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Brasil: la rebelión de los enanos

11 octubre 2013

Con frieza de forense The Economist ha dictaminado que hay pocos motivos para que los brasileros reelijan a la presidenta Dilma Rousseff en los comicios del año próximo.

Paralelamente, la unión de dos políticos que los portavoces oficiales tildan de «enanos», puede entorpecer los planes de Luiz Inácio Lula da Silva de perpetuar a los suyos en el poder.

El exabrupto del semanario conservador tiene que ver con su creencia de que un país que fue estrella de los emergentes ha podido malograr todo lo bueno que ocurrió durante casi veinte años de aciertos económicos.

Las dos portadas de The Economist que reproduzco aquí son elocuentes en ese sentido: el antes y el ahora.

Tanto es así actualmente para The Economist que ha llamado a la presidenta de Brasil «Dilma Fernández» para compararla con su colega de Buenos Aires, Cristina Fernández, líder de lo que llama «la caótica Argentina».

Lo cierto es que la economía brasileña ha perdido buena parte de su ritmo. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial presionan en pos de ajustes. Aducen, por ejemplo, que la retirada de los estímulos estadounidenses trae aparejados serios perjuicios para los emergentes, que se han beneficiado de la situación.

Eso mientras en Brasil se habla de carestía de la vida, nueva subida del tipo de interés a niveles históricos y la debilidad del crecimiento, que será el menor entre los emergentes para 2014.

The Economist echa por ejemplo en cara la falta de reforma durante los años de la bonanza, la existencia de un estado inflado, la excesiva intervención de Rousseff en la economía, las muchas carencias en infraestructuras, las masas en la calle en multitudinarias protesta por la mala calidad de los servicios públicos, la enorme carga tributaria y un peso de los jubilados propio de los países de la Europa del sur, pero con una proporción de ancianos tres veces menor.

Dilma fue «reluctante o incapaz» de resolver esos problemas y creó otros «interfiriendo (en la cosa pública) mucho más que el pragmático Lula», agrega.

De manera que un mal clima rodea los primeros pero intensos escarceos electorales. El Gobierno cree, al menos de puertas hacia fuera, que no encontrará mayores obstáculos para concretar la reelección de Dilma.

Pero...

La impensable alianza de la segunda colocada en las encuestas, Marina Silva, cuya intención de voto ha llegado al 26%, con el cuarto, Eduardo Campos, ambos antiguos aliados de Lula y de Dilma, ha introducido el desconcierto.

Hasta el momento no se sabe quien de los dos será candidato a presidencial y cual a vicepresidente. Ambos eran hasta ahora por separado «presidenciables». Y así seguirá siendo para evitar una precipitación garrafal.

Quién vaya de candidato a vicepresidente hará el papel de comparsa en la certeza de que en Brasil nadie vota por el número dos y con la posibilidad de quedar políticamente liquidado, cosa a la que no parecen aspirar ni Marina ni Campos.
 
Está por ver si Marina, después de haber sido candidata presidencial en 2011 con el 20% de los votos, asuma en los comicios de 2014 ese papel segundón en beneficio de un político como Campos que no ha sido probado nunca en las urnas a nivel nacional pues sus victorias han sido siempre en su natal de Pernambuco, décimo estado en importancia de Brasil entre las 27 entidades de la federación con una población que es la quinta parte de la de São Paulo y un PIB trece veces menor.

Los estrategas de Dilma anticipan que dos enanos —por Marina y Campos— no hacen un gigante, y alardean de que la actual mandataria logrará la reelección el cinco de octubre de 2014 en la primera vuelta electoral, algo que el propio Lula nunca consiguió.

Campos trata de auparse como una mezcla de Bill Clinton y Tony Blair. Con su Partido Socialista Brasilero (PSB) pretende surgir como una tercera vía entre el PT de Lula, hijo de los sindicatos y la iglesia católica progresista, y el PSDB, una formación de izquierda liberal de origen más elitista e intelectual y parecida a la socialdemocracia europea.

Lula estaba acostumbrado históricamente a medirse en elecciones bastante polarizadas con el PSDB, a los que se habituó a derrotar en las tres últimas presidenciales tras haber perdido en las dos anteriores ante Fernando Henrique Cardoso, el padre de la estabilidad económica brasilera a cuyas políticas él dio continuidad, aunque no así Dilma.

Ante una situación que no es de color de rosa que pinta el oficialismo lulista, las elecciones que vienen prometen ser mucho más interesantes que las dos pasadas, que constituyeron cómodos paseos de Lula y Dilma.

El mayor contratiempo para los planes de Marina y Campos está precisamente en São Paulo, clave en toda elecciones pues representa un cuarto de los votantes y un tercio del PIB nacional. En dicho Estado, los socialdemócratas del PSDB suelen controlar la capital y las principales zonas urbanas y el PT los cinturones industriales, sin oportunidad hasta ahora para los demás.

franciscorfigueroa@gmail.com

Ollanta el prudente

Francisco R. Figueroa / 22 julio 2011

Las primeras decisiones de gobierno retratan al presidente electo peruano, Ollanta Humala, como un hombre prudente, alejado del aventurero Hugo Chávez, a cuya generosa chequera debe la vida, y bastante próximo al pragmático Luiz Inácio Lula da Silva, en cuyo espejo parece estar mirándose.

