Francisco R. Figueroa / 25 septiembre 2010
La muerte en un bombardeo del jefe militar de las FARC, el «Mono Jojoy» (Víctor Julio Suárez), de 57 años, restó otro amigo al «duce» venezolano, Hugo Chávez, cuya relación activa y solícita con las guerrillas colombianas parece demostrada, aunque ahora mira hacia otro lado en su papel electorero de hombre de paz.
En su momento, si el Estado colombiano lo permite, se verá qué hay en las tripas de las computadoras halladas en la guarida del «Mono Jojoy» y si hay información que apunta a Chávez como hace dos años las computadoras de «Raúl Reyes» (Luis Edgar Devia) mostraron sus relaciones peligrosas con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), una organización que el mundo democrático considera terrorista y el mandatario venezolano luchadores por la libertad y contra el imperialismo.
En vísperas electorales en Venezuela por los comicios legislativos de este domingo, Chávez se ha limitado a lamentar cautelosamente la muerte de un ser humano, al tiempo que hacía votos por la paz en Colombia, en contraste con sus alharacas por las muertes, en marzo de 2008, primero de «Raúl Reyes», el «número dos» de las FARC abatido en otro bombardeo fulminante de las Fuerzas Armadas colombianas, y luego de su máximo cabecilla, «Tirofijo» (Pedro Antonio Marín), de un ataque al corazón o de cáncer.
La «Operación Sodoma», de tan significativo nombre, ha causado la muerte al «Mono Jojoy» en su madriguera en La Macarena, un bunker en medio de la selva en el departamento del Meta, junto a una veintena de guerrilleros, incluida posiblemente la holandesa Tanja Nijmeijer. Ha sido una perfecta operación de inteligencia militar, un ataque fulminante y el más contundente golpe asestado por el Estado colombiano a las FARC, en pleno corazón, en sus más de 45 años de existencia. Para Colombia, según ha dicho su presidente, Juan Manuel Santos, la muerte del «Mono Jojoy» equivale a que el mundo se hubiera librado de Osama Bin Laden.
A estas alturas hay pocas dudas sobre la intensidad de las relaciones de Chávez con las FARC. Campamentos, campos de entrenamiento o descanso y otros santuarios tolerados en Venezuela; facilidades para el tránsito de armas y drogas, entrega de armamento y dinero; apoyo político como el reconocimiento de legítima «fuerza beligerante» e «insurgente» y un «verdadero Ejército»; declaraciones de respeto «al proyecto bolivariano» de los terroristas y otros elogios, apoyos explícitos y manifestaciones de deseo en el éxito su lucha; auxilio alegadamente «humanitario» y hospitalizaciones de heridos; reabastecimiento, terroristas que adquieren la nacionalidad venezolana, monumentos a los caído como «Tirofijo» en una plaza de Caracas, etc. El «Mono Jojoy» le correspondía en el afecto a Chávez, alias «Ángel» para las FARC, y le «entusiasmaba la revolución chavista».
Algunos analistas han interpretado que tras la reanudación, el mes pasado, de las relaciones diplomáticas entre Caracas y Bogota con salida del poder de Álvaro Uribe, Chávez ha comenzando a distanciarse de las FARC, con la petición que les hizo de abandonar la lucha armada y liberar a todos sus rehenes. Sin embargo, hay quienes consideran que se trata de una posición táctica del gobernante venezolano, de una estrategia coyuntural, una conveniencia supeditada a los fuertes vaivenes internos.
