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La desmemoria de Aznar


Francisco R. Figueroa

✍️3/11/2013

Desconfío de la franqueza de José María Aznar cuando en sus memorias habla de Hugo Chávez. Quizás se hizo un lío. O a lo mejor es una muestra jactanciosa más de su presuntuosidad.

Afirma, más o menos, que Chávez le debe haber vuelto al poder en abril de 2002 y que si él hubiera intervenido en aquel golpe de Estado el difunto presidente venezolano hubiera quedado allí mismo frito.


Chávez pudo ser repuesto en la presidencia porque Aznar no lo sacó de Venezuela, como le pidió Fidel Castro, con lo que el golpe habría triunfado. Eso alega Aznar.

Pero hay quienes están convencidos de que la clave del fracaso de aquel golpe fue el militar venezolano que no se atrevió a descerrajarle un tiro a Chávez y que hoy regente una pizzería en la Costa del Sol española.

El difundo presidente venezolano se crecía culpando a Aznar de estar tras del golpe. La izquierda española creía que eso era cierto, tal vez mediatizada por Caracas. Incluso así lo testimonió en sede parlamentaria el socialista Miguel Ángel Moratinos siendo ministro de Asuntos Exteriores.

«Creo que he demostrado fehacientemente que mis tres afirmaciones son ciertas: que en Venezuela hubo un golpe de Estado; que el embajador [Manuel] Viturro recibió instrucciones, y que el efecto de dichas instrucciones ayudaba a legitimar el golpe de Estado de la junta cívico-militar, dándole cobertura internacional», dijo Moratinos, en diciembre de 2004, ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso, a la que, según el diario El País, aportó «una densa argumentación documental». Y todos los grupos parlamentarios dieron por buena la exposición de Moratinos, salvo el Partido Popular, aunque con «objeciones marginales».

Está comprobado que en medio de aquellos confusos acontecimientos Aznar habló por teléfono con Pedro Carmona, el empresario que estaba a punto de hacerse cargo del poder. Aznar lo cuenta sin detalles. El líder democristiano Eduardo Fernández me confirmó hace diez años que esa conversación ocurrió y que él hizo de intermediario. No me dio, sin embargo, precisiones de lo conversado. Pedro Carmona, en un libro titulado «Mi testimonio ante la historia», asegura que detrás del golpe no estuvieron Aznar ni George W. Bush ni ningún otro líder extranjero.

«Mira, Hugo, si yo hubiera querido dar el golpe y lo hubiera organizado, te aseguro que tú ahora no estabas aquí», manifiesta Aznar que le dijo a Chávez en la Cumbre Iberoamericana de Lima.

Fue imposible que ahí le dijera eso. Porque la cumbre en la capital peruana tuvo lugar en noviembre de 2001,  cinco meses antes del golpe. En su afán de ser «preciso», Aznar asegura que tuvo esa conversación con Chávez durante una cena en el restaurante La Rosa Náutica, un palafito de lujo a orillas del Pacífico frente al cantil de Miraflores.

No se sabe en qué pensaba Aznar cuando le salió con esa chulería a Chávez. Si es que realmente esa conversación existió. Lo más preocupante es que el presidente español insinúa que se sentía capaz de derrocar a un mandatario iberoamericano. ¿Por él mismo o quizás pensaba en la ayuda de su particular «primo Zumosol», George W. Bush?

Aznar afirma también que dio lecciones a Chávez como presidente electo, en enero de 1999, en Madrid, y más tarde como jefe de Estado, durante una visita oficial suya a Caracas a mediados de aquel mismo año, de la que fui testigo.

Creía pretenciosamente Aznar, según sus memorias, que podía determinar el rumbo de aquel belicoso militar golpista convencido como estaba de su destino insoslayable de refundador de la patria: Bolívar redivivo.

Aznar deja bastante claro que veía a Chávez como un militronche vitalista capaz de alzarse como otro caudillo latinoamericano. Él quería impedirlo y «lo intenté ayudar». ¡Pardiez que lo consiguió!

Otro error de Aznar fue creer que Chávez colaboraría con España en la lucha antiterrorista poniendo a buen recaudo a la panda de etarras que desde los años ochentas había encontrado refugio en Venezuela.

Desconocía sin duda Aznar qué fuerzas estaban detrás de Chávez y la determinante influencia que sobre él ya tenía Fidel Castro, otro protector de etarras. Chávez no se abraza a Castro tras el golpe de abril 2002, como dice Aznar. Era su cautivo ideológico desde diciembre de 1994, cuando Castro lo deslumbró yendo a recibirle por sorpresa al Aeropuerto José Martí, de La Habana, a él, que entonces era un Don nadie.

Fidel Castro entendió desde la primera hora el potencial de aquel golpistas recién salido de la cárcel, que entonces era apoyado por una cuadrilla de trasnochados izquierdistas venezolanos.

Venezuela nunca cooperó eficazmente con España en asuntos de ETA, ni con Chávez, por ideología, ni con su antecesor, Rafael Caldera, por su afinidad con la comunidad vasca en Venezuela y su vieja camaradería con el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Pero nada de esto parece que fue capaz Aznar de evaluar.

También Aznar confunde los tiempos cuando se atribuye haber convencido al líder democristiano Eduardo Fernández a apoyar la democracia, a la que las dos intentonas golpistas de 1992 pusieron en un brete.

Tras la primera de ellas, la capitaneada por Chávez, en febrero de 1992, Eduardo Fernández salió tempranamente en defensa de la legalidad constitucional encarnada por Carlos Andrés Pérez, el presidente al que pretendieron derrocar.

Exagera Aznar cuando habla de que Carlos Andrés Pérez y el entonces jefe del Gobierno español, Felipe González, le pidieron que interviniera ante Eduardo Fernández, que era el jefe del opositor partido democristiano COPEI, para que contribuyera a la estabilidad de Venezuela.

Fernández había hecho valientemente eso de inmediato, sin necesidad de que nadie se lo pidiera. Era su deber como jefe de la oposición, como patriota y como demócrata. Para nada necesitaban Pérez y Fernández a Aznar. Se entendían directamente. Quizás las cosas sucedieron de otro modo. O en otro momento, cuando ya no era necesario. O quizás Felipe González y Aznar jugaban a ser influyentes líderes internacionales.

Era el expresidente Caldera a quien Aznar debiera haber parado los pies. El astuto viejo caudillo democristiano, que había sido relegado en 1988 por sus discípulos, principalmente por Eduardo Fernández, vio en la intentona golpista de Chávez la ocasión de vengarse de sus antiguos acólitos y de relanzar su virtualmente extinta vida política.

