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Boluarte ofrece adelanto electoral

 

Francisco R. Figueroa 

✍️12/12/2022

Dina Boluarte (60), la nueva presidente del Perú, ha tardado solo cuatro días en reconsiderar, con buen criterio, su decisión de llegar al final del periodo constitucional, en julio de 2026, como sustituta del destituido Pedro Castillo, que cometió suicidio político.

La flamante mandataria, primera mujer titular de la Casa de Pizarro, esta madrugada dirigió un mensaje a la nación –con los tumultos en diversos puntos del Perú como música de fondo– para ofrecer un anticipo electoral de dos años, a abril de 2024, previa reforma política destinada a garantizar la gobernabilidad y el consenso del convulso Congreso peruano, en el que ayer mismo dos parlamentarios llegaron a las manos.

Alcanzar acuerdos con ese Congreso unicameral, de 130 miembros divididos en 14 grupos, es misión engorrosa por la cantidad y diversidad de intereses en juego derivadas del fraccionamiento del hemiciclo, los personalismos y hasta la falta de criterios comunes dentro de cada bancada.

La propuesta de Boluarte de anticipo electoral debe conseguir un amplio acuerdo. Si la fecha conviene o no, es otro asunto. En abril 2023, como pretenden los más impetuosos, parece precipitado. Los plazos legales no encajan. Pero en en abril de 2024, dentro de casi año y medio, parece razonable. El mes de abril es el habitual de celebración electoral en Perú, con tiempo para celebrar un eventual balotaje presidencial en junio y que la juramentación del nuevo mandatario siga la tradición del 28 de julio, Dia de la Independencia nacional.

Otra cosa es la amplitud de una eventual reforma política. O la puesta en vigor de reformas legales ya aprobadas pero congeladas. La remodelación de la Constitución es muy demorada porque son necesarias las aprobaciones de los cambios introducidos en dos legislaturas consecutivas o la ratificación mediante referéndum popular tras la primera tramitación consentida por el legislativo. Las modificaciones en el sistema electoral deben estar en vigor un año antes de que se abran las urnas, sin contar con que hay que cerrar con mucha antelación el padrón electoral y cumplir el ritual del cronograma comicial.

En cuanto a la Constitución, el fujimorismo y las derechas defienden la continuidad del modelo vigente desde 1993, determinado por Alberto Fujimori tras su autogolpe triunfante del año anterior, porque esa ley fundamental ha resultado en un exitoso económico. Fortuna relativa solo sobre el engañoso país que dibujan las estadísticas porque en el Perú persiste una inequidad de espanto. En lo social, por ejemplo, el modelo fujimorista deja mucho que desear, con la educación, la sanidad y las pensiones convertidas en auténticos negocios.

De ahí que las izquierdas clamen por una asamblea constituyente que entierre la vieja Carta Magna y parta de cero con la creación de un nuevo Estado, algo como se pretendía en Chile, hasta que la farragosa y quimérica nueva ley fundamental acabó rechaza por el pueblo en referéndum. La persistente izquierda volverá a intentarlo.

Hasta ahora se han negado a hablar con Boluarte solo la ultraderechista Renovación Popular (nueve congresistas), dirigida por un numerario del Opus Dei que ha ganado la alcaldía de Lima y es de la cuerda ideológica de los Bolsonaro brasileños y el Vox español; Perú Libre (15 congresistas), del castrista Vladimir Cerrón, partido por el que resultaron elegidos, en 2021, tanto Boluarte como Castillo, si bien ambos fueron expulsados; Podemos (seis  congresistas), que es populista y anticomunista, y Perú Democrático (cinco congresistas), de Guillermo Bermejo, socialista en los linderos de Perú Libre y uno de los que azuzan algunas de las algaradas en curso contra la destitución y encarcelamiento del maestro rural Castillo.

«No basta con tener nuevas elecciones», porfía Cerrón, líder de Perú Libre, un médico formado en Cuba y castrista de manual que colocó de candidato presidencial a Castillo porque él estaba inhabilitado por trapacerías dinerarias cuando fue gobernador de Huancavelica. Sigue a pié juntillas el manual de la izquierda radical en pos de constituyentes. Y desde el primer día es beligerante contra Boluarte, a la que tratan como ilegítima aún siendo una vicepresidenta electa que asumió constitucionalmente la jefatura del Estado. Además, presiona ya por elecciones en abril próximo.

En tanto, Fuerza Popular, el mayor grupo parlamentario (24 congresistas), de la triderrotada en presidenciales, Keiko Fujimori, a la que el desconocido ensombrerado Castillo venció por chiripa y sorpresa en el balotaje de 2021, ha ofrecido de inmediato su respaldo a Boluarte y le interesa el adelanto electoral. Lo mismo podría decirse de Acción Popular (14), Avanza País (9), Alianza para el Progreso (10) y el Bloque Magisterial (10), de Castillo,  que también quiere elecciones cuanto antes.