Las computadoras encontradas en el campamento en la frontera con Ecuador donde murió «Raúl Reyes» mostraron información sobre armas, dinero y otras complicidades entre el grupo terrorista y el Gobierno de Chávez. En la guarida del «Mono Jojoy« han aparecido 15 ordenadores, 14 discos duros externos y 94 «pen driver»(memorias USB) que contienen infinitamente más información valiosa sobre las actividades de las FARC y sus amigos y cómplices. Colombia filtró información contenida en las computadoras de «Raúl Reyes» relacionada con Hugo Chávez, para dejar en evidencia al gobernante venezolano, con quien había un serio enfrentamiento. Chávez se había metido hasta los corvejones en los asuntos colombianos. También trascendió en aquella ocasión información de las relaciones de las FARC con el Ecuador de Rafael Correa, sin duda para justificar, entre otras cosas, también la necesidad del ataque en territorio ecuatoriano al campamento guerrillero. Sin embargo, apenas se filtró información sobre las relaciones con las FARC de miembro del brasileño Partido de los Trabajadores (PT) del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y de gente importantísima de su gobierno. ¿Qué ocurrirá con lo hallado en los computadores del «Mono Jojoy»? Se sospecha que hay diez veces información más valiosa que en las de «Raúl Reyes». Si se encuentra datos relacionada con Venezuela (apuesto que los hay), va a depender de la actitud que tenga en los próximos meses Hugo Chávez. Desde luego, el presidente Juan Manuel Santos no va a buscar el enfrentamiento gratuito.
La actitud de Chávez en los próximos meses estará relacionada con el resultado de las elecciones legislativas de mañana y la campaña en la que prácticamente ya está metido en busca de la reelección en 2012. En los comicios de mañana busca una mayoría absoluta de parlamentarios que le permita legalizar sus acciones de gobierno, incluidos desmanes y proyectos delirantes, y también seguir gobernando mayormente por decreto con facultades legislativas delegadas por la Asamblea Nacional, como ha hecho mayormente durante la pasada legislatura. La oposición trata de evitar que Chávez no logre esa mayoría suficiente que le permitiría profundizar su «revolución» o, a juicio de sus rivales, el fenomenal desastre económico, social y político que es hoy Venezuela.
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Chávez dispara; Zapatero sujeta el fusil
Hugo Chávez, ayudado quizás inconscientemente por José Luis Rodríguez Zapatero, ha perpetrado un atentado en tres tiempos (por ahora) contra el Poder Judicial español. Los disparos fueron tan certeros que la reacción no se hizo esperar. Además, Chávez y su canciller, Nicolás Maduro, entraron enseguida a rematar con saña. Descalificaron al magistrado español que investiga de manera seria una posible conexión de su gobierno con la ETA, a quien asoció al Partido Popular y la emprendieron contra actual y anterior líderes de dicha formación, Mariano Rajoy y José María Aznar, tachándoles de «mafia», «ultraderecha» e «hijos directos de la dictadura franquista».Venezuela y España emitieron el pasado sábado un comunicado conjunto con la idea de zanjar la crisis desatada por la publicación de un auto del juez de la Audiencia Nacional española Eloy Velasco que puso de manifiesto la cooperación gubernamental venezolana en la colaboración entre la ETA y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) para, entre otras tropelías, colaborar en atentados terroristas en España. Pero sirvió de poco, según lo que Chávez y Maduro dijeron el domingo.
Ese comunicado conjunto convenía a España desde el punto en que Venezuela se unía a la condena al terrorismo, es decir, implícitamente a la ETA, al tiempo que reiteraba un compromiso de cooperación en la lucha antiterrorista. Sin embargo, su segundo párrafo parece contraproducente para España ya al «refutar y desmentir» lo publicado sobre el asunto por los medios de comunicación lo hace también al juez Velasco, pues lo que la prensa difundió no fueron conjeturas periodísticas sino, como recordó Rajoy, un auto judicial basado en una investigación policial. Aunque esa parte del documento la asume expresamente Venezuela, la endosa España ya que se trata de un comunicado conjunto.
La nota oficial hispano-venezolano no mencionó a las Farc. Tampoco podía porque Venezuela, por boca de Chávez y por acto de su parlamento, considera a esa antigua organización armada una «fuerza beligerante» y, por tanto, una de las partes en la «guerra» interna colombiana, aunque el resto del mundo la tilde de entidad narcoterrorista. Tampoco habla el comunicado de la alegada relación entre la ETA y las Farc, sobre lo que se han conocido nuevos detalles publicados por la prensa basados en las mismas investigaciones policiales en las que el juez Velasco fundamento su auto. En ellos aparecen miembros de los servicios de seguridad venezolanos cómplices de ambas organizaciones, campamentos de las Farc en Venezuela donde los etarras imparten cursos de terrorismo, miembros de la Farc paseando por España con pasaportes venezolanos, grupos de propaganda, adoctrinamiento y apoyo político, y gente moviéndose a sus anchas sin control. Venezuela es un país bajo sospecha ante la comunidad internacional por distintos motivos.
