Un avión para los hermanos Castro

El gobierno de Madrid se ha confundido al ofrecer un avión y asilo a Guillermo Fariñas, el disidente cubano que está al borde de la muerte. El jefe del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y su ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, tendrían que haber ofrecido el aparato a los hermanos Castro, en lugar de tratar de sacarlos del apuro. El mundo democrático hubiera celebrado que Fidel y Raúl Castro, los dictadores cubanos al alimón, se exiliaran en la tierra de su padre, emigrante gallego, y permitieran así la tan necesaria transición política en Cuba. Pero eso es una ilusión. Ambos se muestran dispuestos a morir con las botas puestas sobre el cuello de los cubanos.

La diplomacia española obró con torpeza e ingenuidad al creer que un hombre como Fariñas firmemente determinado a morir de inanición, que realiza su vigésimo tercera huelga de hambre (por tanto sabe perfectamente qué hace) y ha entrado en su sexta semana de ayuno, ahora ingresado en grave estado de salud en cuidados intensivos de un hospital de la ciudad de Santa Clara, se avendría a tomar un avión ambulancia para salvar la vida y acabar desterrado en España. Quizás Madrid intuía de antemano la respuesta, porque la oferta era reiterativa, y trataba de hacer un desesperado intento de salvar una conferencia ministerial sobre las relaciones con la Unión Europea prevista para el día 6 de abril en Madrid, que finalmente Cuba ha echado a pique.

América Latina sigue manteniendo mayormente un silencio cómplice sobre la situación en Cuba, aunque hasta el secretario general de la ONU, el surcoreano Ban Ki-moon, ha pedido respeto a los derechos humanos en la isla. Se sumó así a los pronunciamientos y condenas internacionales –la del presidente estadounidense, Barack Obama, entre ellas– que han llovido sobre al despiadado régimen totalitario de los hermanos Castro desde la muerte, el 23 de febrero último, del obrero negro Orlando Zapata tras 86 días en huelga de hambre. La policía castrista continua reprimiendo a los pocos disidentes que osan protestar pacíficamente, como las Damas de Blanco, sin importar sin entre ellos hay bebés, o a los que se interesan por el estado de Fariña. Se ha sabido que otros dos disidentes están también en huelga de hambre. Uno es el médico encarcelado Dersi Ferrer, de 40 años, un preso político recientemente galardonado por Estados Unidos por su corajosa defensa de la libertad. Lleva diez días de ayuno. El otro se llama Franklin Pelegrito del Toro y están en huelga de hambre desde hace un mes en su propia casa en la provincia de Holguín.

A estas alturas de los acontecimientos ha quedado claro que la posibilidad tan buscada por Moratinos de cambiar la Posición Común fijada en 1996 por la Unión Europea, que vincula el diálogo con Cuba a la existencia de gestos aperturistas y la vigencia de los derechos humanos, se volatizó tras la muerte de Zapata, la condena del Parlamento Europeo y el endurecimiento de la represión. Una reunión que iba a realizarse en Madrid el 6 de abril ha sido saboteada por La Habana. La representante de política exterior de la UE, la británica Catherine Ashton, había excusado anticipadamente su presencia por alegados motivos de agenda, aunque queda clara la reunión se había convertido en inoportuna tras el pronunciamiento del Parlamento Europeo, que se hizo incluso con el apoyo de los socialistas españoles del partido de Zapatero. Los planes de Moratinos de cambiar esa política durante el semestre de la presidencia española de la Unión Europea han quedado definitivamente en aguas de borrajas. A los hermanos Castro no les importará pues navegan mejor frente en la confrontación.

Fariñas ha respondido acertadamente al Gobierno español que mande ese avión a Cuba, pero a recoger a los 26 presos políticos que están enfermos en las insalubres cárceles castristas, por los que él está dispuesto a convertirse en mártir, personas que forman parte de un contingente de unos 200 reos de conciencia víctimas del primitivismo de los hermanos Castro.

Hace tiempo que la revolución devora a sus propios hijos, entre ellos Fariñas, de 48 años, que no ha conocido otro régimen político que el de Fidel Castro, a quien sirvió como soldado en la intervención cubana a favor del bando comunista en la guerra civil de Angola. Su padre combatió con los cubanos en el Congo en los años sesentas del siglo pasado con Ernesto «Che» Guevara y su madre desde Sierra Maestra apoyaba a esa revolución convertida hoy en satrapía, con un gobierno que el mundo ha comenzado finamente a percibir como cruel, según dice Fariñas.

La dictadura está en aprietos. Los hijos más dilectos flaquean y los trovadores pierden la fe. Silvio Rodríguez, diputado por el partido único para quien la revolución era «fuente declarada de inspiración», se ha convertido ahora en el trovador infiel, tras decir que «Cuba pide a gritos la revisión de montones de cosas, desde conceptos hasta instituciones». Parece que Cuba ya no va y que Rodríguez no cierra como antes filas con el «amigo y hermano Fidel». Y tampoco Pablo Milanés, que se pronuncia preocupado con el estado de cosas en Cuba. Como afirma desde La Habana Yoani Sánchez en su blog «quienes compusieron el fondo musical que acompañaba la construcción de la utopía han dejado de creer en ella».

Según informaba en días recientes «La Vanguardia» una corriente crítica está abriéndose paso y haciéndose cada vez más audible dentro del régimen cubano. Destacados militantes del Partido Comunista, ex dirigentes del aparato de gobierno, académicos y artistas han decidido salirse del carril para denunciar el inmovilismo neoestalinista de la burocracia dominante y reclamar cambios urgentes y sustanciales en la gestión económica del país y en materia de derechos y libertades, incluidas las de información y expresión, escribía su corresponsal en La Habana.

Francisco R. Figueroa
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