Con gentes alzadas contra Boluarte en Ica, Arequipa y Apurimac, donde ha sido impuesto el estado de emergencia, por algaradas de partidarios del destituido Castillo que han causado ya dos muertos. ✅

Brasil: Bolsonaro en el abismo


Francisco R. Figueroa 

✍️17/11/22

Deprimido, apático y enclaustrado en su palacio. La derrota electoral ha dejado en el abismo a Jair Bolsonaro. Y en bermudas.

No hay noticias ciertas sobre la profundidad del precipicio al que ha podido caer, pero un columnista del digital de Brasilia Metrópoles, citando a allegados al mandatario, apunta ese calamitoso estado anímico y, además, la posibilidad de una renuncia cuando apenas le restan seis semanas en el cargo.

El influyente Folha de S. Paulo sostiene que Bolsonaro ha delegado la tarea diaria de gobierno en el vicepresidente, Hamilton Mourão, un general retirado con el que últimamente estaba a las malas.

Trascendió que Bolsonaro sufría una erisipela en una pierna como consecuencia de la infección de una quemadura que se hizo montando en moto. No puede llevar pantalón y, como justifica el general Mourão, no va a ir de bermudas al despacho presidencial.

Ni siquiera aparece por las redes sociales, en las que mantenía una actividad frenética con millones de seguidores. La erisipela no se lo impediría y puede agitar en bermudas. Sus voceros oficiales también se han quedado mudos, como practicamente sus tres intrépidos hijos mayores, todos con cargos de elección.

Hay quien sostiene que está encerrado a la espera de una circunstancia adecuada a sus intereses, mientras sus seguidores más extremistas mantienen en las calles desde la noche electoral un movimiento antidemocrático con la intención de forzar un alzamiento militar para anular las elecciones.

Pero, claro, resulta que las elecciones no han sido solamente presidenciales sino también legislativas y regionales, en las que el bolsonarismo salió bastante bien librado. ¿Entonces, qué anulamos?

Tanto silencio, según otros, perjudica el esperado liderazgo del excapitán del Ejército al frente del heterogéneo conservadurismo brasileño, que va del neofascismo a la derecha clásica, e «irrita», según la radio CBN, a los dirigentes de las formaciones que han crecido en representación parlamentaria y estadual subidas en la grupa del fenómeno Bolsonaro, especialmente a los del Partido Liberal (PL), al que el mandatario se afilió in extremis para poder disputar las pasadas elecciones tras haber fracasado el proyecto de legalizar un movimiento a su imagen y semejanza.

Mourão ironizó con la desaparición de la circulación de Bolsonaro. «Está en un retiro espiritual», dijo. Quizás en una cura de soberbia, de arrogancia, de fanfarronería y de una ceguera que le impidió siquiera contemplar la posibilidad de derrota. Creía que demonizando al izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y sembrando el odio contra su rival, lo vencería. Ganó Lula sin demasiada holgura.

Desde que perdió las elecciones, el 30 de octubre pasado, Bolsonaro solo ha aparecido una vez en público, con brevedad, básicamente para agradecer a sus votantes pero sin reconocer explícitamente su derrota. Tampoco alegó fraude, lo que supone un comedimiento en un personaje forjado y curtido en los bajos fondos de la política brasileña y un discípulo aplicado del estadounidense Donald Trump. Una segunda vez distribuyó un video, donde aparecía con cara de funeral, dirigido a sus seguidores que tumultúan la vida pública en demanda de que los militares se alcen contra la victoria de Lula, que la Justicia califica de «incontestable».

Mientras, el presidente electo va a todo vapor y ocupa ya el espacio público en una transferencia radical de poder y una vuelta a la escena internacional, que Bolsonaro tenía abandonada.

Es un momento muy duro para Bolsonaro ya que es la primera vez que pierde unas elecciones y se queda sin mandato desde que en 1989 optó por la política tras verse forzado a dejar el Ejército con deshonra.

Según Mourão, Bolsonaro tiene que darse cuenta de que su gran caudal de votos puede transformarse en muchos cargos municipales en las elecciones locales de 2024 y dos años más tarde en su retorno a la presidencia.

Quizás le sirva de acicate a Bolsonaro que su admirado Trump, derrotado en las urnas como y él y, asimismo, sin haber reconocido ese fiasco, haya decido meterse en la carrera de las presidenciales de 2024.

La ultraderecha rumia la derrota y lamenta la oportunidad que Brasil ha perdido de vivir una etapa de «grandeza» cuando, en verdad, el prodigio de Bolsonaro es haber forjado un país virtualmente en escombros, partido en dos y envenenado. Una desgracia.

Lula es consciente del titánico trabajo de reconstrucción que tiene por delante y, en entrevista al «New Yorker», se confesó «asustado» por el enorme optimismo que su victoria ha generado. ✅

franciscorfigueroa@gmail.com