El chavismo acudió a las trincheras nacionalistas a disparar contra España consignas soberanas e improperios por el pasado colonial. La oposición aprovechó para machacar al chavismo por sus relaciones peligrosas con grupos o países forajidos, por las sospechas de cooperación con el narcotráfico, por el aliento y apoyo a grupos terroristas y por su injerencia en naciones latinoamericanos como Perú, Colombia y Honduras. Fue tachada de «traidora» en la Asamblea Nacional. La mayoría, de obediencia chavista, organizó una algarabía y habló de infamias y calumnias en el auto del juez Velasco, sobre cuya manera de proceder hay pocas dudas en España, así como sobre sus presunciones, aunque el volcánico líder venezolana arguya que actúa guiado por «el imperio yanqui».
Chávez repudia con saña a Velasco por su antigua militancia en el PP, pero está probado que en Venezuela el Poder Judicial está vinculada a él y es un apéndice del régimen. El estrambótico caudillo ve la mota en el ojo ajeno, pero no la viga en el suyo. El órgano de gobierno de los jueces españoles, en un infrecuente comunicado institucional, ha llegado a pedir el máximo respeto a su labor y la independencia con que trabaja. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, consideró inaceptables las críticas a Aznar y al juez, mientras desde el ministerio de Exteriores de Miguel Ángel Moratinos se procuraba quitar hierro al asunto en medios de las ásperas críticas de la oposición conservadora y el silencio de la demás.
Venezuela dice que repudia el terrorismo, pero es evidente que protege a etarras. Gente como el aparente jefe de los etarras afincados allí, Arturo Cubillas Fontán, que llegó al país, en 1989 tras el fracaso de las llamadas Conversaciones de Argel, como «huésped vigilado» – esa era la formula, que no exilio o refugio –, se casó al poco con una descendiente de vascos y por boda y arraigo se naturalizó venezolano. Ahora tiene un importante cargo público – jefe de seguridad – en el mismo ministerio que expropia las tierras, entre otros a emigrantes españoles, al tiempo como actúan como etarra mayor residente. Su esposa, Goizeder Odriozola, periodista y conocida activista proetarra, es la mano derecha del vicepresidente de la República, Elías Jaua Milano. Además de las dos docenas de etarras llegados de Argel, París o Panamá por acuerdos bilaterales, otros se establecieron en Venezuela por sus propios medios. Varios se insertaron pacíficamente en el país que les acogió, pero los hay que de retorno a Europa ha sido detenidos con la pistola en la mano o vistos por testigos en campamentos de las Farc como instructores de terrorismo. Zapatero confía en que Chávez ayude, pero el tiempo seguramente dirá otra cosa.
¿Cuáles son los motivos de la pasiva actitud española? Pueden ser diversos: los cerca de doscientos mil españoles radicados en Venezuela y sus negocios; la defensa de los grandes intereses de empresas españolas como Telefónica, Repsol o el BBVA; el pedido de guardacostas que construye la estatal naval militar Navantia; la posibilidad de que Chávez, Cuba y sus satélites patean el tablero iberoamericano vacíen aún más las desvalorizadas cumbres anuales de gobernantes; evitar una hostilidad constante antiespañola con motivo de las múltiples celebraciones por venir del 200º aniversario de las independencias de las repúblicas hispanoamericanas; cautela ante la diplomacia vociferante de Chávez; que Venezuela se convierta efectivamente en un santuario de la ETA y la banda terrorista se robustezca con la cooperación de un Estado gamberro que limita por el oeste con territorios colombianos controlados por los narcoterroristas de las Farc. Todo eso quizás aderezado con una pizca de ideología, no ya de afinidad propiamente dicha sino del deseo de llevarse bien con un gobierno latinoamericano de izquierdas, sin descartar la creencia de que la alternativa a Chávez es bien de derechas ni el «Síndrome Aznar», es decir, el apoyo comprobado del anterior presidente del Gobierno a los golpistas que desalojaron a Chávez del poder durante 48 horas en el 2002.
