El poschavismo ha comenzado

Francisco R. Figueroa / 5 marzo 2012

A pesar del black-out informativo se ha podido saber que el cáncer de Hugo Chávez es incurable. Definitivamente. De modo que al gobernante venezolano, de 57 años, parece que le resta poca vida. Lo que permita la medicina.

Después de una tercera operación en La Habana, que ha seguido a las dos intervención y a cuatro sesiones de quimioterapia de mediados del año pasado, el propio caudillo venezolano ha reconocido este pasado domingo que la enfermedad se le ha repetido y debe someterse ahora a radioterapia. Como es dudo que lo mantuvieran engañado, Chávez mentía cuando proclamaba a los cuatro vientos su curación.
 
Las filtraciones que han traspasado el cerco tendido por La Habana y Caracas han sido certeras. Se sabe que padece un tipo raro de cáncer, que es incurable y que la medicina cubana falló, aunque desde el principio no hubiera mucho más que hacer más que alargarle cuanto más la vida. Esto es lo que van a tratar de conseguir ahora, tardíamente.
 
Por algún tiempo Chávez debe seguir transmitiendo la sensación de estar sanado. Su apariencia le ayudará. Pero a lo sumo en medio año denotará la enfermedad. Lo que dure a partir de entonces es cosa de su naturaleza y de la medicina.

Aunque nadie muere la víspera, Chávez ya es un cadáver desde el punto de vista político. Este caudillo que se creía indestructible se ha agotado en menos de la mitad de los treinta años que planeaba estar en el poder. Para alivio de media Venezuela. Para frustración de Fidel Castro.

Seguramente su ansia de vivir y las drogas posibiliten que llegue a las elecciones presidenciales del 7 de octubre. Pero, ¿en qué condiciones? ¿Como el candidato a la reelección que ahora mismo es? ¿Ya agotado, auspiciando a un heredero? ¿Como otro Fidel Castro, fuente del poder, pero actuando por interpuesta persona? ¿Ausente, al final de la agonía, a punto de expirar? ¿Con el país de luto?

Si siguiera siendo candidato, ¿tendrá condiciones físicas para disputar la dura campaña que se avecina frente al peor rival que haya encontrado nunca, como es Henrique Capriles Radonski, de 39 años, y con la oposición apiñada por vez primera en unas presidenciales?

De aquí a octubre el esfuerzo y la presión deben ser grandes para un hombre tan enfermo. Tendría que echar el resto habida cuenta de que el chavismo perdió la última vez que se midió con la oposición. Eso fue en las parlamentarias de septiembre de 2010. Y desde entonces la situación interna ha empeorado.

Si Chávez llega vivo y gana, habrá que estar muy atento a quien nombra vicepresidente porque ese será el heredero, el llamado a gobernar hasta agotar el sexenio presidencial 2013-2019, el albacea del chavismo y el encargado de intentar mantener las esencias de la revolución bolivariana.

Se trata de alguien que hasta hoy no existe o se vislumbra apenas entre los miembros de una corte de monaguillos, palafreneros, trajineros y jalamecates, que es como llaman los venezolanos a los adulones. No hay un heredero nítido porque Chávez ha impedido el surgimiento de liderazgos alternativos para evitar sombras sobre su refulgente figura.

Mientras haya vida, todo es posible. Pero el conglomerado político de Chávez presenta numerosos grietas. El caudillo es la único fuerza que lo mantiene cohesionado y sin él posiblemente se fraccione y todos vayan al garete.

Las versiones sobre el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, un exmilitar golpista como él, y de su hermano Adán como potenciales delfines son meras conjeturas interesadas sin ningún fundamento.

La última versión está fomentada por La Habana pues Adán Chávez es el hombre de los hermanos Castro, el sucesor que garantizaría la actual ayuda, incluidos 110.000 barriles diarios de petróleo y divisas, vitales para que Cuba no vuelva a la penuria absoluta que conoció tras la caída de bloque comunista, hasta cuando el régimen castrista estuvo mantenido por los soviéticos.

Parece poco probable, aunque no descartable, que Chávez tenga que triunfar después de muerto como un remedo llanero del Cid Campeador ganando batallas a los moros sobre su caballo «Babieca», amarrado en su caso a la silla ideológica de «Palomo», el jaco de Simón Bolívar. La avenida que le lleva al sepulcro no se vislumbra tan corta.

Pero todas son cuestiones que dentro de poco el tiempo responderá. El asunto central es qué pasará en Venezuela cuando Chávez muera. Y esa situación está ahí, a la vuelta de la esquina. Aunque primero habrá que cumplir unas elecciones que se presentan harto complicadas y en las todo se puede esperar para no poder el poder si el monstruo chavista se siente malherido.

Sintiendo que se muere, seguramente los aliados de Chávez que tienen poder real, principalmente los militares, estarán más pendientes de su porvenir que de quien está por irse. Esto es ley humana. Muchos de esos militares estarán con quien mejor mantenga sus privilegios de casta, con quien les llene la barriga con whisky etiqueta azul y los bolsillo de billetes verdes, a pesar de fundamentalistas como el general Henry Rangel Silva.

Es pronto aún para saber qué harían los uniformados frente a un fraude masivo en las elecciones presidenciales de octubre. Hay quien cree que se pondrían del lado de la legalidad. Capriles y sus aliados deben trabajar en esta línea para evitar un potencial baño de sangre.

Entran muchas dudas y preocupaciones cuando se piensa en las masas chavista armadas, dogmatizadas y de obediencia ciega. ¿A quién y cómo responderán en la hora suprema? ¿Defenderán a sangre y fuego el modelo político, sus conquistas? ¿A dónde desembocará el miedo al futuro nefasto sin su presencia que Chávez les ha inculcado?

Y la «boliburguesía», esa nueva casta constituida a partir de 1999 y principal beneficiaria del clientelismo dentro del régimen chavista, ¿pondrá dócilmente el cuello para que se lo siegue la guadaña de quienes consideran contrarrevolucionarios conchabados con el enemigo yanqui?

El epílogo del chavismo ya se escribe. El fin está a la vuelta de la equina.

1 comentario:

Fernando Comas dijo...

"...cuando se piensa en las masas chavista armadas, dogmatizadas y de obediencia ciega. ¿A quién y cómo responderán en la hora suprema? ¿Defenderán a sangre y fuego el modelo político, sus conquistas"

Ya empezaron. Dispararon en Cotiza y el plomo se lo llevó el brazo del hijo de Ismael García pero...detrás estaba la humanidad entera de Henrique Capriles...Lo que viene es "candanga..."