En su condición de senador vitalicio pronunció un vehemente discurso en el que conectó con los motivos del golpe y se sintonizó con una sociedad hastiada del bipartidismo, aquel régimen del que, paradójicamente, el propio Caldera había sido artífice, hasta el punto que fue alumbrado en sus propia residencia caraqueña treinta y cinco años antes.

Fernández no se inmoló en defensa de la democracia, como insinúa Aznar. Tampoco Caldera montó una operación para desplazarlo del liderazgo de la democracia cristiana, porque fue al contrario y ocurrió cuatro años antes.

Caldera logró en 1994 volver a la presidencia de la República con un proyecto personal ajeno a la democracia cristiana, respaldo por las mismas fuerzas heterogéneas de las izquierdas que con el tiempo se convertirían en chavistas.

Es más, Caldera estuvo en contacto permanente con el encarcelado Chávez. Y ya presidente sobreseyó a las primeras de cambio la causa contra los golpistas que llevaba una corte marcial. Un Caldera octogenario, fatigado y fracasado acabó facilitando que Chávez llegara al poder y que la decrépita cuarta república sucumbiera.

Fernández —que lo sepa Aznar— feneció políticamente del mismo mal que los demás políticos tradicionales venezolanos, por el mismo huracán que acabó con el modelo bipartidista venezolano, que con el tiempo se había convertido en corrupto e ineficiente. Ya era poco en 1993, hasta el punto de perder la elección interna de candidato presidencia frente a Oswaldo Álvarez Paz, a quien Caldera derrotaría luego en las elecciones de 1994.

Se confunden Aznar cuando llama «caracazo» a la intentona golpista de febrero de 1992. El «caracazo» había tenido lugar tres años antes y fue un levantamiento civil contra las políticas neoliberales que Carlos Andrés Pérez estaba adoptando al principio de su segundo gobierno.

Sin embargo, tiene razón Aznar cuando habla de la honda inquietud que le generó en 1992 Carlos Andrés Pérez al transmitirle en Caracas una visión muy optimista y tranquilizadora de la situación venezolana. Pérez era así.

Por ejemplo, al día siguiente de la segunda intentona golpista, registrada en noviembre de aquel mismo año, el presidente me hizo unas declaraciones que parecían ser las del mandatario de una paradisíaca isla de la felicidad, una arcadia de estabilidad institucional, poco después de que un helicóptero en poder de los sublevados le hubiera lanzado el último pepinazo. ✅

La decisión de un valiente: Diego Costa

Indigna la reacción patriotera de Brasil frente a la decisión libre de Diego Costa de formar parte de la selección española de fútbol.

Pero no hablo del rechazo emocional de una «torcida» que es mayormente sentimental y chauvinista. Me refiero al rebote por el menosprecio que se ha agarrado los pretenciosos directivos del fútbol de aquel país. Ha anunciad contra la decisión franca del delantero del Atlético de Madrid medidas tan descabelladas como recurrir al Ministerio de Justicia para privar de la nacionalidad brasileña al futbolista por traición a la patria. Nadie recuerda allí el derecho de toda persona a decidir su propio destino. Como si Diego Costa tuviera que vivir esclavo de una bandera o de un hinchada.

Despechada, la Confederación Brasilera de Fútbol (CBF) asegura también que recurrirá a la justicia deportiva para «impedir de todas las maneras posibles» que el jugador, nacido en Lagarto (Sergipe) hace veinticinco años y nacionalizado español en julio último, sea parte del conjunto nacional de España.

Arguye con resentimiento que el delantero del Atlético de Madrid ya había optado por la selección de su país de nacimiento porque disputó con ella dos amistosos, en marzo último. Según las normas de la FIFA, un jugador queda necesariamente amarrado durante toda su vida profesional a un selección tras jugar con ella el primer partido oficial. La CBF afirma furiosa que va a litigar con el argumento de que los partidos amistosos cuentan para el ranking de la FIFA. Cuando se ponen a ello, los brasileños son capaces de ganan el mundial de la petulancia.

Pero habrá que ver cómo acaba la vaina porque los «cartolas» (directivos) del fútbol brasilero son mañosos. Saben moverse como saurios avezados en los ambientes densos de los organismos del fútbol internacional. Recordemos a João Havelange y su yerno Ricardo Teixeira, si ir más lejos.

Emberrinchada, la CBF ha anulado la convocatoria a Diego Costa para los dos próximos amistosos de Brasil (Honduras y Chile), ahora en noviembre. Como si esa pataleta de niño malcriado sirviera de algo. El seleccionador, Luiz Felipe Scolari «Felipão», había incluido a Diego Silva en el plantel, como maniobra de último minuto para impedir que el artillero optara por España. Incluso le había prometido públicamente un puesto en el equipo del próximo mundial, en el que a los brasileros como locales les va la vida. Necesitan redimirse ante su afición del humillante e inolvidable «maracanazo» ante Uruguay del mundial de 1950, ese fiasco que se ha transmitido allí de generación en generación como el gran desastre de la historia nacional.

Un «Felipão» indignado ha reprochado a Diego Costa la malcrianza. «Un jugador brasilero, que no desea jugar con su país, en un mundial que será jugado en su país está desconvocado automáticamente», dijo. El petulante técnico reprocha a Diego Costa el crimen de haber dado la espada al sueño de millones de brasileños de formar parte del equipo de una nación pentacampeona del mundo que con toda seguridad, según él anticipada, va a gana su sexto título en 2014. Ya veremos. Para fastidiar a la peña, en la poderosa revista «Veja» un cronista imaginó un segundo «marcanazo» en una final Brasil-España con Diego Costa marcando el gol de la victoria de «la roja». Amén.

La decisión de Diego Costa representa un puntapié en el trasero al arrogante «Felipão», quien no contó con el jugador para la disputa de la pasada Copa de las Confederaciones, después de haberle dado tan solo unos pocos minutos en unos amistosos.

La CBF denuncia que Diego Costa «fue seducido, sobornado, con alicientes dinerarios». ¡España ha corrompido a un chaval decente para fastidiarle la marrana a la endiosada selección anfitriona del próximo mundial! Brasil menosprecia a España tras haberla derrotado magníficamente en la final de las Confederaciones. En realidad, los brasileros menosprecian a cualquier selección. Luego pasa lo que pasa.