Francisco R. Figueroa
franciscorfigueroa@hotmail.com
Después de Tirofijo, ¿qué?
Hacia finales del siglo pasado un amigo colombiano me decía en Bogotá, en medio de las negociaciones del presidente Andrés Pastrana con las Farc, que no imaginaba un «Tirofijo» apaciguado, jubilado de la guerra, saliendo de compras del shopping El Dorado con su nieto de la mano. Mi amigo tenía razón: aquellas esperanzadoras negociaciones fracasaron porque «Tirofijo» las dinamitó. El caudillo guerrillero nunca volvió a la vida civil y ahora ha muerto de viejo, con las botas puestas, en el monte al que se echó hace 60 años.La muerte del legendario Pedro Antonio Marín, de nombre de guerra «Manuel Marulanda Vélez» y el «Tirofijo», que él tanto detestaba, por mote, cuando iba a cumplir 80 años -otros dicen que los 78-, ocurrió el 26 de marzo pasado, a consecuencia de un infarto, en la selva del Meta. Se asegura que murió en brazos de su compañera Sandra y rodeado de su guardia pretoriana. Un ministro con afanes presidencialistas del Gobierno de Álvaro Uribe dio el viernes la noticia como por casualidad a un semanario diciendo que «Tirofijo» se había ido «al infierno de los criminales». Le chafó así a Uribe un anuncio rimbombante. Finalmente, este último domingo, el fallecimiento de «Tirofijo» fue confirmado con pompa y circunstancia por el comandante «Timochenko» (Rodrigo Londoño) que leyó la necrológica por una de las televisoras del venezolano Hugo Chávez. Esto sucedía precisamente en vísperas del 44 aniversario de la fundación por «Tirofijo» de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).
«Tirofijo» arrojó la toalla muy pocos días después de saber que su lugarteniente «Raúl Reyes» (Luis Edgar Devia) había caído muerto en su campamento del norte de Ecuador, en un certero bombardeo de la aviación colombiana; que a otro de sus segundones, «Iván Ríos» (Manuel de Jesús Muñoz), un guardaespaldas comprado por el Gobierno le había volado la cabeza, junto a su amante, y que el brutal «Mono Jojoy» (Jorge Suárez Briceño, el jefe militar de las Farc) se había librado de una celada parecida fusilando a tres de sus gorilas traicioneros. El de marzo fue un mes muy negro para las Farc. Meses antes habían sido abatidos a tiros los comandantes Milton Sierra Gómez «J.J.», el «Negro Acacio» (Tomás Medina Caracas), hombre de las drogas, y Martín Caballero, y capturado el carcelero «Martín Sombra» (Hely Mejía Mendoza), casi tan veterano en el monte como el propio «Tirofijo». Distintos frentes de combate fueron hechos trizas, otros desaparecieron y las deserciones son harto frecuentes: 10.000 en los últimos cinco años y 1.300 desde enero. Posiblemente en vista de la muerte del legendario líder y fundador se entregó recientemente la terrible «Karina» (Nelly Ávila), una guerrillera con una reputación de cruel y feroz ganada a pulso. Por otro lado, las computadoras de Raúl Reyes exponen cada día las tripas podridas de las Farc, sus negocios y alianzas inconfesables.
