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Perú: Castillo descarga contra EEUU

Francisco R. Figueroa

✍️16/12/2022

Un Pedro Castillo envalentonado por Argentina, Bolivia, Colombia y México ha metido a Estados Unidos en la intrincada ecuación peruana para agitar más las calles regadas de violencia y muerte.

El expresidente, destituido por golpista y acusado de rebelión y conspiración, acaba de ser puesto en prisión preventiva por dieciocho meses, cuando se confirma la muerte de veintiuna personas y cerca de trescientos heridos en la escalada de violencia desatada por las izquierda tras el cese fulminantes de Castillo por el Congreso a causa del autogolpe del miércoles 7 de diciembre.

En una nueva carta manuscrita desde la cárcel, Castillo recurre al manido antinorteamericanismo. Acusa a Washington de haber «ordenado» a la nueva presidente, Dina Boluarte, sacar las tropas a las calles para «masacrar» peruanos, a los que el antiguo maestro rural –que en otra anomalía en la historia de su país llegó a jefe de Estado– llama «mi pueblo indefenso».

Las algaradas se suceden desde hace siete días. Las más dramáticas han ocurrido en Ayacucho. Todo Perú está bajo el estado de emergencia y una buena parte además con toque de queda.

Sostiene Castillo con simpleza que el objetivo de Estados Unidos es «dejar el camino libre» a las explotaciones mineras. Le ha faltado en su carta expresiones como «imperialismo» o «neocolonialismo» o, incluso, un «gringo go home» para llegar al fondo del alma de las izquierdas que se han sublevado y siembran el caos en pos de elecciones anticipadas, el cierre del congreso, la libertad para Castillo y de una asamblea constituyente.

El exmandatario se creció después de que Argentina, Bolivia, Colombia y México –a los que más tarde se sumó Honduras– se pusieran de su parte sin considerar su felonía contra la Constitución peruana y poner como argumento que era un presidente surgido del voto popular. Por cierto, ganó en 2021 con los mismos votos que Boluarte, su compañera de fórmula electoral como candidata a la vicepresidencia. Chile, con gobierno también de izquierda, evitó sumarse responsablemente tras haber sido requerido pars ello y, en cambio, apoyó la decisión del Congreso peruano dentro del marco constitucional, posición a la que también se unió Brasil sin que el electo mandatario de izquierda, Luiz Inácio Lula da Silva, pusiera objeción.

A Castillo se le nota influido por el demagogo presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, que, en su cháchara de este viernes, acaba de calificar de «acto de prepotencia» la visita a la nueva presidente de la embajadora de EEUU, Lisa Kenna, un encuentro que sirvió, según Castillo, para dar la orden de desplegar las tropas.

Oficialmente se informó que la visita de Kenna fue para transmitir «el pleno respaldo» de la administración de Joe Biden «a la institucionalidad democrática» en Perú y a «las acciones del gobierno peruano para estabilizar la situación social». La embajada calificó de «desinformación» lo dicho por Castillo en su misiva. Embajadores de otras naciones fueron, asimismo, al palacio de gobierno a reunirse con Boluarte, seguramente en un intento de dar fuerza a tan fragilísima mandataria.

La posibilidad de que López Obrador hubiera animado a Castillo a aplicar las medidas que supusieron una tentativa de golpe de Estado institucional parece cada vez más evidente. Y puede que no fuera el único.

López Obrador no se cansa de defender la condición de Castillo de «presidente elegido por el pueblo», por encima del debido respeto a la Constitución y el orden democrático, que el destituido mandatario violó al disponer, sin tener poderes para ello, la disolución del Congreso o la convocatoria de una asamblea constituyente al tiempo que pretendía asumir facultades de gobierno propias de un dictador.

Los jueces han comenzado a señalar que Castillo pudo tener la complicidad del ex primer ministro, consejero y paisano, Aníbal Torres (79), y la nueva premier, Betssy Chávez (33), que dimitió, tras solo cinco días en el cargo, cuando comprendió la magnitud del atropello a la Constitución.

Al Congreso peruano le falta diligencia para aprobar una reforma que haga posible el adelanto electoral, solicitado por Boluarte, a la que ya se le están cayendo ministros. El parlamento ha fracasado en la tentativa de aprobar reformas para celebrar elecciones dentro de un año. Cualquier anticipo electoral significa su harakiri porque los congresistas peruanos no tienen posibilidad de reelección.

¿Será una salida a la crisis el adelanto electoral? Es impredecible en un país que en los cuatro últimos años ha tenido seis presidentes y tres parlamentos distintos. Si volvieran a ganar las izquierdas, las derechas las desligitimarían y acosarían desde el primer minuto. Si triunfan las derechas, las calles arderían. Quizás Perú precise una reforma integral de su sistema de convivencia y ello requiera los buenos oficios de amigos extranjeros.