Nadie tiene en cuanta los argumento de un tipo sencillo como Diego Costa y la difícil decisión que ha tomado, con el corazón partido entre la patria donde nació y la tierra a la que le construyó enteramente su vida profesional, pues en la suya nunca jugó fútbol profesional. «Resultó difícil optar. Pensé y pensé, y me convencí de que lo acertado es jugar con España porque aquí yo me hice. Todo lo que tengo y lo que soy se lo debo a España, por la que tengo un cariño muy especial y donde me siento valorado. Espero pode retribuirle».

Así de simple. Diego Costa optó con libertad, de acuerdo a su honesto entender y a su derecho a decidir. Pidió a los brasileros comprensión y respeto, y le ha caído encima a trompadas. Hay que esperar par ver la reacción airada de la «torcida» cuando Diego Costa salte a un estadio brasilero con los colores de España. Sería la acabose si marcara un gol en un hipotético España-Brasil. No se lo pierdan.

franciscorfigueroa@gmail.com

Europa firme frente a los Castro

Francisco R. Figueroa / 14 junio 2010
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La Unión Europea, en contra de las pretensiones españolas, ha decidido mantener su posición frente a Cuba, que condiciona el mejoramiento de relaciones al respeto en la isla de los derechos humanos y las libertades civiles, la transición a una democracia pluralista de la dictadura de los hermanos Castro, reformas económicas y la liberación de los presos políticos.

Pese a la insistencia del actual gobierno de Madrid –o de su ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en su solitario– España tiene claro desde hace 20 años que los hermanos Castro seguirán inmutables en sus trincheras.

«Yo ya estoy demasiado viejo para cambiar», le respondió Fidel Castro al entonces jefe del Gobierno español, Felipe González, en julio de 1991 en Guadalajara (México) cuando le pidió reformas políticas.

Tenía 65 años. Hoy, con casi 84 años y enfermo, Fidel Castro Ruz mucho menos va a dar su brazo a torcer.

El vacilante Raúl Castro, su heredero, dijo claramente hace medio año que antes que ceder al «chantaje» de Estados Unidos y la Unión Europea, Cuba prefiere «desaparecer». Castro II es un hombre que nunca se ha detenido ante nada para defender la Revolución.

Reunidos en Luxemburgo, los 27 países de la Unión Europea se ha negado este lunes a modificar su demanda a Cuba de democracia, que mantienen desde que en 1996 fueron propiciadas por el gobierno conservador español que entonces presidía José Mª Aznar, «el führercito» como le llamaba Fidel Castro para mortificarle.

Cuba prefiere que se mantengan las hostilidades. Transigir significa para la satrapía castrista doblegarse. «No cederemos jamás al chantaje de ningún país o conjunto de naciones, por poderosas que sean, pase lo que pase», ha dicho Raúl Castro. Obviamente, la dictadura cubana se nutre de la confrontación y se crece en ella.

Antes de que comenzara, en enero pasado, el semestre de presidencia española de la Unión Europea, el Gobierno de Madrid escuchó en distintos tonos e idiomas que no se esperaba que los hermanos Castro hicieran el menor gesto para propiciar un cambio en la llamada Posición Común.

Pero Moratinos se mostró sobre ese asunto tan tozudo como inamovibles los hermanos Castro en su resistencia numantina, incluso cuando su jefe, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, le desautorizó implícitamente en lo que el diario «ABC» llamó su «cruzada personal» a favor de la dictadura cubana, después de que el régimen de La Habana expulsara, aquel mismo mes, al eurodiputado español Luis Yáñez, un socialista de vieja cepa a quien el régimen castrista tiene por enemigo.

Moratinos se ha dado de bruces con la realidad cuando hay quienes apuestan por su próxima destitución como responsable de la política exterior española. Ha demostrado que puede ser bueno en asuntos de Oriente Medio y el Mundo Árabe, pero América Latina definitivamente le supera. La reciente cumbre de gobernantes latinoamericanos y europeos en Madrid expuso sus carencias y la debilidad de la diplomacia española al sucumbir al chantaje brasileño, apoyado, entre otros, por Venezuela y la propia Cuba, a propósito de la asistencia a la cita en la capital española del presiente de Honduras, Porfirio Lobo.

Ya lo dijo Raúl Castro: «Cuba jamás será doblegada. Antes prefiere desaparecer». Mejor que ceder un ápice, el holocausto. Tanto el bloque estadounidense como la posición común europea son condicionantes «inaceptables». Los Castro se han crecido históricamente en la adversidad. Los problemas externos de hoy, como el desacuerdo con la Unión Europea, son para ambos pequeñas escaramuzas comparados con los hechos de resistencia durante la guerra revolucionaria, la invasión de Playa Girón o la crisis de los misiles. Son también carburante para esa revolución desmayada y ese régimen paralizado, al tiempo que vivifica a unos dictadores decrépitos.

La dictadura impertérrita habla de una campaña anticubana «orquestada desde los centros del poder del imperio de Estados Unidos y Europa». Los Castro siguen explotando internamente el asunto como si Estados Unidos aspirara a la dominación sobre Cuba, como si en lugar de miseria encerrara en sus entrañas riquezas incalculables o la isla sirviera para otra cosa que ser un bastión comunista frente al capitalismo yanqui.

Cuba, en efecto, no ha cedido ni un milímetro en lo que los 27 esperaban para acercar posiciones a Unión Europea ni España ha podido vencer la resistencia de países como Alemania, Francia, Suecia y la República Checa.

Para esos y otros gobiernos no es suficiente que los hermanos alivien algo la presión de la garra con la que atenazan el cuello de los cubanos y la reciente liberación de un preso político muy enfermo o el acercamiento a cárceles más próximas a sus residencias de otros doce como primer resultado de la mediación de la Iglesia Católica en Cuba. Estas son concesiones escasas con las que los Castro no deben engañar al mundo democrático.

franciscorfigueroa@hotmail.com

Chávez dispara; Zapatero sujeta el fusil

Hugo Chávez, ayudado quizás inconscientemente por José Luis Rodríguez Zapatero, ha perpetrado un atentado en tres tiempos (por ahora) contra el Poder Judicial español. Los disparos fueron tan certeros que la reacción no se hizo esperar. Además, Chávez y su canciller, Nicolás Maduro, entraron enseguida a rematar con saña. Descalificaron al magistrado español que investiga de manera seria una posible conexión de su gobierno con la ETA, a quien asoció al Partido Popular y la emprendieron contra actual y anterior líderes de dicha formación, Mariano Rajoy y José María Aznar, tachándoles de «mafia», «ultraderecha» e «hijos directos de la dictadura franquista».

