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Argentina: Cristina condenada

Francisco R. Figueroa 

✍️7/12/2022 

Cristiana Fernández de Kircher  (69) ha sido condenada por actos de corrupción: defraudación al Estado mientras ejercía la presidencia de la república y cuando era consorte del primer mandatario de la nación.

Por haber robado al Erario argentino.

Fue una sentencia de acuerdo a las leyes y los procedimientos judiciales de Argentina, y con todas las garantías, tras 14 años de instrucciones, 600 horas de juicio y 150 testigos, en un proceso dirigido por tres magistrados que ella misma había nombrado. 

Otra cosa es el relato estridente, furioso, de Fernández sobre que ella es víctima de una mafia, de una suerte de contubernio de políticos adversarios, jueces corruptos y golpistas, y el vil periodismo cómplice.

No sólo ella salió mal herida. A la larga puede destruir el kirchnerismo, que su primogénito, Máximo (45), hoy diputado, trata de liderar.

Nunca antes en Argentina había habido una condena así, a un personaje tan connotado. Ella es vicepresidente de la república, presidenta del Senado, ex jefa del Estado de dos períodos, viuda de un mandatario, la que impuso al actual gobernante, Alberto Fernández, la suprema sacerdotisa del peronismo, un sucedáneo de Evita y la que maneja los resortes del poder, da las cartas y corta el bacalao. O simplemente Cristina, a la que trataron de dispararle y ella explota la intentona asesina como si hubiera entrado al martirologio.

Seis años de cárcel e inhabilitación de por vida para cargos públicos. Los jueces concluyeron que en el caso hubo «un perjuicio descomunal y sin precedentes para las arcas públicas». Esos jueces hablan de recuperar el equivalente a unos 500 millones de dólares.

Fueron obras públicas adjudicadas siendo presidente, primero, Néstor, su difunto marido, y después ella, entre 2003 y 2015, a un paniaguado suyo desde los viejos buenos tiempos del feudo de Santa Cruz, que también fue condenado. Un exsargento que en 1990 era un humilde cajero de sucursal provinciana de un banco hasta que se engrudó a los Kirchner y se hizo billonario como adjudicatario de infinidad de obras públicas.

Fernández puede apelar ese veredicto al Tribunal de Casación y luego a la Corte Suprema, que es lo debido, en lugar de arremeter embravecida contra las instituciones y el sistema judicial argentino acusándolo de practicas golpistas, jaleada por el coro de supuestos progresistas, entre ellos el subdictador cubano Miguel Díaz-Canel, en cuyo país reina la armonía más exquisita entre los poderes del Estado y la democracia más impecable del universo.

Y le quedan más juicios a la viuda de Néstor Kirchner, todos relacionados con las jugosas fortunas que ambos y testaferros suyos amasaron desde el poder, en perjuicio del Estado, tanto en la presidencia de la república como cuando anduvieron con cargos públicos regionales en los confines de la Patagonia, desde aquellos orígenes de matrimonio modesto (1975), tras una boda austera, en la casa de City Bell prestada por la familia. 

Néstor tampoco procedía de familia acomodada pero él aseguraba que tuvo fortuna con negocios inmobiliarios antes de dedicarse a la política, cuando ejercía como abogado en Rio Gallegos.

La fortuna amasada por los Kirchner es motivo de especulación. Ellos, en sus declaraciones de bienes, consignas menudencias. En 2020 unos interventores calcularon a Cristina y sus dos hijos un patrimonio de entre cuarenta y dos y cincuenta y dos millones de dólares y veintisiete propiedades inmobiliarias, unas seis veces más de lo que ellos declaran. Pero eso parece solo la punta de un gigantesco iceberg austral. ✅

franciscorfigueroa@gmail.com


¡Kirchner ha muerto: Compren Argentina!

Francisco R. Figueroa

✍28/10/2010

Cuando en los mercados se supo que al hombre fuerte de Argentina se le había roto el corazón la orden fue tajante: «¡Compren, compren, compren…!».

Los principales activos financieros argentinos se dispararon en Wall Street y la City londinense en una reacción inmediata a la muerte, el miércoles 27, de Néstor Kirchner a los 60 años en su tierra patagona, cuando seguía mandando en Argentina a través de su esposa, Cristina Fernández, y se preparaba para lanzar su candidatura a las elecciones presidenciales de octubre del año próximo.