Uribe sueña con una casi imposible victoria. Es poco probable que los herederos de «Tirofijo» -el intelectual «Alfonso Cano» (Guillermo León Sáenz Vargas), de 59 años, como líder formal y el «Mono Jojoy» como jefe militar- se avengan con el Gobierno. De otro lado, nunca nadie manejará las Farc como lo hizo «Tirofijo» hasta su última hora, de una forma personalista, verticalmente, con la autoridad que le daba ser el fundador de la guerrilla y mito, con mano de hierro, sin que nadie dudara de su liderazgo, teniendo obediencia incondicional, con una sagacidad, una astucia y una malicia primitiva de campesino indio, un hombre terco e indoblegable, hijo de la Colombia profunda, que llegó a comandar un ejército guerrillero de 20.000 combatientes actualmente muy menguado y probablemente desmoralizado. Las Farc llevan demasiado tiempo en el monte sin haber logrado nada y lo que no pudo «Tirofijo» no es posible que lo logre Alfonso Cano, el «filosofo del terrorismo de la barba tupida», como lo llama con sorna Uribe, ni el «Mono Jojoy», respaldado por un historial de brutalidades. Sin la ideología ni los objetivos políticos fundacionales ni más norte que la codicia y convertida en una mafia, ¿terminarán las Farc languideciendo como el Ejército de Liberación Nacional (ELN)? Por mucho que las Farc estuvieran preparadas desde años para la muerte de su líder, los analistas esperan que haya desconcierto, traumas y tensiones entre los herederos y que la organización comience a resquebrajarse.
Francisco R. Figueroa
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Sanciones de Bush a Chávez pasan por A. Latina
El dictamen de la Interpol de autenticidad de las computadoras de «Raúl Reyes» y su contenido, con los nexos entre el presidente Hugo Chávez y los terroristas de las Farc colombiana, proporciona a Estados Unidos una herramienta para actuar contra el líder venezolano. Desde el Capitolio de Washington se desaconseja a George Bush aplicar sanciones sin el respaldo de América Latina.Washington dio de inmediato por valido el dictamen pericial que el secretario general de la Interpol, Ronald Kenneth Noble, divulgó en Bogotá, el jueves último, sobre los equipos informáticos portátiles, cargados de información extraordinariamente valiosa, que fueron hallados en el campamento de Reyes en Ecuador, en la incursión militar colombiana que le causó la muerte el día 1º de marzo pasado.
«El panorama es sumamente inquietante. Hay acusaciones graves de que Venezuela está suministrando armas y apoyo a una organización terrorista», manifestó el portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack. Explicó que Estados Unidos ha tenido acceso a información relevante de las computadoras del fallecido cabecilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y está realizando sus propios análisis.
Las tres computadoras de Reyes y las cinco unidades externas de memoria aprehendidas por los militares colombianos deben aportar información más abundante y valiosa de la poca que hasta ahora ha trascendido. Esos documentos muestran el envolvimiento de Chávez y otros altos funcionarios de su gobierno, civiles y militares, con las Farc, con apoyo político, dinero, armas y refugio. Las Farc están catalogadas como terroristas por Estados Unidos, así como por Canadá y la Unión Europea.
El «zar» antidrogas de Estados Unidos, John Walters, en declaraciones que publicó este último domingo el diario bogotano «El Tiempo», calificó de «muy profundas» las relaciones entre las Farc y el régimen de Venezuela, a la luz de la información contenida en las computadoras de Reyes. Según la revista colombiana «Semana», las computadoras de Reyes demuestran «de manera detallada el escandaloso grado de colaboración del Gobierno de Hugo Chávez con las Farc en los temas militar, político, económico y logístico» durante los dos últimos años. Numerosos correos electrónicos prueban que Chávez ayuda a las Farc a conseguir armas en el mercado internacional.
Chávez -agregó Walters- «tiene mucho que explicar». Se trata de un asunto «muy serio» que requiere «algo más que simplemente negar» como hacen Chávez y su homólogo ecuatoriano, Rafael Correa, también vinculado a las Farc, aunque en menor medida que el venezolano, en la documentación del difunto Raúl Reyes. «Es una vergüenza para los implicados» que han sido «cogidos con las manos en la masa», expresó Walters en esa entrevista.
Pero lo más llamativo de las declaraciones de Walters -quien además recuerda la «crecientes facilidades» de la Venezuela chavista al tráfico internacional de drogas-, es su llamamiento, ahora que se conocen los vínculos de Chávez con las Farc, para que América Latina «asimile» y «reaccione».
Un reciente informe titulado «Jugando con fuego» de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos considera que tras una certificación por Interpol de la información contenida en las computadoras de Reyes sería probable que una presión del Congreso para que el Departamento de Estado cambie su política hacia Venezuela e, incluso, para designar a este país como un estado patrocinador del terrorismo, lo que implicaría legalmente la aplicación de sanciones contra el Gobierno de Chávez.
