Fujimori: nueva aventura

Una nueva condena, esta vez a seis años, ha puesto fin al vía crucis judicial del ex presidente peruano Alberto Fujimori, que ahora tiene por delante el infierno de la cárcel virtualmente de por vida o hasta ver si su hija mayor, Keiko, gana las próximas elecciones y le indulta.

Hay bastantes posibilidades de que el pueblo peruano vuelva a equivocarse, como hizo con su padre, y escoja para presidenta a la congresista Keiko Sofía Fujimori Higuchi, de 34 años, a juzgar por las encuestas de intención de voto para los comicios del 2011.

Keiko, que tiene dos hijas de un marido italo-norteamericano, lleva plomo en las alas. Pero bastantes peruanos no lo aprecian, no les importa e, incluso, le perdonan. Tampoco los peruanos fueron muy escrupulosos cuando en las elecciones de 1990 rechazaron al escritor Mario Vargas Llosa y se decantaron por su padre, un personaje incierto, de dudosa catadura, un aventurero cuyos genes nipones revueltos con la famosa viveza criolla peruana produjeron un extraño shogun, un pícaro de siete suelas redomado y desalmado que se erigió en dictador en tándem con el siniestro Vladimiro Montesinos, y acabó enfrentando condenas hasta por homicidio culposo, por delitos cometidos durante los diez años que gobernó el Perú. La primera elección de Fujimori fue para muchos peruanos como acto de redención nacional tras el fracaso de la democracia y el espantoso baño de sangre provocado por la guerra interna del terrorismo y las fuerzas del orden, un intento de catarsis nacional que se transformó en un cruel disparate bajo la enésima dictadura peruana.

La última pena impuesta a Fujimori ha sido a seis años de prisión e indemnizaciones que ascienden a 36 millones de dólares por corrupción, espionaje, incluso a su ex esposa, la mamá de Keiko; compra de congresistas y soborno a periodistas con dineros de fondos reservados de los servicios secretos. Esta condena se suma a otras tres por delitos cometidos en el ejercicio del poder, entre 1990 y 2000, la principal a 25 años de cárcel por violaciones a los derechos humanos con homicidios y secuestros. La procuraduría anticorrupción tiene listas nuevas acusaciones contra él, pero la intervención de la justicia depende de Chile ya que el vecino país condicionó su extradición solo para enfrentar los cargos por los que ha sido procesado. Los juicios contra Fujimori comenzaron en diciembre del 2007 luego de su extradición desde Chile, donde había sido arrestado, a petición del Lima, trece meses antes, a poco de llegar por sorpresa a Santiago procedente del Japón, donde vivió como japonés que es los seis años que habían transcurrido desde su espantada del Perú y renuncia a la presidencia por fax.

A diferencia de los tres juicios anteriores que se arrastraron a lo largo de meses, Fujimori decidió en este último declararse culpable tras escuchar los cargos, al parecer para no perjudicar la carrera a la presidencia de Keiko ya que, al pareceer, de los mismos fondos reservados usados para corromper a congresistas y periodistas salió el dinero para pagar los estudio en Estados Unidos de sus cuatros hijos. Keiko Sofía. Hiro Alberto, Sachi Marcela y Kenji Gerardo Fujimori Higuchi se graduaron unos en la Boston University, la tercera en la de Columbia y el pequeño en la de Kansas. El padre adujo que pagó los estudios con la venta de un inmueble, pero parece demostrado que fue los fondos reservados y que el dinero de la propiedad dio vueltas en varios bancos. La vida de millonarios que llevaron los chicos Fujimori en Estados Unidos estaba en fuerte contradicción con los menguados ingresos legales de un presidente peruano, que en su caso eran inferiores a dos mil euros mensuales al cambio actual. En consecuencia, Keiko puede haber cometido un delito de complicidad y estaría encubriendo dineros mal habidos.

Entre los testigos que se iban a citar para este juicio estaban la ex esposa de Fujimori y madre de sus cuatro hijos, Susana Higuchi; el ex secretario general de la ONU Javier Pérez de Cuellar y Vargas Llosa, todos ellos sometidos a espionaje telefónico por los servicios secretos del régimen autoritario y corrupto que encabezaron Fujimori y Montesinos. Al declararse culpable Fujimori ha privado al país de un importante espectáculo mediático. Resta por saber si tendrá alguna utilidad material en la ambiciosa carrera política de su hija. El pueblo peruano tedrá que evitarlo.

Francisco R. Figueroa
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