La intención de Kirchner era convertirse en el sucesor de su sucesora, en una alternancia entre marido y mujer para mantener el poder sin precedentes en ninguna parte del mundo, con el antecedente en la propia Argentina del general Juan Domingo Perón hizo vicepresidente a su segunda esposa, la bailarina María Estela «Isabelita» Martínez, que le sucedió a su muerte en 1974.

El fallecimiento inesperado del poderoso hombre que imponía el ritmo y los tiempos políticos en Argentina sacudió el tablero político del país, sobre todo en el frente peronista, donde posiblemente haya comenzado el navajeo antes de los oficios fúnebres, a la sombra de los grandes gestos, las palabras rimbombantes, las loas al prócer fallecido y los cantos a la unidad suramericana de los gobernantes extranjeros llegados para las exequias.

Kirchner, que practicaba la política como un pugilato, controlaba también férreamente el Partido Justicialista, en el que ya avizora la lucha por la sucesión en la presidencia de la formación peronista y, según algunos analistas, una sorda batalla para influir en Cristina Fernández durante los trece meses que le restan de gestión.

Los mercados – regidos por el oportunismo con las leyes de un casino de truhanes en el Caribe de los bucaneros– intuyeron que el plan de los Kirchner de mantener el poder durante al menos dieciséis años pereció en El Calafate con el ex presidente y se lanzaron al negocio vislumbrando el fin de una época marcada por la hostilidad mutua con un Gobierno argentina agresivo frente al gran capital, resentido con los inversionistas, que no garantizaba la seguridad jurídica, estatista, heterodoxo, populista, enfrentado con sectores empresariales y la prensa y que había trampeado con las estadísticas.

«No hay nada mejor que la seguridad de saber que Kirchner no estará en la carrera presidencial», se oyó decir a un gran operador del mercado.

Hay expectativa para ver cómo su viuda transita estos trece meses que le restan de su cuatrienio presidencial. Parece improbable que Cristina Fernández pueda sustituir a su fallecido esposo al frente del peronismo y que sea ella la aspirante a su propia sucesión en las elecciones presidenciales previstas para el 23 de octubre del año venidero. La casi certeza de que la oposición será incapaz de aportar un candidato fuerte presenta aún más crispada la lucha interna en el peronismo por la nominación.

No obstante, hay analistas que creen que muerto Néstor Kirchner, Cristina Fernández se convierte automáticamente en la única candidata del kirchnerismo –y por ende del peronismo– para esas elecciones, la candidata natural a la reelección, aunque esto parece más una manifestación de deseo.

Parece descartada la posibilidad de que en este poco más de un año de mandato que le queda a Cristina Fernández haya algún riesgo institucional. Pero los observadores recuerdan que las sucesiones en el peronismo han sido tradicionalmente traumáticas y que las crisis internas en dicho partido acostumbran trasladarse al conjunto de la nación.

Como dijo el ex jefe del Gabinete ministerial (2003-2008) Alberto Fernández, un político justicialista con aspiraciones presidenciales y uno de los que mejor conoció al matrimonio presidencial, «Cristina perdió mucho más que un marido». ✅


La sra. Kirchner, el sr. Kirchner y los cerdos

El matrimonio presidencial argentino —tanto monta, monta tanto— usa el poder, el dinero y el cerdo como afrodisíaco. La erótica del dinero y el poder era conocida y ahora la señora Kirchner, cercana a cumplir 57 años, ha reconocido que también la del cerdo, al contar en público, de manera muy desinhibida, lo «impresionantemente bien» que la pasó con el señor Kirchner, de casi 60, después de comer un riquísimo lechón, con la piel crocante y todo, al aire libre, en su placentero refugio de El Calafate, lugar de la Patagonia a la que, por cierto, está asociada su fortuna, de vigoroso crecimiento.
«Yo estimo que es mucho más gratificante comerse un cerdito a la parilla que tomar Viagra. ¡Yo soy fanática de la carne de cerdo!», aseguró la presidenta en un discurso en la Casa Rosada de Buenos Aires en medio de excitaciones, chanzas, risitas pícaras y aplausos canallas de una audiencia eminentemente machista ante la que anunciaba el abaratamiento de la carne porcina.

