Chávez busca vida junto a Fidel

Francisco R. Figueroa / 17 julio 2011

Por vez primera desde que llegó a la presidencia de Venezuela, hace casi doce años y medio, Hugo Chávez ha delegado en sus subalternos algunas funciones antes de viajar a La Habana a tratar de que le salven del cáncer.

Se trata de un puñado de funciones menores meramente administrativas porque el poder real lo seguirá ejerciendo él desde Cuba, donde ha vuelto, sin fecha de retorno a Caracas, para recibir quimioterapia contra un cáncer cuyo tipo, gradación y alcance sigue ocultando.

Chávez no cree en la necesidad de delegar temporalmente el gobierno, como reclama ruidosamente la oposición. De manera que «telegobernará» desde Cuba, mientras el vicepresidente Elías Jaua y el ministro de Planificación, Jorge Giordani, administrarán algunas fruslerías.

Según asegura Chávez, las nuevas tecnologías le permiten gobernar Venezuela desde La Habana. Y rubricará a distancia, para lo que ha puesto en funcionamiento su firma electrónica.

Chávez ni siquiera traspasó el poder cuando estuvo bajo anestesia durante las dos operaciones de emergencia que le hicieron en La Habana, los días 10 y 20 de junio pasado, la segunda de ellas de unas seis horas de duración para extirparle un tumor del tamaño de una pelota de béisbol, con alrededor de siete centímetros de diámetro.

Aparte de que Chávez sea un gobernante omnímodo, narcisista, estridente y desconfiado, ocurre que ni la mayoría en el área oficialista venezolana ni el estamento militar considera capaz de desempeñar las funciones presidenciales al vicepresidente Jaua.

Se trata de uno de los pocos acólitos que siguen al lado del comandante desde los tiempos de las catacumbas y a quien Buenos Aires se negó a recibir como embajador, en 2002, por sus contactos con extremistas argentinos.

Al respecto hay en Venezuela toda clase de rumores. Uno muy extendido apunta que si la enfermedad de Chávez fuera a más, se buscará el modo de convertir en heredero a su hermano mayor, Adán.

El hermanísimo es un estalinista con querencia por la lucha armada. Al menos eso va predicando últimamente. Mantiene importantes aliados militares y es considerado un instrumento de los hermanos Castro, para quienes un cambio de régimen en Venezuela resultaría una hecatombe. Fue embajador en La Habana, donde reafirmó sus viejas convicciones comunistas.

Pero Adán Chávez carece de pedigrí revolucionario ni solvencia política. A su favor juega apenas ser una de las dos personas en las que únicamente confía Hugo Chávez en este mundo, según su ex amante y compañera de lucha Herman Marksman. La otra es, por supuesto, Fidel Castro, quien hizo sucesor a su propio hermano Raúl.

A diferencia de lo que muchos afirman en Venezuela, Adán Chávez, en previsión de una incapacidad permanente de su hermano, no puede ser nombrado vicepresidente por un impedimento constitucional para los consanguíneos del Jefe del Estado.

Para Brasil, Adán Chávez es un serio aspirante a sucesor. Pero para reemplazar a su hermano no bastaría con un nombramiento. Tendría que pasar por las urnas como candidato del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en las elecciones del 2012.

Un escenario improbable por ahora, pero ahí está, cobrando fuerza a medida que pasa el tiempo sin que se conozca la gravedad del cáncer de Hugo Chávez. Nadie a medido el arrastre de votos que podría tener Adán Chávez ni le ha sometido al test de resistencia entre los revolucionarios chavistas. Entre el electorado fiel todo apunta a que encuentra allí bastante repulsa y sería raro que encontrara un fuerte favor entre los independientes, que suponen un tercio del electorado.

En la comunidad internacional del espionaje existe la creencia de que las posibilidades de que Chávez supere el cáncer son significativamente elevadas. De modo que no prevén un cambio en Venezuela.

Hay que recordar que la prima información concreta sobre que Chávez padecía un cáncer partió de la CIA estadounidense. Eso ocurrió bastantes días antes de que el propio gobernante lo reconociera. Pero en realidad pocos conocen el verdadero estado de salud de Hugo Chávez.

Habrá que esperar para ver si las fuerzas, sin duda menguadas por la enfermedad y el duro tratamiento, aguantan para la larga campaña a las elecciones de 2012, cuya fecha está condicionada por la enfermedad del comandante y sus resultados bajo el filo de un espadón después de que el principal colaborador militar de Chávez, el general Henry Rangel Silva, defendiera que los militares no acepten la victoria de un no revolucionario, aunque sea elegido por el pueblo.

Chávez ha preferido volver a La Habana que ir a São Paulo, como le había ofrecido la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, a ser tratado en el muy acreditado Hospital Sirio-Libanés donde ella misma y el mandatario paraguayo, Fernando Lugo, fueron curados de sendos cánceres.

Sin duda que en Cuba Chávez se siente inmensamente más seguro y con los secretos sobre su salud mejor guardados que en Brasil. Además, cambiando La Habana por São Paulo le haría un flaco favor a Fidel Castro ya que estaría diciendo que no confía en la sanidad cubana, que la propaganda castrista presenta como uno de los mayores logros de la revolución.

Chávez ya ha mostrado su deprecio por la medicina venezolana. Ni siquiera ha querido someterse en su país a un tratamiento de quimioterapia que se aplica en todo el mundo de acuerdo a un mismo protocolo. En su paranoia, quizás tema ser víctima de un atentado.

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