Pero si las elecciones fueran
hoy Dilma derrotaría sin paliativos a Marina. La actual presidenta de Brasil
ganaría la primera vuelta electoral sin la preceptiva mitad más uno de los
sufragios, con el 37% frente al 28% de Marina. En el segundo turno Dilma obtendría
la ansiada reelección por 47% a 41%.Brasil: Santa Marina contra Lula el hechicero
Pero si las elecciones fueran
hoy Dilma derrotaría sin paliativos a Marina. La actual presidenta de Brasil
ganaría la primera vuelta electoral sin la preceptiva mitad más uno de los
sufragios, con el 37% frente al 28% de Marina. En el segundo turno Dilma obtendría
la ansiada reelección por 47% a 41%.Brasil: la rebelión de los enanos
11 octubre 2013Los estrategas de Dilma anticipan que dos enanos —por Marina y Campos— no hacen un gigante, y alardean de que la actual mandataria logrará la reelección el cinco de octubre de 2014 en la primera vuelta electoral, algo que el propio Lula nunca consiguió.
franciscorfigueroa@gmail.com
Brasil: matrimonio de conveniencia
Francisco R. Figueroa
✍7/10/2013
Ando detrás de mis amigos de Brasil para que me iluminen sobre el sorpresivo casamiento de Marina Silva y Eduardo Campos.
Ella se ha echado en los brazos de él una vez impedida de concurrir a las presidenciales de 2014 con su propio partido, cuya legalización fue rechazada por la justicia electoral.
Él, jefe del Partido Socialista Brasilero (PSB), fue un notable porteador de las andas de los presidentes Lula da Silva y Dilma Rousseff, dentro de la llamada «base aliada» del gobierno, un revoltijo de oportunistas, pillos, mercenarios y unos cuantos bienintencionados.
Incluso formó parte como ministro del gabinete de Lula, en el que coincidió con ella. Es más, fue ayudado por Lula a ganar dos veces la gobernación del estado natal de ambos: Pernambuco.
Pero Campos retiró oportunamente el hombro de las parihuelas de Dilma y lanzó su candidatura a las presidenciales de octubre del año que viene.
Por su parte, Marina aspiraba también.
Ella ya fue candidata en 2010, cuando logró un apreciable 20 % de los votos o veinte millones de sufragios. Ahora era la principal rival de Dilma, que busca la reelección. Disponía de la segunda mayor intención de voto y se ha abrazado a Campos, cuarto colocado en la carrera presidencial.
Ella salió indemne del Ejecutivo de Lula, pero peleada con el mandatario y su entonces poderosa jefa del Gabinete: precisamente Dilma, por la falta de consecuencia entre las promesas políticas y los actos de gobierno.
Marina es muy bien vista por las redes y los movimientos sociales; y también apreciada por los indignados brasileros, que son legión.
A él su trayectoria le retrata como un político tradicional que anduvo del brazo de algunos notorios canallas de la política brasilera. Incluso por familia: su abuelo era el viejo caudillo socialista pernambucano Miguel Arraes. Hombre con fama de decente, por cierto, aparte de víctima de la dictadura militar.
Es verdad que la política hace extraños compañeros de viaje. Y también de cama.
No veo que tienen en común Marina Silva y Eduardo Campos. La unión de dos candidatos hace la fuerza. Me vale. Por lo pronto sobre la mesa electoral de juego la postura de Campos se ha quintuplicado.
Entiendo asimismo que la novedad pueda atraer al electorado frívolo que vibra con la moda; entiendo también que este coito contranatural que tanto ha excitado a Campos haya podido dejar desplumado a los tucanes, como son conocidos los del Partido de la Socialdemocracia Brasilera (PSDB), tradicional adversario del PT en elecciones, desde hace veinte años.
Hasta entiendo que Lula y Dilma se hayan deprimido porque en lugar de despellejar al acostumbrado tucán en las próximas elecciones tenga quizás como principal rival a dos polluelos de su corral convertidos en gavilanes.
Los primeros picotazos ya están dados: identificar a la pareja Lula/Dilma con la vieja y caduca manera de hacer política y al lulismo como chavismo a la brasilera con arroz y farofa.
Podemos presumir que Campos y Marina necesitan más y más aliados para poder desbancar del poder a los lulistas. Si pudiera ser, tendrían que formar un gran frente contra Lula, que sigue siendo el gran elector.
Entre otras cosas, tendrían quizás que seducir a los tucanes del PSDB, sobre todo al otro nietísimo de la política nacional, Aécio Neves, y trazar alianzas non sanctas con algunos poderosos caudillos regionales.
Y sobre todo prepararse para enfrentar a la tropa de elite de Lula, a los «PT Navy Seals» que ya aprestan armas.