Venezuela y España emitieron el pasado sábado un comunicado conjunto con la idea de zanjar la crisis desatada por la publicación de un auto del juez de la Audiencia Nacional española Eloy Velasco que puso de manifiesto la cooperación gubernamental venezolana en la colaboración entre la ETA y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) para, entre otras tropelías, colaborar en atentados terroristas en España. Pero sirvió de poco, según lo que Chávez y Maduro dijeron el domingo.

Ese comunicado conjunto convenía a España desde el punto en que Venezuela se unía a la condena al terrorismo, es decir, implícitamente a la ETA, al tiempo que reiteraba un compromiso de cooperación en la lucha antiterrorista. Sin embargo, su segundo párrafo parece contraproducente para España ya al «refutar y desmentir» lo publicado sobre el asunto por los medios de comunicación lo hace también al juez Velasco, pues lo que la prensa difundió no fueron conjeturas periodísticas sino, como recordó Rajoy, un auto judicial basado en una investigación policial. Aunque esa parte del documento la asume expresamente Venezuela, la endosa España ya que se trata de un comunicado conjunto.

La nota oficial hispano-venezolano no mencionó a las Farc. Tampoco podía porque Venezuela, por boca de Chávez y por acto de su parlamento, considera a esa antigua organización armada una «fuerza beligerante» y, por tanto, una de las partes en la «guerra» interna colombiana, aunque el resto del mundo la tilde de entidad narcoterrorista. Tampoco habla el comunicado de la alegada relación entre la ETA y las Farc, sobre lo que se han conocido nuevos detalles publicados por la prensa basados en las mismas investigaciones policiales en las que el juez Velasco fundamento su auto. En ellos aparecen miembros de los servicios de seguridad venezolanos cómplices de ambas organizaciones, campamentos de las Farc en Venezuela donde los etarras imparten cursos de terrorismo, miembros de la Farc paseando por España con pasaportes venezolanos, grupos de propaganda, adoctrinamiento y apoyo político, y gente moviéndose a sus anchas sin control. Venezuela es un país bajo sospecha ante la comunidad internacional por distintos motivos.

El chavismo acudió a las trincheras nacionalistas a disparar contra España consignas soberanas e improperios por el pasado colonial. La oposición aprovechó para machacar al chavismo por sus relaciones peligrosas con grupos o países forajidos, por las sospechas de cooperación con el narcotráfico, por el aliento y apoyo a grupos terroristas y por su injerencia en naciones latinoamericanos como Perú, Colombia y Honduras. Fue tachada de «traidora» en la Asamblea Nacional. La mayoría, de obediencia chavista, organizó una algarabía y habló de infamias y calumnias en el auto del juez Velasco, sobre cuya manera de proceder hay pocas dudas en España, así como sobre sus presunciones, aunque el volcánico líder venezolana arguya que actúa guiado por «el imperio yanqui».

Chávez repudia con saña a Velasco por su antigua militancia en el PP, pero está probado que en Venezuela el Poder Judicial está vinculada a él y es un apéndice del régimen. El estrambótico caudillo ve la mota en el ojo ajeno, pero no la viga en el suyo. El órgano de gobierno de los jueces españoles, en un infrecuente comunicado institucional, ha llegado a pedir el máximo respeto a su labor y la independencia con que trabaja. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, consideró inaceptables las críticas a Aznar y al juez, mientras desde el ministerio de Exteriores de Miguel Ángel Moratinos se procuraba quitar hierro al asunto en medios de las ásperas críticas de la oposición conservadora y el silencio de la demás.

Venezuela dice que repudia el terrorismo, pero es evidente que protege a etarras. Gente como el aparente jefe de los etarras afincados allí, Arturo Cubillas Fontán, que llegó al país, en 1989 tras el fracaso de las llamadas Conversaciones de Argel, como «huésped vigilado» – esa era la formula, que no exilio o refugio –, se casó al poco con una descendiente de vascos y por boda y arraigo se naturalizó venezolano. Ahora tiene un importante cargo público – jefe de seguridad – en el mismo ministerio que expropia las tierras, entre otros a emigrantes españoles, al tiempo como actúan como etarra mayor residente. Su esposa, Goizeder Odriozola, periodista y conocida activista proetarra, es la mano derecha del vicepresidente de la República, Elías Jaua Milano. Además de las dos docenas de etarras llegados de Argel, París o Panamá por acuerdos bilaterales, otros se establecieron en Venezuela por sus propios medios. Varios se insertaron pacíficamente en el país que les acogió, pero los hay que de retorno a Europa ha sido detenidos con la pistola en la mano o vistos por testigos en campamentos de las Farc como instructores de terrorismo. Zapatero confía en que Chávez ayude, pero el tiempo seguramente dirá otra cosa.

¿Cuáles son los motivos de la pasiva actitud española? Pueden ser diversos: los cerca de doscientos mil españoles radicados en Venezuela y sus negocios; la defensa de los grandes intereses de empresas españolas como Telefónica, Repsol o el BBVA; el pedido de guardacostas que construye la estatal naval militar Navantia; la posibilidad de que Chávez, Cuba y sus satélites patean el tablero iberoamericano vacíen aún más las desvalorizadas cumbres anuales de gobernantes; evitar una hostilidad constante antiespañola con motivo de las múltiples celebraciones por venir del 200º aniversario de las independencias de las repúblicas hispanoamericanas; cautela ante la diplomacia vociferante de Chávez; que Venezuela se convierta efectivamente en un santuario de la ETA y la banda terrorista se robustezca con la cooperación de un Estado gamberro que limita por el oeste con territorios colombianos controlados por los narcoterroristas de las Farc. Todo eso quizás aderezado con una pizca de ideología, no ya de afinidad propiamente dicha sino del deseo de llevarse bien con un gobierno latinoamericano de izquierdas, sin descartar la creencia de que la alternativa a Chávez es bien de derechas ni el «Síndrome Aznar», es decir, el apoyo comprobado del anterior presidente del Gobierno a los golpistas que desalojaron a Chávez del poder durante 48 horas en el 2002.

Francisco R. Figueroa
franciscorfigueroa@hotmail.com

Chávez: perro ladrador

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, estuvo este viernes a Madrid, a donde llegó sacudiendo coces –aunque se fue manso— y citando incorrectamente a Alonso Quijano en aquel apócrifo «ladran, Sancho, luego cabalgamos». Para él, el Quijote rezuma «socialismo», el rey español barbudo recuerda a Fidel Castro, España mantiene una actitud «colonialistas» sobre América Latina y Venezuela será uno de los cinco gigantes mundiales de los hidrocarburos, con el último descubrimiento de gas hallado en sociedad con Repsol y la italiana Eni.