Pero, por ejemplo, unas sanciones económicas perjudicarían a Colombia porque Venezuela es su segundo cliente tras Estados Unidos con una importancia creciente. Los negocios con Venezuela dan empleo a unos cien mil colombianos y envuelven exportaciones superiores a los cinco mil millones de dólares.
El informe de la comisión senatorial refiere la posibilidad de que la aplicación de sanciones a la ligera lleve a Chávez a movilizar a su favor la opinión pública latinoamericana, donde mayormente no se cataloga a las Farc como grupo terrorista, sino como guerrilla o insurgencia, o afecten el comercio bilateral, entre ellos los importantes suministros petroleros venezolanos a Estados Unidos que Chávez ha amenazado reiteradamente con cortar.
En consecuencia, recomienda diseminar ampliamente la información obtenida de las computadoras de Reyes sobre la complicidad de Chávez con Farc para desacreditarlo por su apoyo ostensible y significativo a una organización terrorista y que el líder venezolano comience a ser visto como un peligro para la región, alguien capaz de desestabilizar o sabotear a cualquier nación que no comparta sus ideas.
Sólo después de un proceso transparente de análisis sería el momento de pensar en acciones, pero dentro de la Organización de Estados Americanos (OEA).
«En otras palabras, si se descubre que Venezuela es cómplice (de las Farc), Estados Unidos debería ser lo suficientemente juicioso para dejar que la dinámica regional agarre su curso. Si Estados Unidos reacciona muy fuertemente, la atención se desplazará de las transgresiones de Venezuela a otro ejemplo de “intervención americana” y tácticas de mano dura», señala el informe.
Francisco R. Figueroa
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La Interpol acorrala a Chávez y Correa
La Interpol ha puesto contra las cuerdas a los presidentes Hugo Chávez y Rafael Correa al certificar la autenticidad de las computadoras de la Farc y que sus contenidos no están manipulados. Hay archivos que vinculan inquietantemente a ambos presidentes, al venezolano sobre todo, con esa organización terrorista y narcotraficante colombiana.El secretario general de la Interpol, el estadounidense Ronald Kenneth Noble, de 46 años, presentó este jueves en Bogotá las conclusiones de la investigación sobre tres computadoras y cinco unidades externas de memoria halladas en el campamento guerrillero en Ecuador donde, el 1º de marzo pasado, murió por un bombardeo aéreo colombiano el «número dos» de las Farc, «Raúl Reyes» (Luis Edgardo Devia Silva).
La Interpol es la tercera organización más grande del mundo, detrás de la ONU y la FIFA, con 186 países miembros. Al cabo de un largo, laborioso y exhaustivo análisis de esos equipos informáticos, a pedido de Bogotá, ha certificado que pertenecían a Reyes y que no fueron manipulados por el gobierno colombiano. La Interpol no ha entrado en los contenidos; sólo en la parte técnica.
Lo más destacado del contenido de esos equipos informáticos es que Chávez parece que aportó dinero, armas y contactos a las Farc y ésta fondos para la campaña electoral de Correa. Hay aún muchísima información desconocida que puede enlodar más aún a ambos presidente, dada la intensidad del relacionamiento.
Las conclusiones de la Interpol fueron presentadas en Bogotá mientras Correa acababa en París una gira europea, con escalas en Madrid y Bruselas, tratando de ahormar voluntades. Ha dicho en todos los tonos posibles y cuantos han querido escucharle que nada tiene que ver con las Farc. Ha llegado a decir que el gobierno de Álvaro Uribe, con el que se peleó por la incursión que mató a Reyes, «sembró» los equipos informativos en el campamento que había atacado. Un dislate que merca su menguada credibilidad. Su gira ha podido servir de poco.