De inmediato, el jefe de la Asociación de Productores Porcinos, Juan Uccelli, arrimó el ascua a su chancho al comentar que en Dinamarca y Japón, por el alto consumo de cerdo, «tienen una sexualidad mucho más armoniosa que la de los argentinos», que consumen masivamente carnes de res. Aunque algunos argentinos han anunciado jocosamente que comerán cerdo mañana, tarde y noche, aún es pronto para saber si la señora Kirchner ha conseguido que se dispare el consumo carne porcina y baje la venta de remedios contra la impotencia. Pero por la red se han descerrajado contra ella andanadas de comentarios terribles.
La señora Kirchner, doña Cristina Elisabet, presidenta de la nación desde hace poco más de dos años, ha hecho esas declaraciones cuando su imagen está desgastada, con la popularidad casi en la lona, y en unos momentos en que de nuevo estaba en entredicho la honorabilidad en la forma de amasar fortuna por parte de los actuales inquilinos de la Quinta de Olivos, la residencia presidencial argentina.

Lo mismo que cuando se supo que su fortuna personal había crecido un 160 por ciento entre 2008 y 2009, hasta 12 millones de dólares, por operaciones inmobiliarias en la tierra natal de Néstor Carlos Kirchner, mediante la compra de terrenos fiscales, adquiridos a un municipio regentado por un amiguete, a precio de ganga y su venta al valor astronómico. Uno terreno que fue comprado en 2006 por 35.000 dólares fue vendido por 1,6 millones dos años más tarde, o sea, que multiplicó la suma invertida por cincuenta como por arte de birlibirloque.

Ahora el matrimonio presidencial argentino ha sido puesto en el disparadero por la compra de casi dos millones de dólares en octubre de 2008, poco antes de que el peso quedara devaluado, alegadamente para sus negocios hoteleros en El Calafate, aunque existen dudas de que hubiera necesitado pagar la compra que dice haber hecho en divisa en efectivo. Al comprar dólares, Kirchner también estaba haciendo lo contrario a lo predicaba su mujer, con lo que, como ha señalado la prensa argentina, se le faltaba el espeto a la ciudadanía.

Néstor Kirchner ya había demostrado anteriormente sus habilidades para moverse en el mercado cambiario, incluso transfiriendo una fuerte suma de dinero a una cuenta en Estados Unidos en víspera de que el entonces presidente, Fernando de la Rua, decretara en 2001 «el corralito» (la inmovilización de los ahorros de los argentinos). Cuando ese dinero volvió a la Argentina se había multiplicado por cuatro.

Tráfico de influencia, asociación ilícita, uso de información privilegiada... acusaciones de corrupción de carácter ético y moral, pero difíciles de probar legalmente, hasta el punto de haber sido desestimadas por la justicia y de las que los Kirchner se han defendido su honorabilidad hasta el pataleo.

Mientras Néstor Kirchner gobernó Argentina entre 2003 y 2007 se decía que lo manejaba su esposa. Ahora que gobierna la señora Kirchner se asegura que el señor Kirchner es el poder tras el trono y que aspirará a un nuevo mandato cuando finalice el periodo de ella, sobre todo ahora que vuelve a la jefatura del partido peronista, que abandonó tras el desastre electoral de junio último, con lo que recobrará la posición de «hombre fuerte» de Argentina.

La alianza entre los Kirchner parece indestructible y perfecta la sociedad que forman. El poder KK mezcla dinero, política, sexo y soberbia. Populismo rampante de una diarquía que lleva a Argentina por la calle de la amargura.

Francisco R. Figueroa
franciscorfigueroa@hotmail.com

Cristina en horas bajas

La presidenta Cristina Fernández parece ir, de la mano de su marido, Néstor Kirchner, de desastre en desastre, como refleja la vertiginosa caída del favor popular del 58% al 24% en seis meses escasos que lleva al timón de Argentina.

Ningún otro presidente argentino desde que acabó la dictadura hace 25 años ha recibido en tan poco tiempo tantas críticas ni acumulado tantos conflictos en tantos frentes a la vez, según graficaba la situación una influyente publicación digital suramericana.

El desgaste debe ser compartido porque en Argentina tanto manda, manda tanto, Néstor como Cristina. El poder es allí un bien ganancial desde que él transfirió a ella el bastón de mando, en diciembre último, o quizás desde el mismo instante en que ambos decidieron convertir en asunto de familia la presidencia de la Nación.