Se desconocía el motivo de esta imprevista escala en la capital española, metida con fórceps en medio de la larga gira por naciones del norte de África, Oriente Medio y el este de Europa de un Chávez magnificado de palabra y obra en el Festival de Venecia por el cineasta estadounidense Oliver Stone y él mismo en pos de su propia grandeza buscando en Rusia y otros países acuerdos militares y energéticos entre loas a Lenin en Moscú, conchabeos nucleares con Ahmadineyad en Teherán, arrumacos con Gadafi en Trípoli, burlas al «eje del mal» con Lukashenko en Minsk, cantos a Castro por doquier y el vaticinio del próximo fin del «imperio yanqui».

Parece que Chávez pescó de sorpresa a Madrid cuando solicitó de improviso ser recibido por el rey Juan Carlos y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, suspendió una visita oficial a Israel para estar con Chávez, por lo que el responsable de la diplomacia española recibió dardos envenenados de la oposición popular. Chávez ve a Moratinos el socialista español más próximo a su régimen bolivariano. Tanto parecía el desconcierto en Madrid que para evitar sorpresas se descartó la rueda de prensa conjunta habitual en visitas de trabajo de mandatarios extranjeros, aunque Chávez se despachó por donde pudo.

¿A qué estuvo Chávez a Madrid? Sin duda no viajó con la idea de anunciar ese enorme yacimiento de gas que, en un emprendimiento con Repsol y Eni, fue encontrado en el Golfo de Venezuela, porque, según dijo él mismo por la tarde, esa noticia la tuvo mientras estaba reunido a mediodía con Zapatero. Se trata de un yacimiento en el Golfo de Venezuela que con entre siete y ocho billones de pies cúbicos de gas (equivalentes a cerca de 1.200 millones de barriles de crudo) es uno de los mayores del mundo. Ahora habrá que esperar a ver si Chávez cumple su promesa, hecha en el mismo Madrid, de respetar la tajada de Repsol (del 32,5%) en ese proyecto y no la estatalice como ha hecho con tantos intereses extranjeros en los sectores más diversos. Cuando hizo el anuncio tenía a su lado al patrón de Repsol, Antonio Brufau.

Nada hubo de nuevo sobre los más de 2.000 millones de euros (casi 3.000 millones de dólares) que el régimen de Chávez retiene a las transnacionales españolas, sobre todo de Telefónica —unos 1.500 millones—, el BBVA, la propia Repsol y Air Europa. Mapfre acabó reinvirtiendo localmente los dividendos que no pudo repatriar. Chávez hizo alusión, sin concretar nada tampoco esta vez, a la prometida participación de empresas españolas en la ampliación del Metro de Caracas y la construcción de vías férreas, o en inversiones en viviendas y energía eólica. Tampoco nada sobre cómo y cuándo indemnizará a los 110 hispano-venezolanos a los que les expropió sus tierras así como y a las prestadoras de servicios a la industria estatal del petróleo que fueron confiscadas en mayo, o cuándo dejará de proteger a los miembros de ETA que hay en Venezuela o a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que a su vez apoyan a la banda terrorista vasca.

Nada más desembarcar en Madrid Chávez se había despachado a gusto hablando de colonialismo y relaciones desiguales con España que él va a remediar, de que hay que acabar con la percepción colonialista de que España es la puerta de Europa de Iberoamérica («Nosotros no hesitamos esa puerta», clamó) o que España es superior a los países latinoamericanos. Parece que Chávez estaba poniendo a prueba el tinglado de las relaciones de Madrid con las repúblicas hispanoamericanas y la diplomacia de este país antes de que comience, en enero próximo, la presidencia española de la Unión Europea y la tan cacareada «sintonía» de Zapatero con Barack Obama. Zapatero necesita el apoyo de Chávez a la Cumbre UE-América Latina que se celebrará durante la presidencia española. Asimismo, Madrid precisa que Chávez no reviente con sus aliados —sobre todo con Cuba, Bolivia y Nicaragua—, las cumbres iberoamericanas cuyo futuro parece pender de un hilo. Recientemente Chávez ha criticado con asperaza que España pretenda sumarse a las celebraciones del bicentenario de las independencias de las repúblicas hispanoamericanas y ha exigido perdón por los excesos de la conquista. Afirmó que «hay quienes pretenden esconder la masacre» en América y que en una ocasión le hizo reproches al rey Juan Carlos por hablar del descubrimiento de América. «Él será monarca en España, pero en América no. Somos nosotros lo que tenemos que celebrar la rebeldía contra España precisamente», clamó.
Chávez afirmó en un tono que resultó pedante que hace diez años, es decir, cuando él llegó al poder, el mundo estaba muerto y la esperanza también, pero hoy es diferente. Aseguró que no es un tirano como dice por ahí; que los gobiernos europeos, incluida España, utilizan las «mentiras y tergiversaciones de la derecha internacional» para perjudicar a América Latina y que la prensa del viejo continente le es masivamente hostil sin motivo —incluido el diario español «El País» al que concedió una entrevista—, al tiempo que volvía a predicar el fin del imperio yanqui y del «mundo unipolar» que –según él— se ha mantenido a flote artificialmente con la ayuda del enorme mercado de consumo estadounidense, sobre la base de un enorme déficit y con una moneda que se está desintegrando.

La breve e inesperada visita del presidente venezolano parece que sorprendió con el pie cambiado al Gobierno español, que en privado no oculta su incomodidad por la llegada del controvertido caudillo latinoamericano. Zapatero lo encajó entre el italiano Silvio Berlusconi, con quien se reunió el jueves, y el francés Nicolas Sakorzy, a quien visitó el mismo viernes. Madrid no ha querido nuevas sorpresas, ni siquiera como la que dio el embajador venezolano en España, Isaías Rodríguez, cuando aseguró el pasado miércoles que el encuentro entre Zapatero y Chávez era para «unir voces» contra el acuerdo que permite a Estados Unidos usar siete bases en territorio colombiano, una afirmación que dejó pasmados a muchos. De hecho, Chávez pidió en Madrid que Colombia dé marcha atrás en el asunto de las bases y que siente a hablar con las FARC, asuntos que España no puede de ningún modo secundarle tanto por su alianza militar con Estados Unidos vía la OTAN y en las bases que hay en España como por la necesidad de mejorar relaciones con Washington y porque ha descartado cualquier solución negociada con ETA al problema del terrorismo.