Es posible que Correa sea sincero en lo concerniente a su persona. Pero nadie garantiza a algunos de sus allegados. Su ministro de Seguridad, Gustavo Larrea, y un coronel «bolivariano» llamado Jorge Brito están en entredicho. ¿Dónde fueron a parar los 100.000 dólares que entregó Reyes a Brito para la campaña electoral de Correa si éste nada sabe de ese dinero? En el entorno de Correa actúa gente tratando de orientar los cambios institucionales en curso hacia Caracas y el chavismo. ¿Es tan ingenuo Correa como demostró recientemente cuando se percató de que la cúpula militar y los servicios secretos ecuatorianos le engañaban con la CIA? ¿Por qué la gente de las Farc andaba por Ecuador como Pedro por su casa y con la vista gorda de las autoridades locales tenía levantados cerca de una decena de campamentos en el norte del país donde recibían hasta visitas de simpatizantes extranjeros?
En cuando a Chávez, sus relaciones con las Farc son antiguas, por lo menos desde 1992. Son notorias, estrechas e intensas. De él y de colaboradores suyos, como el ministro del Interior, el ex capitán de navío Ramón Rodríguez Chacín. Chávez se ha reunido repetidamente con los jefes de las Farc, comenzando por el propio Reyes; ha defendido a los terroristas, les ha dado santuarios y todo tipo de facilidades en Venezuela y le ha otorgado a la guerrilla la condición de fuerza beligerante. Según las computadoras de Reyes, Chávez donó dinero y armas a la Farc y les iba a poner en contacto con traficantes internacionales de armamento. Las Farc iban a entrenar a elementos chavista en tácticas guerrilleras. O lo han hecho.
Chávez y sus allegados han hecho esfuerzos denodados para desprestigiar a la Interpol. Han repudiado el dictamen y han desacreditado a la Interpol, han despellejado a Noble hasta convertirlo en una piltrafa y han amenazado a Colombia con represalias. Ello prueba la profunda preocupación que hay en Caracas en estos tiempos en que Chávez aparece alicaído, desde que perdió el referéndum constitucional, a raíz del los documentos que lo imputan como aliado de las Farc, en medio de una severa crisis económica interna que el chavismo no sabe como abordar y con la división de la base oficialista.
Por informes contenidos en los computadores de Reyes fue detenido en Tailanda un traficante de armas, se encontró el uranio empobrecido cerca de Bogotá o se halló casi medio millón de dólares en San José de Costa Rica. Citando información contenida en los tres computadores, las autoridades colombianas han señalado que las Farc tienen contactos con centenares de organizaciones en diferentes países, especialmente en México, Ecuador, Argentina, Perú, Paraguay, República Dominicana, Costa Rica y Venezuela.
Las conclusiones de la Interpol abren diferentes interrogantes sobre cómo quedaran las maltrechas relaciones de Colombia con Ecuador y Venezuela, qué harán otras naciones latinoamericanas que han mantenido una prudente distancia y, más que nada, cómo reaccionará Estados Unidos tras la confirmación de los vínculos de Chávez y Correa con una organización terrorista.
Francisco R. Figueroa
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Uribe tiene la iniciativa
Su explicación de que en Colombia hay una democracia —y no una dictadura como tantas hubo en América latina— traspasa los oídos reacios de muchos europeos para quienes las guerrillas son sinónimo de fuerzas alzadas por unos ideales políticos de libertad y justicia. Ante los ojos de Europa Uribe desnuda los horrores de las FARC.
De otro lado, desarma de argucias a las FARC al reiterar su disposición al inicio de conversaciones de paz y a disponer una zona segura para negociar, con garantías internacionales para las partes y una fuerza multinacional de ser requerida, con la sola condición de que los 750 rehenes sean soltados.
Por añadidura, al meter de nuevo en el proceso a Francia, España y Suiza —junto a la Iglesia católica— recupera la mediación internacional que neutraliza la desautorizada, pero persistente, mediación del venezolano Hugo Chávez.
Nadie —salvo un país insignificante como la Nicaragua de Daniel Ortega— ha secundado la iniciativa de Chávez, de dar reconocimiento político a los grupos guerrilleros colombianos. Ni el ecuatoriano Rafael Correa ni el boliviano Evo Morales se han animado a secundarlo. Cuba ni menciona el asunto. Para Fidel Castro las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) nunca fueron confiables. El castrismo siempre prefirieron como aliado al Ejército de Liberación Nacional (ELN), que fue metido tangencialmente por Chávez en el tema del reconocimiento político internacional. Casi nadie habla de ello, pero los «elenos» a la chita callando están liberando rehenes.