Pero habrá que esperar al discurso de investidura que Humala pronunciará el próximo día 28 para tener la nueva estampa completa de este antiguo militar golpista que irrumpió en la vida nacional peruana hace solo once años alzándose en armas y que seis años más tarde aspiró por vez primera a la presidencia de su país como una imitación andina del caudillo venezolano, Hugo Chávez.

Los primeros nombramientos de ministros y alto cargos parecen confirmar que el giro de Venezuela a Brasil dado por Humala para optar este año por segunda vez a la presidencia fue por convicción más que por cálculo electoral, como tantísimo le reprocharon sus adversarios.

Con el ortodoxo y librecambista Luis Miguel Castilla (42 años) al frente del ministerio de Economía, la ratificación en el timón del Banco Central del conservador Julio Velarde (59 años), artífice de una eficaz política monetaria durante el gobierno del saliente presidente, Alan García; el moderado Carlos Herrera Descalzi en la cartera de Minas y Energía (ya lo fue en el gobierno de transición de Valentín Paniagua (2000-01) y el economista Kurt Burneo (50 años), un hombre del centrista Alejandro Toledo, en despacho de Producción, el equipo económico de Humala nace con claras hechuras de centroderecha.

Al frente del Gabinete, como primer ministro, Humala ha designado a Salomón «Siomi» Lerner Ghitis (65 años), su asesor más próximo desde hace años. Es un adinerado empresario de origen judío e ingeniero industrial, de pasado revolucionario. Trabajó con el régimen nacionalista de izquierdas del general Juan Velasco Alvarado (1968-75), pero también en el primer gobierno de Alan García (1985-90) -entonces un populista de izquierdas y ahora un derechista- y en el del centrista Alejandro Toledo (2001-06). Ha sido el puente entre el candidato Humala y el empresariado nacional.

Tanto comedimiento ha sido bendecido por los mercados y aplaudido por los peruanos. La transformación de Humala ha hecho que el apoyo electoral puntual de Alejandro Toledo para la segunda vuelta de las pasadas elecciones se haya transformado en un acuerdo de gobierno (habrá varios ministros toledistas) y en colaboración parlamentaria, de la que Humala anda muy necesitado pues su partido solo controla el 36 % del Congreso, de 130 escaños. Entre el partido de Humala (Gana Perú) y el de Toledo (Perú Posible) reúnen un confortable 52 % del parlamento unicameral peruano.

El giro de Ollanta Humala se produce en un momento de declive del caudillo venezolano Hugo Chávez, no sólo agobiado por el cáncer del que le están tratando en Cuba, si no porque su influencia en la región está en decadencia. Ha perdido protagonismo en América Latina y se va aislando en la medida en que su régimen populista y autoritario se confirma como un desastre, sobre todo en lo económico, pese a los ingentes ingresos que Chávez dispone provenientes de las exportaciones petroleras.

El contraste, el éxito de Brasil, antes bajo la batuta de Lula y ahora con su pupila Dilma Rousseff al mando, de políticas ortodoxas y ponderadas con fuerte repercusión social aplicadas por equilibrados y sensatos políticos de extracción izquierdista.

La gran preocupación de los peruanos era que la elección de Humala nublara su futuro y que un eventual gobierno populista, nacionalista y de izquierdas se convirtiera en un freno a la impresionante expansión económica de Perú, el país latinoamericano con mayor tasa de crecimiento. Durante la pasada década el productor interior bruto peruano creció casi un 74 % a una tasa anual en promedio del 5, 7 %. Solo en 2010 su economía se expandió cerca de un 9 %, casi a la par de China.

Humala comenzó la carrera presidencial como un neocomunista papagayo de Hugo Chávez y llega al poder virtualmente abrazado a los tiburones de Wall Street. Sin duda no quiere dar al traste con logros económico de un país como Perú que hace 20 años tenía niveles africanos de vida. Eso demuestra que este exmilitar de pasado turbio tiene una cabeza mejor amueblada de lo que se presumía.

El nuevo mandatario peruano ganó, el pasado 5 de junio, en segunda vuelta, los comicios presidenciales por un escaso margen inferior al medio millón de votos (el 0,02 % del censo peruano, de casi 20 millones de electores) a la neofascista Keiko Fujimori, hija del encarcelado presidente Alberto Fujimori (1990-2000), que cumple 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad y latrocinio.

Cristina en horas bajas

La presidenta Cristina Fernández parece ir, de la mano de su marido, Néstor Kirchner, de desastre en desastre, como refleja la vertiginosa caída del favor popular del 58% al 24% en seis meses escasos que lleva al timón de Argentina.