Brasil: Marina relegada
Marina está considerada la primera amenaza al ímpetu continuista del tándem Dilma Rousseff, pupila, y Lula da Silva, su gurú, que se distribuyen doce años en el poder en Brasil y están firmemente decididos a mantenerlo, parece que a cualquier precio. Los sondeos sobre intención de voto sitúan a Marina en segundo lugar.Brasil-elecciones: «O Rei Sol» eclipsado
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva sufrió un notable contratiempo al no ver cumplido su propósito de elegir, el pasado domingo, presidente de Brasil a su pupila, Dilma Rousseff, como él presumía y las encuestas apuntaban.
Eso fue debido a una sangría de votos (unos seis millones) en las dos últimas semanas causada, sobre todo, por un escándalo de corrupción en el corazón del poder muy mal manejado y las ásperas peleas de Lula con los periodistas.
Dilma Rousseff obtuvo el 46,9%, pero necesitaba preceptivamente la mitad más uno para ganar la presidencia. Fue presa del desánimo, hasta que le llegó el consuelo de Lula, acostumbrado a los tragos electorales amargos pues perdió tres presidenciales y en las dos que ganó necesitó disputar la segunda vuelta.
Lula, según testigos, se consoló a sí mismo saboreando la derrota de viejos enemigos suyos en las elecciones parlamentarias y regionales que se celebraron al mismo tiempo. También saboreó la victoria en las legislativas de su Partido de los Trabajadores (PT), que por fin logra ser la primera fuerza parlamentaria brasileña. Junto con sus aliados tendrán el 60% de una cámara bajas, donde un payaso fue el candidato a diputado más votado.
La candidata de Lula se quedó cerca de la gloria, no a causa del empuje arrollador de su principal rival, el socialdemócrata José Serra, que alcanzó un 32,6% de los votos, ni al tesón de la tercera en discordia, la ecologista Marina Silva, la principal beneficiaria de la emigración de votos, que acabó con casi un 20%.
Lo que hizo resbalar a la favorita de Lula en el último tramo de la campaña electoral fue el «efecto Erenice», es decir, las repercusiones de un escándalo de corrupción dentro del palacio presidencial.
Erenice Guerra era desde 2003 el brazo derecho de Dilma Rousseff, tanto cuando era ministra de Minas y Energía como cuando después fue jefa del Gabinete. Al dejar ese altísimo puesto para pelear las elecciones, Erenice Guerra fue su sucesora. Por poco tiempo.
A pocos días de las elecciones Erenice Guerra tuvo que dimitir forzada por Lula tras estallar en la prensa que sus hijos y otros allegados traficaban con influencias. La gente comenzó a preguntarse si ella y Dilma Rousseff conocían esas trapacerías, que se cometían puerta con puerta del despacho de Lula, o cómo se podía confiar en una candidata delante de cuyas narices pasaba la corrupción. Mientras, las frecuentes peleas de Lula con los periodistas alcanzaban cotas inéditas.
El electorado se retrajo como consecuencia. Lula no puede imponer su voluntad a las primeras de cambio. No le bastó proclamar hasta el hartazgo que «quien vota a ella me vota a mi», que Dilma Rousseff era como carne de su carne y parte de su propia naturaleza, para meter a su poco atractiva candidata en el corazón de la mayoría de brasileños, para transferirle a su candidata la mayor parte de esa enorme aprobación popular (80%) rayano en al veneración que él conserva al cabo de ocho años en la presidencia.
No ha habido un cheque en blanco para la mujer que Lula escogió como heredera contra viento y marea, por encima del Partido de los Trabajadores (PT), aunque 30 millones de personas hayan salido de la pobreza gracias a Lula o se crearan 15 millones de empleos o el país haya encontrado ese futuro que siempre el fue esquivo y adquirido una dimensión de potencia.
El «affaire» Erenice Guerra y otros escándalos que han menudeado en la gestión de Lula, así como sus alianzas para gobernar y ganar elecciones con dirigentes políticos de otros partidos con mala o pésima reputación han hechos que bascularan mucho votos, sobre todo de jóvenes, para Marina Silva, una ambientalista, antigua militante del PT y ministra de Medio Ambiente que abandonó el Gobierno desencantada con Lula y enfrentada con la poderosa jefa de Gabinete. Se postuló por el insignificante Partido Verde y finalmente ha logrado eclipsar a ese Rey Sol que es Lula,
Sobre el papel parece más fácil el pacto o acuerdo tácito para la segunda vuelta entre Marina Silva y José Serra. Pero no es posible que la líder ecologista pueda endosar su casi 20% al cualquiera de las otros dos candidaturas. No parece tampoco posible que en el caso de que ella tome una decisión u otra los electores le sigan. Lo natural es que se distribuyan. Dilma Rousseff tiene ventaja pues parte de los votantes de Marina Silva están más cerca del PT.
A partir de ahora, esa mujer de aspecto frágil y de momento no se pronuncia ni tiene prisa es la novia mas deseada de Brasil. Por otro lado, un Lula muy contrariado en sus deseos de haber presidente a Dilma Rousseff en la primera vuelta entrará en la segunda con bríos renovados para que su pupila pueda sentarse en el sillón que él ha ocupado desde 2003 y quizás se lo guarde por si le apeteciera volver dentro de cuatro años.
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