Ahora un Chávez, fracasado y fuera de sí, predica en el desierto a favor de las FARC, y persista a la desesperada en sus obstinados ataques a Uribe, tan desmesurados como insolentes. Este domingo, sin ir más atrás, lo llamó «mafioso», «cobarde», «mentiroso», «cizañero», «indigno» y «triste peón del imperio».
Hay motivos sobrados para que Bogotá rompa todas las relaciones con Caracas, pero con inteligencia Uribe evita dar un paso que supondría más munición a Chávez para explotar los muchos sentimientos anticolombianos que hay en Venezuela y convertirían en la contraparte diplomática en Colombia a las FARC, que serían sujeto de derecho internacional una vez que la Asamblea Nacional venezolana las reconoció políticamente.
Chávez seguramente tomará represalias comerciales contra Colombia y los venezolanos, absolutamente dependientes de las importaciones, saldrán perdiendo por la alta necesidad de alimentos y piezas que tienen del vecino país. En Colombia se teme un apoyo económico y militar a la FARC del régimen chavista. Hay quienes rezan en ambos países para que Chávez no se atreva a tanto porque podría dejarlos al borde de una guerra. Seguramente el comandante bolivariano siga apretando las tuercas pensando en los réditos internos para sus planes personales de reelección indefinida.
La Francia de Nicolas Sarkozy ha entendido las razones de peso de Uribe, que ha visitado en primer lugar Paris en su gira europea. Después fue a Bruselas y a Madrid. Ha quedado claro que Francia no pagará con un reconocimiento a las FARC la libertad, tan ardorosamente perseguida por Sarkozy, de la franco-colombiana y rehén más conocida, Ingrid Betancourt, que languidece en su penoso cautiverio de la selva. La postura anunciada por Francia constituye otro revés para Chávez, que poco antes se había paseado por París alardeando de su ascendencia sobre las FARC, que acabaron engañándole. ¿Por qué las FARC mantuvieron a Chávez en la ignorancia sobre que no tenían al niño Emmanuel y le hicieron pasar aquel amargo trago cuando Uribe reveló la situación? ¿Por qué Chávez no muestra públicamente las cartas que dice haber recibido de «Manuel Marulanda Tirofijo», el cabecilla de las FARC? Ha quedado claro que Chávez no tiene el hilo directo, del que tanto presume, con el estado mayor de las FARC. Los relojes de Chávez y las FARC andan desajustados, pero los relojes de Francia y Colombia, como se ha dicho en París, están sincronizados.
También lo están con la Unión Europea. El Alto Representante de Política Exterior del Consejo de la UE, el español Javier Solana, ha respondido claramente delante de Uribe, en una rueda de prensa en Bruselas, que las FARC no dejarán de ser consideradas como una organización terrorista. La UE, pues, respalda la política de seguridad democrática de Uribe y su propuesta de conversaciones de paz a cambio de la liberación sin condiciones de los 750 rehenes que se pudren en las selvas, para los que el mandatario colombiano está buscando atención médica internacional urgente con el auspicio de la Cruz Roja, dado el precario estado de salud de muchos de ellos, según ha quedado de manifiesto en la correspondencia remitida con las dos mujeres recienemente puestas en libertad.
Uribe se ha apuntado nuevos tantos al aceptar incluso el despliegue de una fuerza multinacional en lo que denomina una «zona de encuentro» desmilitarizada, con observadores internacionales, para lograr un acuerdo de paz con la guerrilla. El presidente colombiano puede lograr que el mundo entero ejerza presión sobre las FARC por la penosa situación de los secuestrados y porque sus argumentos son de peso.
Chávez ha logrado que en Colombia haya casi unanimidad en torno a Uribe hasta de sus más aguerridos rivales políticos internos —incluso los considerados chavistas—, que han condenado la intolerable injerencia en los asuntos colombianos del mandatario venezolano, en quien ven a un portavoz de las FARC. Esta situación está dejando a Uribe sobre raíles para buscar un tercer mandato.
Francisco R. Figueroa
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