha sabido el resultado de los análisis a los restos mortales de dos personalidades sospechosas de haber sido asesinadas.

En el caso del difunto líder palestino Yasir Arafat hay hartas posibilidades de una intoxicación en 2004 con polonio, según los forenses.

Pero en el del poeta chileno y Premio Nobel Pablo Neruda ha quedado descartado el envenenamiento por parte de agentes de la dictadura pinochetista al confirmarse que falleció de cáncer en septiembre de 1973.

En cambio, ya se sabía que el expresidente democristiano chileno Eduardo Frei Montalva, que murió en enero de 1982 de septicemia, fue envenenado con talio y mostaza sulfúrica por la dictadura pinochetista, mientras se recuperaba de una sencilla intervención quirúrgica por hernia de hiato en un hospital de Santiago, según se comprobó tras su exhumación en 2006.

«Estudiamos mucho este caso porque las dictaduras de Chile y de Brasil emplearon métodos semejantes y sus aparatos represivos estaban en contacto para coordinar tareas. Los envenenamientos han sido una técnica utilizada por el terrorismo de Estado para eliminar a sus enemigos sin dejar  rastro», recordó en declaraciones a periodistas la ministra Maria do Rosário Nunes, responsable de la Secretaria de Derechos Humanos de la Presidencia de Brasil.

Uno de los expertos internacionales que intervienen es el cubano Jorge González Pérez, rector de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, que trabajó en Bolivia en el descubrimiento y reconocimiento de los restos de Ernesto «Che» Guevara.

Hay cálculos que atribuyen a la Operación Cóndor haber torturado a unas cuatrocientas mil personas y causado la muerte de cerca de cien mil. Colaboraron los gobiernos militares de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay. Estados Unidos alega que no hay prueba de su participación activa. Pero que estaba al tanto, lo estaba. |||

franciscorfigueroa@gmail.com