Los hechos demuestran que el esposo, que formalmente es el jefe del Partido Justicialista (peronista), mantiene todo su poder en el Ejecutivo. Es el poder «K». En realidad el gobierno de Argentina es un «ménage à trois»: ella (Cristina Fernández), él (Néstor Kirchner) y el jefe del Gabinete ministerial, Alberto Fernández, una especie de mayordomo fiel. Está también el piquetero Luis D’Elía, que hace la colada repartiendo improperios y mamporros. Se gobierna por decreto, con poderes delegados por el legislativo, y en medio de un griterío.

El deterioro de la señora Kirchner se ha agudizado en los dos meses y medio último, en la áspera y descontrolada batalla que libra con los cuatro gremios de empresarios del campo (que suman cerca de 300.000 afiliados) por una subida de impuestos a las exportaciones de granos. Esta batalla ha puesto de relieve el papel decisivo del señor Kirchner en apoyo de la señora Kirchner. El oficialismo tilda las protestas de «desestabilizadoras» y «golpistas» con el ánimo de destituir a la presidenta, a sus impulsores de ser miembros de «la oligarquía» y a la prensa que la apoya de «profetas del odio».

Contribuye negativamente en esa crisis la intransigencia de ambos Kirchner, su mal genio y las maneras de los dos de entender el poder en términos de fuerza y seguir una estrategia del combate frontal a quienes osan oponérseles.

La situación es muy grave en un país que es lo que es gracias a la agricultura. Argentina es el primer exportador mundial de girasol, el segundo de maíz, el tercero de soja y el cuarto de trigo, y ocupa también puestos de relevancia en el comercio de derivados de estos granos.

La crisis le costó el cargo al ministro de Economía, Martín Losteau. A su sucesor, otro Fernández (Carlos), algunos lo ven quemado tras solo un mes en el cargo. La situación ha sido calificada como la crisis más innecesaria e inexplicable de la historia argentina.

Los Kirchner se muestran decididos a hincar de rodillas a los empresarios rurales, a que el campo muerda el polvo de la derrota, aseguran los comentaristas. El estilo de ambos parecer ser consecuencia de la consigna «Perón si, Stalín no» acuñado por los disidentes justicialismo de kirchnerismo, que acusan así de stalinismo al mismísimo señor Kirchner.

La presidenta es famosa por sus arrebatos de cólera y por sus gritos. Desdeña a la prensa, menosprecia a la oposición, es obsesiva y arbitraria, dicen quienes la conocen, según se lee en los periódicos argentinos. Propensa al autobombo, maneja a su gusto las estadísticas y parece que las maquilla tanto como a ella misma. Su marido decapitó el instituto nacional de estadística porque daba datos que a él no le convenían. Los Kirchner basan sus «éxitos» en unas estadísticas manipuladas, alegan sus críticos.

Dicen instituciones privadas que la inflación es el doble o el triple de lo que sostienen los institutos que Cristina Fernández maneja. La Iglesia católica, por ejemplo, critica las cifras oficiales sobre «disminución significativa» de la pobreza. Aseguran los curas que afecta a uno de cada tres argentinos, que hay regiones donde los pobres son una legión del 60% y que cada vez más gente acude a pedir comida a Cáritas. Las cuentas de unos y otros no difieren en poco: se trata nada menos que de tres millones de pobres.

El empleo en la economía sumergida está cerca del 40% de la población activa y la balanza comercial se retrae con una caída del superávit del 30% en abril respeto a un año atrás. En cuanto a la inflación, hay estudios que pronostica que este año puede superar el 20%. Mientras, Argentina es el único país del mundo donde el dólar aumenta de valor y el gobierno, tratando de mantener su precio, quema sumas astronómicas de unas reservas que recientemente marcaron un récord superior a los 50.000 millones de dólares, pero que están menguando aceleradamente. ¿Dónde va a acabar esa coyuntura con crecimiento económico sostenido del 8% anual que tanto robusteció a Néstor Kirchner?

A ello se suma una crisis energética por falta de planificación durante el gobierno del señor Kirchner y también por el desaliento de las inversiones. Los perfiles de esa crisis comienza a definirse de manera dramática con el comienza de la temporada austral del frío. Las restricciones en el servicio de gas natural han sido aumentadas cuando el país sufre estos días una ola de frío polar.

Francisco R. Figueroa
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