La gente alzada exige la convocatoria de una asamblea constituyente para que elabore una nueva carta magna que sustituya a la derechista de 1993 adoptada tras el autogolpe exitoso de Alberto Fujimori, una demanda en consonancia con el revisionismo adanista de las izquierdas latinoamericanas. Pero las derechas desean mantener la vigencia de la ley fundamental fujimorista que, según ellas, es la causa de tantos años seguidos de progreso económico. ✅

franciscorfigueroa@gmail.com

Brasil: Lula zanja la cuestión militar

Francisco R. Figueroa

✍️4/12/2022

El aún presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, un militar fracasado, disponía de la obediencia incondicional de la cúpula castrense y creía contar con los cuarteles para proseguir por la senda autoritaria y mantener el cargo.

El excapitán falló en sus cálculos.

Al abatimiento que a Bolsonaro le produjo la derrota en las urnas, el pasado 30 de octubre, se ha sumado la decepción al entender, finalmente, que los uniformados no le seguirán en su aventura, que acatan, aún a regañadientes, la victoria del izquierdista Luiz Ignácio Lula da Silva y que en nada dificultarán su vuelta al Palacio de Planalto.

Aunque aún haya bolsonaristas crédulos acampados frente a cuarteles clamando y rezando por una sublevación militar, sin haber digerido los embustes sobre que hubo fraude en las urnas, bulos que Bolsonaro no acaba de atajar estimulando así el tumulto antidemocrático de esa gente crédula, fanatizada y exaltada.

Durante su mandato Bolsonaro llevó a puestos de la administración a cerca de ocho mil militares activos o de la reserva, se rodeó de ellos en el primer círculo del poder, fue generoso con ellos en dinero y en el reparto de privilegios, y copó con generales dóciles los estados mayores. Creó un gobierno cuasi castrense con generales muy conservadores en el papel de archiministros tan ensoberbecidos y delirantes como él mismo es.

Los cuerpos militares y policiales han sido el auténtico partido de un mandatario nostálgico de la dictadura militar implantada en 1964. Bolsonaro se enrumbó hacia la carrera militar después de haber ayudado a una patrulla de soldados que iba, en el sur del estado de São Paulo, tras un famoso capitán comunista desertor que se había rebelado contra el régimen de fuerza.

Pero el alto mando, por inanición, por instinto de conservación y por carecer de un proyecto de país, ha frenado los ímpetus golpistas de los oficiales más radicales. Los generales son conscientes de que un pronunciamiento militar contra el resultado de las elecciones tendría terribles consecuencias económicas para Brasil, con sanciones y aislamiento. Y más en el país en escombros, en todos los sentidos, que deja Bolsonaro, que hasta rebañó las arcas públicas en su empresa reeleccionista.

Producto de esa decepción parece ser ese Bolsonaro en cura de silencio, alicaído, distante, ausente y triste, que apareció en dos recientes ceremonias militares, una de graduación de oficiales en la que fue su academia y otra en la promoción de diez generales.

Los puentes de los comandantes militares con el nuevo gobierno parecen tendidos. Los jefes del Ejército, la Marina y la Aeronáutica han desistido de dejar sus puestos antes de lo debido, en lo que hubiera sido una manifestación de desprecio a Lula.

En el Ejército ha caído bien la indicación del civil escogido por Lula como ministro de Defensa. José Múcio Monteiro Filho (74) es un moderado con fama de sensato y pacífico. Y con buen tránsito en las Fuerzas Armadas. Ya estuvo con Lula en un gobierno, fue diputado durante cinco legislaturas, jefe del Tribunal de Cuentas de la Unión y se inició en política en el partido del viejo régimen militar. Pudo haber sido ministro con Bolsonaro, quien en su momento se declaró «apasionado» por él y encantado con su talante. Es un veterano político al que la izquierda, sobre todo el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, reprocha haber sumado su voto en el Congreso Nacional para la destitución, en 2016, de la entonces presidenta, Dilma Rousseff, que dicha formación califica como un golpe de Estado. Pero lo que considere el PT no parece primordial para Lula, que trata de armar un gobierno horizontal con acento moderado para convivir con un Congreso Nacional de mayoría conservadora.

Monteiro ya ha conversado con el propio Bolsonaro y con los jefes de las tres ramas armadas. Los nuevos comandantes serán escogidos por Lula con respecto al escalafón, por estricta antiguedad, mientras que los miles de militares incrustados por Bolsonaro en puestos civiles volverán a los cuarteles o a la placidez de la reserva.

La elección de Monteiro para Defensa ha sido un gol por toda la escuadra de Lula, según algunos analistas. Y también cuentan las posibles seguridades que, con discreción y tacto, ha debido dar Lula a través de él al estamento militar. Lo que finiquita la cuestión golpista, sin alharacas ni víctimas, y pone a los uniformados fuera de la primera línea, sometidos, como tiene que ser, al poder civil y donde siempre deben quedarse: en los cuarteles. 

Con la crisis militar encauzada, a Bolsonaro le queda un problema peliagudo: cómo desmovilizar a esa feligresía que clama por una ruptura institucional sin causar a esa gente una decepción capaz de orientarla hacia otro liderazgo. ✅

franciscorfigueroa@gmail.com