España puede haber mandado un mensaje equivoco con la visita de Chávez, que se produce unos días después de que Sarkozy estuviera en Brasilia para sellar una alianza cada vez mas intensa y productiva entre Francia y Brasil, país al que la diplomacia española no valora debidamente. Quizás algunos interpreten que España esté diciendo al mundo: «Vale, los francesas tienen a Lula, pero Chávez es nuestro hombre» en América Latina.

Francisco R. Figueroa
franciscorfigueroa@hotmail.com

¿Por qué lustrar las botas a Chávez?

Las desafortunadas declaraciones del jefe de la diplomacia española, Miguel Ángel Moratinos, tras su reciente visita a Caracas, sobre democracia y libertad de expresión en Venezuela han desatado un huracán, justo cuando el presidente Hugo Chávez daba otra vuelta de tuerca al país.

En los medios de comunicación y por Internet se han alzado voces indignadas que han expresado «vergüenza» y «asco» por lo que consideran «cercanía» de Moratinos al régimen de Chávez. Una «cabronería», en palabras del ex guerrillero comunista, ex ministro, ex candidato presidencial, político y ahora director de periódico, Teodoro Petkoff. También ha sido alegada una actitud «mendigante» y «obsequiosa» del ministro español de Asuntos Exteriores.

En una entrevista publicada por «El País», Moratinos le da vitola democrática a Chávez por el hecho de que ha salido victorioso de diversas votaciones, como si la democracia se basara solo en celebrar elecciones. Nada dice el ministro español sobre los sistemáticos atropellos a la democracia y las frecuentes violaciones de la Constitución por parte de Chávez en su desbocado empeño de instaurar un sistema socialista revolucionario, que la oposición y la disidencia chavista se hartan de denunciar. Sin ir ni más lejos, Moratinos nada dijo sobre los alcaldes y gobernadores de la oposición que se ven impedidos por Chávez de ejercer sus funcione, o de esa novísima ley electora venezolana que virtualmente da casi toda la representación parlamentaria a la primera minoría, en lo que se ve con un claro intento de garantizar la hegemonía del partido oficialista durante muchos años más. «No nos llamemos más a engaño: en Venezuela se está desarrollando un proceso dictatorial», afirma Antonio Ledezma, el alcalde de Caracas despojado de sus competencias por Chávez.

Moratinos considera «satisfactorio» el nivel de libertad de expresión en Venezuela justo en el momento en que Chávez confiscaba por no tener los papeles en regla las primeras 34 emisoras de radio de las cerca de 250 y otras casi 50 de televisión que pretende apoderarse para –según proclama– «acabar con el latifundio mediático» existente. Pero la oposición asegura justamente que en realidad se trata de acabar con el disenso. Por otro lado, el régimen chavista tiene lista una nueva ley supuestamente destinada a regular la libertad de expresión que ha sido considerada «liberticida», «aberrante», «un devastador golpe a la democracia», «una lápida para las libertades informativas» y «probablemente el texto legal más salvaje y brutal que haya sido conocido por el país en su historia contemporánea”. Con esa ley «Chávez puede sancionar a cualquiera que le moleste» o «dentro de poco sólo quedarán abierto los medios que se dobleguen a Chávez» o «Chávez solo quiere el periodismo que le limpia las botas» resume la tempestad de protestas impotentes de colegios profesionales, prensa y oposición. Mientras, Moratinos consideraba que en Venezuela «hay un sector de medios de comunicación muy crítico con Chávez» –a los que el líder venezolano está lanzado a liquidar– y agregaba eso de que «el nivel de libertad de expresión es satisfactorio.» Justo cuando esas palabras acababan de ser pronunciadas una horda chavista asaltaba las instalaciones de Globovisión, el canal de información de línea opositora que vive baja una permanente amenaza de cierre.

El jefe de la diplomacia española, en otras declaraciones, ha manifestado su preocupación por las bases militares que usará Estados Unidos en Colombia, en clara sintonía con Chávez. Por ese asunto Chávez ha colocado otra vez al borde de la ruptura las relaciones colombo-venezolanas, en un ataque furibundo con el que al parecer tratar de opacar las evidencias sobre las armas suecas del Ejército de Venezuela encontradas en manos de los terroristas de las Farc.

Sorprende que un aliado de Estados Unidos como es España, con interese globales semejantes, que combaten juntos el terrorismo y el narcotráfico, que son socios en la OTAN y guerrean juntos en Afganistán, y que tiene en su propio territorio importantes bases «yanquis» cuestione un asunto que dice a las relaciones entre las administraciones de los presidentes Barack Obama y Álvaro Uribe y entre al juego al lado de Chávez, quien dentro de ese enfrentamiento permanente con Washington, vital para el sostén de su frágil tinglado ideológico, considera esas bases una amenaza para Venezuela y América Latina. Las bases son para el combate al terrorismo y al narcotráfico, actividades con las que se está relacionando cada vez más a Hugo Chávez.

Asimismo, nada dice España respecto a las graves denuncias relacionadas con los lanzacohetes AT-4 suecos hallados en manos de las Farc, cuyos números de serie corresponden a un lote de armas vendido a Venezuela, lo que confirmaría la presunción tantas veces apuntada de que el régimen de Chávez –o sus militares– provee de armas a la guerrilla del vecino país, aparte de los múltiples apoyos políticos que le han dado, incluso reconociendo a las Farc como una fuerza beligerante. Siendo así, Chávez alimenta el viejo conflicto armado colombiano, da bríos a una organización terrorista cada vez más menguadas que Uribe combate con saña y debilita la seguridad en una zona de por sí flaca. Igual que debilita la precaria estabilidad en los Andes la confirmada financiación de las Farc, por unos 400.000 dólares, a la campaña que llevó al poder Rafael Correa, asunto que el propio mandatario ecuatoriano ha admitido tácitamente. La crisis en Honduras muestra a las claras que Chávez y sus aliados bolivarianos desestabilizan la región e injieren peligrosamente en asuntos internos de otras naciones creando profundas crisis institucionales de consecuencias imprevisibles como ocurre en ese país centroamericano. Contrasta con ello la actitud de los Estados Unidos de Obama.

A España debiera preocuparle todo lo relacionado con la estabilidad y la seguridad en América Latina y no tan solo por las bases estadounidenses, máxime si implica a organizaciones virtualmente hermanadas con la ETA como son las Farc y a gobiernos que de un modo u otro amparan a los terroristas vascos.

