Francisco R. Figueroa / 4 mayo 2007
El suplemento «El Cultural» de los jueves del diario madrileño «El Mundo» ha condenado literariamente a
Paulo Coelho, a propósito de una nueva edición de su celebérrimo libro «El alquimista», que apareció en 1988.
Se trata de una sentencia festiva, pero que cumple el objetivo de descuartizar al afamado y simpático autor brasileño, cuyo valor literario es puesto
frencuentemente en entredicho, incluso en su propia tierra.
«El Cultural» imputa, por ejemplo, a
Coelho el «despiadado uso de armas de destrucción masiva», que, según afirma con ironía, han causado millones de víctimas: sus lectores. El autor de la sentencia maneja la cifra de 23 millones de ejemplares vendidos de «El alquimista», pero según
Coelho han sido hasta ahora 30 millones. El autor brasileño, que cumplirá en agosto 60 años, lleva vendidos el fabulosa número de 85 millones de ejemplares de todos sus libros, desde «El diario de un mago» a «La bruja de
Portobello». Sin duda es una poderoso producto de
mercadotecnia.
Nadie duda, pues, del don natural de
Coelho para los negocios. Quienes lo conocen saben de sus dotes de engatusador, de su habilidad como malabarista y de su propensión al autobombo, cualidades que le han ayudado notablemente a ganar fama y fortuna.
Lo que «El Cultural» y Rafael
Reig, el «juez» de la
intitulada «Sala Segunda de lo Editorial», cuestionan, entre lo serio y la broma, es la idoneidad literaria del autor, de quien dice que «se hace pasar por mago, alquimista, peregrino,
telépata y escritor». «A cada generación –agrega la «sentencia»– le corresponde un azote alegórico de espiritualismo fraudulento y pomposo». A otras les han tocado, por ejemplo, autores como
Khalil Gibran o
Richard Bach y a ésta
Paulo Coelho.
Del mismo modo, en Brasil abundan los críticos del escritor
carioca, que hablan de él como un fenómeno de masas y un autor menor, aunque en el 2002 cumpliera, tras un muy notable esfuerzo de relaciones públicas, el sueño de entrar a la inmortalidad literaria por la puerta de la Academia Brasileña de las Letras. Poco tiempo después de su ingreso a la Academia apareció la novela «Once minutos», una histórica parabólica de María, una prostituta brasileña en Europa. En ciertos ambientes de Río de
Janeiro cundió el siguiente chiste:
–¿Tu sabes qué es Once Minutos?, pregunta uno.
–¡Claro! –responde el interlocutor–. Once Minutos es la última novela de
Paulo Coelho y la ha llamado así porque el acto sexual dura más o menos eso.
–¡Que va; no, no! –replica el primero–, te equivocas. Once Minutos es exactamente el tiempo que tarda en
caérsete de las manos la última novela de
Paulo Coelho... Y
tómate más tiempo que él para hacer el amor.
Otra idea bastante generalizada en aquel tiempo en Río de
Janeiro era que los libros de
Paulo Coelho en el extranjero eran menos malos que los publicados en su lengua materna en Brasil porque los traductores los mejoraban notablemente. Hay que decir que
Paulo Coelho está traducido a casi sesenta idiomas.
Desde luego, la «sentencia» de «El Cultural» no deja títere con cabeza. Descuartiza en todos los sentidos al afamado «Guerrero de la luz». La misma página periodística había condenado anteriormente a
Coelho por «los delitos de esoterismo de guardarropía», algunas cuestiones gramaticales elementales, «cursilería desaforada, estulticia manifiesta y fraude flagrante y masivo».
Ha sumado a ello ahora, siempre según «El Cultural», los «delitos» de «estragos, riesgo catastrófico, uso de armas de destrucción masiva y corrupción de menores», esto último porque esa nueva edición de «El alquimista» va dirigida a jóvenes.
Paulo Coelho, que en los últimos tiempos parece preferir su casa de
Saint Martin, en los Pirineos franceses, cerca de
Tarbes y del santuario mariano de
Lurdes, al espléndido apartamento en Río de
Janeiro, de espectacular vista en un octavo piso en la playa de
Copacabana, ahora es también actor y parece que se interpreta casi a sí mismo. Interviene en una
telenovela de la televisión «Globo», de próximo estreno, en la que hace lo que más le gusta: de mago.
Francisco R. Figueroa franciscorfigueroa@hotmail.comwww.apuntesiberoamericanos.com