Stroessner murió en el olvido

Francisco R. Figueroa

✍️16/8/2006

El general paraguayo Alfredo Stroessner, el dictador cuya permanencia en el poder sólo ha sido superada en América Latina por Fidel Castro, murió hoy a los noventa y tres años, en su exilio de Brasilia impuesto tras su derrocamiento en 1989.

Hijo de un emigrante alemán, un bávaro de Hoff, y de una campesina paraguaya, Stroessner había nacido el 3 de diciembre de 1912 en la ciudad de Encarnación, a orillas del río Paraná, fronterizo con Argentina.

El Rubio, como era apodado, llegó al poder con cuarenta y un años, el 15 agosto 1954, aunque ya llevaba algún tiempo dominando la escena paraguaya.

En sus primeros años, acabó con la oposición, incluidos quienes podían amenazar su liderazgo desde el Partido Colorado, la base civil de su régimen; segó cualquier rebeldía hasta en los sueños de los paraguayos e inculcó al pueblo un temor ancestral, misterioso y reverencial.

Con una habilidad innata, moldeó un país pobre, atrasado y supersticioso; acopló la Constitución y las leyes a sus intereses, puso bajo control se dice que hasta los termómetros, para que nunca pasaran de los temidos cuarenta grados centígrados, e hizo que lo reeligieran con religiosa puntualidad cada cinco años, siempre con votaciones abrumadoras, en comicios amañados, y frente a rivales dóciles o colaboracionistas.

Su régimen se basó en el clientelismo, el contrabando, el atraso, la malversación, la complicidad, la obediencia ciega a el Jefe, la adulación y lo que se dio en llamar unidad granítica con Stroessner del Partido Colorado, las Fuerzas Armadas y el Pueblo Paraguayo.

Al cabo de treinta años de Gobierno, esa unidad de granito tenía profundas grietas y terminó saltando hecha añicos el 3 de febrero de 1989, festividad nacional de San Blas, cuando Stroessner fue apeado de los altares del poder, el mito y el culto a la personalidad por su consuegro, el general Andrés Rodríguez.

Stroessner sabía de la agitación militar, pero nunca dio crédito a que se alzaría Rodríguez, un militar que él había encumbrado hasta convertirlo en el segundo hombre más poderoso de Paraguay, que amasó una fortuna a su sombra, y con el que había creado lazos de familia, casando a sus hijos, y relaciones de complicidad, lealtad y camaradería.

Preso en una instalación militar, Stroessner abandonó un país que había sido realmente suyo por treinta y cinco años el 5 de febrero de 1989, bajo el manto protector de Brasil, en cuya capital terminó instalándose.

Vivió sus diecisiete largos años de exilio en Brasilia, alejado de toda actividad, sin más sobresaltos que los causados en Paraguay por los frecuentes rumores de muerte. Durante bastante tiempo vivió pendiente de los programas para niños por la televisión brasileña de la célebre rubia, presentadora y modelo Xuxa (Maria da Graça Meneghel).

Se afirma con convicción que el anciano dictador babeaba viendo a Xuxa, en aquellos programas de televisión donde ganó el apodo de la reina de los pequeñines.

De hecho, el estado de salud de Stroessner fue durante muchos años motivo de conjeturas y leyendas. Cuando estaba en el poder se decía, por ejemplo, que padecía cáncer de próstata o de piel, que éste último era la causa de que nunca estrechara la mano. Estaba también fuertemente arraigada la leyenda en Paraguay de que sufría de un raro mal en la sangre que le obligaba a recibir transfusiones de jóvenes para revitalizarse.

Durante su régimen, su familia, los allegados, los jefes militares y políticos, y una serie de aventureros bien acoplados al régimen amasaron grandes fortunas, según se puso de manifiesto en los juicios que hubo tras la caída de la dictadura.

Con fama de bebedor y mujeriego, sus aventuras galantes eran famosas en Paraguay desde antes de que fuera presidente. Lo mismo que fue el Primer Magistrado, el Primer Deportista o el Primer Trabajador, el Rubio también fue el Primer Falo del país, sostiene en una biografía el periodista paraguayo Bernardo Nery Farina.

Entre la tropa se le admiraba por su hombría. «Mi general es todo un hombre», se decía. Stroessner podía perfectamente haber sido el protagonista de el Chivo, en lugar del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo, aquel personaje temerario, de desbordante sensualidad y codicia descomunal novelado por Mario Vargas Llosa en el 2000.

Se conocen los nombres de varias de las amantes adolescentes y casi niñas que tuvo Stroessner: Tina, Myriam, Blanca... Nery Farina dice que las trataba con suma consideración, que a algunas las dejó embarazadas y a varias les eligió los maridos.

Hay identificado un pintoresco militar ya muerto que conseguía niñas doncellas para el general Stroessner y sus amigos.

De todas sus amantes, Maria Estela Legal, llamada Ñata, fue la más célebre. La conoció con catorce años y fue su amante por dos décadas. Le dio dos hijas, por unas de las cuales tuvo pasión. Precisamente Stroessner huyó de la casa de la Ñata para refugiarse en una instalación militar la noche del golpe de Estado.

Se había casado en 1949 con Eligia Mora —muerta en febrero pasado con noventa y cinco años—, una maestra de escuela con la que para entonces tenía dos hijos: Gustavo Adolfo y Graciela Concepción. Luego nació Hugo Alfredo, conocido como Freddy, que fue yerno del general Rodríguez y murió a causa de las drogas poco después del golpe.

Madrugador, de costumbres castrenses, tajante, duro, aficionado a la pesca, el fútbol y los naipes, algunos de los pocos biógrafos que ha tenido lo han calificado también de cruel, astuto, inescrutable, inteligente, audaz, impávido, siniestro y monstruoso. ✅

franciscorfigueroa@gmail.com

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