Botín acaba una aventura tropical

La aventura tropical que el poderoso banquero español Emilio Botín, de 74 años, inició en Venezuela en 1996 ha resultado para él, pese a todo, un buen negocio, que ha sucumbido
este viernes frente al frenesí estatista del presidente Hugo Chávez. Solamente en el último de los doce años que tuvo el dominio del Banco de Venezuela, una entidad casi tan vetusta como su propio Banco de Santander, Botín ganó más de lo que pagó por la entidad venezolana en 1996.

Tras un año de tiras y aflojas, Chávez llegó a un acuerdo amistoso por el que paga a Botín 1.050 millones de dólares para que le entregue la entidad que lleva desde su fundación en 1883 el sacrosanto el nombre de la patria que creó su álter ego, Simón Bolívar. Con esta venta el negocio mundial de Botín se ha achicado un 2%.

Cuando compró el Venezuela Botín se las prometía felices. «No nos cabe duda de que nos va a salir bien», respondió entonces a las preguntas que le hice en Caracas sobre los riesgos de invertir en aquel país. Confiaba plenamente en una Venezuela que acababa de ser considerada por la Unión Europea una nación en la que campeaba la inseguridad jurídica. No le importaba tampoco la corrupción, la frágil estabilidad de sus instituciones, la falta de rumbo nacional, la ineficacia rampante, el descrédito absoluto de la política y, en definitiva, una crisis económica, política y social de proporciones gigantescas.

El patrón del Santander dijo que basaba su optimismo en que el presidente venezolano de entonces, Rafael Caldera, le había dado personalmente garantías y también en que durante dos años había meditado «muy, muy a fondo» la situación de Venezuela. «Estamos tranquilos», concluyó. Claro que por aquel entonces nadie contaba con Hugo Chávez. Quizás sólo el propio Chávez, a la sazón un ex militar golpista y ex convicto que hacía proselitismo boca a boca en la semiclandestinidad.

Desde el 2007 –o quizás antes– Botín daba por descontado que el voraz estatismo de Chávez iba a hacer presa en su banco. Por eso lo puso en venta. También Francisco González, presidente del BBVA, suponía que podía perder su Banco Provincial, la otra gran entidad financiera de Venezuela. Varias veces el caudillo bolivariano había amenazado con tomar ambos bancos, una de ellas en venganza por el famoso «¿Por qué no callas?» que en plena verborrea le espetó el rey Juan Carlos en la Cumbre Iberoamericana de Chile. Botín y González sabían que la Venezuela chavista se había convertido en un peligroso pantano.

Chávez prefería el banco de Botín, el más antiguo del país y de nombre tan emblemático para un nacionalista recalcitrante como él. La toma del banco quedó marcada este viernes patrióticamene por el despliegue de una enorme bandera tricolor venezolana sobre la fachada de la sede central del banco, en el centro de Caracas, donde se encontraba Botín. «Creo que el Grupo Santander puede decir que ha tenido un éxito en Venezuela», expresó el ministro de Finanzas, Alí Rodríguez Araque, para quien su Gobierno ha hecho un buen negocio con esta compra.

Por otro lado, el BBVA había contribuido a la financiación de la campaña que llevó al poder a Chávez en 1998. Quizás por eso Chávez haya podido ser más considerado, aunque no se puede descartar que en un futuro cercano estatalice el Provincial, lo que va a depender de su cada día más delgada billetera de petrodólares, o facilite su enta a uno de los llamados banqueros chavistas. EL BBVA ha debido desmentir reiteradamente que el Provincial esté en venta.

Según investigaciones judiciales, el BBVA dio a Chávez al comienzo de su vida política algo más de 1,5 millones de dólares. La mayor parte de ese dinero fue entregado a mediados de 1999 cuando Chávez ya era presidente. Eso puso de evidencia una investigación de la Audiencia Nacional española, fue reconocido ante el juez por altos ejecutivos del BBVA y recibió la confirmación de Luis Miquelena, en la época «cajero» y mentor de Chávez y actualmente uno de sus más encarnizados enemigos.

Un año después de haber anunciado que estatalizaba al Banco Venezuela, Chávez ha podido poner sus pies en la entidad, que tiene 286 sucursales, seis mil empleados y 3,5 millones de clientes. Este viernes fueron traspasadas al Estado la titularidad de casi 3.600 millones de acciones, equivalente a algo más del 98% del capital social del banco, por un importe de 1.050 millones de dólares, que Chávez paga en cuotas: 630 millones en el acto, 210 millones dentro de tres meses y los restantes 210 millones en la víspera del próximo Año Nuevo. Las arcas chavistas no están para alegrías. El 30% de todo eso lo recuperará Chávez en impuestos. Además, Chávez libera para su envió a la casa matriz una parte sustancial de los 444 millones de dólares de beneficios que el banco tuvo en el ejercicio 2008 y que estaban trabados en de los múltiples controles económicos que el régimen venezolano mantiene. A partir de ahora Chávez controla casi la cuarta parte de los depósitos bancarios del país.

El precio final es bastante menor de los 1.400 millones de dólares que había ofrecido por el Venezuela el magnate Víctor Vargas, dueño del Banco Occidental de Descuento (quinta entidad financiera del país) y suegro de Luis Alfonso de Borbón, bisnieto del dictador Francisco Franco, sobrino por parte de primo-hermano del rey Juan Carlos, duque de Anjou y pretendiente de una quimera llamado trono francés. Esa operación fue vetada por Chávez, aunque se hacen muchas conjeturas sobre las relaciones de Vargas con el régimen venezolano y también sobre que ha consolidado su fortuna a la sombra de la revolución bolivariana.

La voracidad estatista de Chávez le ha llevado a apropiarse casi de un centenar de empresas grandes, medianas y pequeñas, de los sectores de telefonía, electricidad, siderurgia, cemento, petróleo y ahora bancario, todas ellas consideradas estratégicas para su proyecto socializante. Intereses de España, Estados Unidos, Francia, México, Argentina y Suiza han sido nacionalizados por Chávez. Fuentes venezolanas calculan que se ha gastado unos 23.000 millones de dólares, equivalente al 75% de las reservas del internacionales venezolanas. Debido a los procesos de nacionalización, tiene litigios abiertos con las petroleras estadounidenses ExxonMobil y Conoco Phillips, y la cementera mexicana Cemex, que envuelven unos 7.000 millones de dólares. Chávez tiene ya 2,2 millones de empleados en su nómina en un país donde 95 de cada 100 dólares que entran provienen del petróleo.