Ningún otro presidente argentino desde que acabó la dictadura hace 25 años ha recibido en tan poco tiempo tantas críticas ni acumulado tantos conflictos en tantos frentes a la vez, según graficaba la situación una influyente publicación digital suramericana.

El desgaste debe ser compartido porque en Argentina tanto manda, manda tanto, Néstor como Cristina. El poder es allí un bien ganancial desde que él transfirió a ella el bastón de mando, en diciembre último, o quizás desde el mismo instante en que ambos decidieron convertir en asunto de familia la presidencia de la Nación.

Los hechos demuestran que el esposo, que formalmente es el jefe del Partido Justicialista (peronista), mantiene todo su poder en el Ejecutivo. Es el poder «K». En realidad el gobierno de Argentina es un «ménage à trois»: ella (Cristina Fernández), él (Néstor Kirchner) y el jefe del Gabinete ministerial, Alberto Fernández, una especie de mayordomo fiel. Está también el piquetero Luis D’Elía, que hace la colada repartiendo improperios y mamporros. Se gobierna por decreto, con poderes delegados por el legislativo, y en medio de un griterío.

El deterioro de la señora Kirchner se ha agudizado en los dos meses y medio último, en la áspera y descontrolada batalla que libra con los cuatro gremios de empresarios del campo (que suman cerca de 300.000 afiliados) por una subida de impuestos a las exportaciones de granos. Esta batalla ha puesto de relieve el papel decisivo del señor Kirchner en apoyo de la señora Kirchner. El oficialismo tilda las protestas de «desestabilizadoras» y «golpistas» con el ánimo de destituir a la presidenta, a sus impulsores de ser miembros de «la oligarquía» y a la prensa que la apoya de «profetas del odio».

Contribuye negativamente en esa crisis la intransigencia de ambos Kirchner, su mal genio y las maneras de los dos de entender el poder en términos de fuerza y seguir una estrategia del combate frontal a quienes osan oponérseles.

La situación es muy grave en un país que es lo que es gracias a la agricultura. Argentina es el primer exportador mundial de girasol, el segundo de maíz, el tercero de soja y el cuarto de trigo, y ocupa también puestos de relevancia en el comercio de derivados de estos granos.

La crisis le costó el cargo al ministro de Economía, Martín Losteau. A su sucesor, otro Fernández (Carlos), algunos lo ven quemado tras solo un mes en el cargo. La situación ha sido calificada como la crisis más innecesaria e inexplicable de la historia argentina.

Los Kirchner se muestran decididos a hincar de rodillas a los empresarios rurales, a que el campo muerda el polvo de la derrota, aseguran los comentaristas. El estilo de ambos parecer ser consecuencia de la consigna «Perón si, Stalín no» acuñado por los disidentes justicialismo de kirchnerismo, que acusan así de stalinismo al mismísimo señor Kirchner.

La presidenta es famosa por sus arrebatos de cólera y por sus gritos. Desdeña a la prensa, menosprecia a la oposición, es obsesiva y arbitraria, dicen quienes la conocen, según se lee en los periódicos argentinos. Propensa al autobombo, maneja a su gusto las estadísticas y parece que las maquilla tanto como a ella misma. Su marido decapitó el instituto nacional de estadística porque daba datos que a él no le convenían. Los Kirchner basan sus «éxitos» en unas estadísticas manipuladas, alegan sus críticos.

Dicen instituciones privadas que la inflación es el doble o el triple de lo que sostienen los institutos que Cristina Fernández maneja. La Iglesia católica, por ejemplo, critica las cifras oficiales sobre «disminución significativa» de la pobreza. Aseguran los curas que afecta a uno de cada tres argentinos, que hay regiones donde los pobres son una legión del 60% y que cada vez más gente acude a pedir comida a Cáritas. Las cuentas de unos y otros no difieren en poco: se trata nada menos que de tres millones de pobres.

El empleo en la economía sumergida está cerca del 40% de la población activa y la balanza comercial se retrae con una caída del superávit del 30% en abril respeto a un año atrás. En cuanto a la inflación, hay estudios que pronostica que este año puede superar el 20%. Mientras, Argentina es el único país del mundo donde el dólar aumenta de valor y el gobierno, tratando de mantener su precio, quema sumas astronómicas de unas reservas que recientemente marcaron un récord superior a los 50.000 millones de dólares, pero que están menguando aceleradamente. ¿Dónde va a acabar esa coyuntura con crecimiento económico sostenido del 8% anual que tanto robusteció a Néstor Kirchner?

A ello se suma una crisis energética por falta de planificación durante el gobierno del señor Kirchner y también por el desaliento de las inversiones. Los perfiles de esa crisis comienza a definirse de manera dramática con el comienza de la temporada austral del frío. Las restricciones en el servicio de gas natural han sido aumentadas cuando el país sufre estos días una ola de frío polar.

Francisco R. Figueroa
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franciscorfigueroa@hotmail.com