Francisco R. Figueroa


Batalla en Madrid por y contra una Cuba libre

Este último fin de semana ha habido en Madrid una batalla por Cuba. Organizaciones de las izquierdas otrora comunistas y ahora desnortadas recorrieron el sábado algunas calles defendiendo la revolución, es decir, a la dictadura de los hermanos Castro, y contra las injerencias en un país con un Gobierno históricamente entremetido, aunque le llame «solidaridad internacional». El domingo grupos de las derechas participaron en una concentración a favor de la libertad y la democracia, de las que Cuba carece, y de condena al más largo régimen dictatorial sufrido por una nación latinoamericana. En medio de ambas, el partido socialista del primer ministro Rodríguez Zapatero se abstuvo en sintonía con la política meliflua y afectada que el Gobierno de Madrid practica con Cuba. ¿Dónde quedaron aquellos luchadores socialistas por la libertad, la democracia y la justicia como ideales y valores esenciales del hombre?

Posiblemente nunca llegue un día en que los demócratas españoles se manifiesten unidos para que en Cuba también haya una democracia, algo simple para quienes estamos acostumbrados a disfrutarla y una quimera para los que no viven en ella, como casi al cien por cien de los cubanos de la isla, los menores de 60 años porque solo han conocido la dictadura de medio siglo castrista y la de Fulgencio Batista que le precedió. La corta etapa democrática cubana se difumina allá, bien lejos en el tiempo, aunque los hermanos Castro seguramente la recordaran pues se foguearon en ella.

La cuestión es sencilla: hay que ir a las calles a pedir que los cubanos puedan libremente salir y entrar, comprar y vender; pensar, leer, escribir, imprimir y divulgar; ganarse la vida, navegar por Internet, librarse de la Seguridad del Estado, de los no menos odiosos Comités de Defensa de la Revolución y de las libretas de racionamiento, y también votar por todas las ideas en lugar de estar sometidos por las botas de los Castro que solo se diferencian de color de las botas de Augusto Pinochet, Alfredo Stroessner o Rafael Videla o tantos y tantos milicos, salvapatrias y aventureros que han subyugado a los pueblos latinoamericanos.

Por mucho que las izquierdas hispanas griten lo contrario, Estados Unidos no constituye actualmente una amenaza para Cuba y mucho menos con Barack Obama en la Casa Blanca. En las negociaciones para solucionar la Crisis de los Misiles, que tuvo al mundo en 1962 al borde de una guerra nuclear, Washington se comprometido a no invadir nunca la Isla y ha cumplido. Es cierto que sus servicios de espionaje trataron decenas de veces de eliminar a Castro durante la Guerra Fría, pero eso hoy también es historia y una coartada más para el vetusto líder cubano. El problema fundamental entre ambos países es el embargo comercial parcial a Cuba que los izquierdistas españoles siguen viendo como si se trataran de un muro impenetrable tendido alrededor de la isla, cuando la realidad es que el 80% de lo que poco que come Cuba llega de Estados Unidos, y cuyo levantamiento depende de cuestiones básicas, sencillas, relacionadas con el respeto a los derechos humanos y no, como arguye Fidel, con la claudicación de un pueblo ante un imperio.

A Estados Unidos el embargo comercial demostradamente no le interesa. Ha tratado de levantarlo media docena de veces desde la época de Richard Nixon y Henry Kissinger. Gerald Ford, Jimmy Carter y Bill Clinton quisieron abolirlo, pero siempre se toparon que acciones hostiles puntuales de Fidel Castro, para quien el embargo sigue siendo su mejor pretexto para mantener a Cuba bajo su férula. El problema fundamental de Cuba es el bloque interno impuesto por Fidel Castro. El obstáculo para el progreso de esa Cuba sumida en el atraso y la miseria son sus dirigentes obstinados y gagás.

Las derechas españolas se ha manifestado a favor de la libertad y la democracia en Cuba y esto está bien. Incluso es aceptable que dineros públicos se destinen a la causa de los demócratas, a quienes se oponen pacíficamente a los hermanos Castro, a esos que un régimen sin piedad tilda indistintamente de mercenarios y terroristas. Esto está tan bien como, por ejemplo, que los socialistas alemanes y suecos ayudaran política pero también económicamente a los demócratas españoles en su lucha contra la dictadura del generalísimo Francisco Franco, gallego y taimado como Fidel.

Pero resulta intolerable que un diplomático impertinente como es el belicosos embajador de Castro en Madrid, Alberto Velazco San José, mande zaherir y vituperar a las autoridades españolas que ayudan a los demócratas cubanos y luego se pavonee de que si un representante extranjero en La Habana hiciera algo similar sería expulsado automáticamente sin permitirle siquiera recoger su cepillo de dientes. Velazco presume que ningún diplomático extranjero en Cuba se atrevería a hacer algo semejante a lo que él autorizó a su embajada contra de la jefa del Gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid, Esperanza Aguirre, que fue calificada de «cabecilla de la mafia terrorista cubanoamericana», primero en un comunicado de la propia legación diplomática y luego desde las páginas del diario «Granma», el órgano oficial del régimen castrista. Sufrió por ello una tibia amonestación cuando merecía una severa reprimenda. Algo parece que está mal en la política española hacia el castrismo y debiera ser mudado antes de encumbrarla con esa inminente gran visita de Estado a la isla.

Volviendo a las relaciones con Washington, ha bastado una insignificante alusión de Obama a Cuba para que Fidel Castro abriera las hostilidades contra otro presidente de Estados Unidos, el undécimo inquilino de la Casa Blanca desde el inicio de su dictadura. Era de esperar pues, como varias veces ha aparecido en este blog, el enfrentamiento permanente con Estados Unidos, sean demócratas o republicanos los titulares del poder, es la razón de vida de Fidel Castro, explicada por el propio dictador, su único asidero ideológico y el detergente para el lavado de cerebro al que el régimen tiene sometidos permanentemente a los cubanos. Con el pretexto de que Obama no devuelve Guantánamo ya —Estados Unidos debiera pensar en eliminar cuanto antes ese residuo colonial en el este cubano y Fidel Castro es malvado haciendo creer a su pueblo que la devolución tienen que ser inmediata e incondicional— y de que la actual Administración norteamericana también apoya a Israel, el anciano y enfermo comandante en jefe reparte leña contra el flamante presidente en la última «reflexión» que ha publicado. Nuevamente Fidel deja en evidencia que sin Estados Unidos él no es nada.

Francisco R. Figueroa