¡Kirchner ha muerto: compren Argentina!

Francisco R. Figueroa / 28 octubre 2010

Cuando en los mercados se supo que al hombre fuerte de Argentina se le había roto el corazón la orden fue tajante: «¡compren, compren, compren…!».

Los principales activos financieros argentinos se dispararon en Wall Street y la City londinense en una reacción inmediata a la muerte, el miércoles 27, de Néstor Kirchner a los 60 años en su tierra patagona, cuando seguía mandando en Argentina a través de su esposa, Cristina Fernández, y se preparaba para lanzar su candidatura a las elecciones presidenciales de octubre del año próximo.

La intención de Kirchner era convertirse en el sucesor de su sucesora, en una alternancia entre marido y mujer para mantener el poder sin precedentes en ninguna parte del mundo, con el antecedente en la propia Argentina del general Juan Domingo Perón hizo vicepresidente a su segunda esposa, la bailarina María Estela «Isabelita» Martínez, que le sucedió a su muerte en 1974.

El fallecimiento inesperado del poderoso hombre que imponía el ritmo y los tiempos políticos en Argentina sacudió el tablero político del país, sobre todo en el frente peronista, donde posiblemente haya comenzado el navajeo antes de los oficios fúnebres, a la sombra de los grandes gestos, las palabras rimbombantes, las loas al prócer fallecido y los cantos a la unidad suramericana de los gobernantes extranjeros llegados para las exequias.

Kirchner, que practicaba la política como un pugilato, controlaba también férreamente el Partido Justicialista, en el que ya avizora la lucha por la sucesión en la presidencia de la formación peronista y, según algunos analistas, una sorda batalla para influir en Cristina Fernández durante los trece meses que le restan de gestión.

Los mercados – regidos por el oportunismo con las leyes de un casino de truhanes en el Caribe de los bucaneros– intuyeron que el plan de los Kirchner de mantener el poder durante al menos dieciséis años pereció en El Calafate con el ex presidente y se lanzaron al negocio vislumbrando el fin de una época marcada por la hostilidad mutua con un Gobierno argentina agresivo frente al gran capital, resentido con los inversionistas, que no garantizaba la seguridad jurídica, estatista, heterodoxo, populista, enfrentado con sectores empresariales y la prensa y que había trampeado con las estadísticas.

«No hay nada mejor que la seguridad de saber que Kirchner no estará en la carrera presidencial», se oyó decir a un gran operador del mercado.

Hay expectativa para ver cómo su viuda transita estos trece meses que el restan de su cuatrienio presidencial. Parece improbable que Cristina Fernández pueda sustituir a su fallecido esposo al frente del peronismo y que sea ella la aspirante a su propia sucesión en las elecciones presidenciales previstas para el 23 de octubre del año venidero. La casi certeza de que la oposición será incapaz de aportar un candidato fuerte presenta aún más crispada la lucha interna en el peronismo por la nominación.

No obstante, hay analistas que creen que muerto Néstor Kirchner, Cristina Fernández se convierte automáticamente en la única candidata del kirchnerismo –y por ende del peronismo– para esas elecciones, la candidata natural a la reelección, aunque esto parece más una manifestación de deseo.

Parece descarta la posibilidad de que en este poco más de un año de mandato que le queda a Cristina Fernández haya algún riesgo institucional. Pero los observadores recuerdan que de las sucesiones en el peronismo han sido tradicionalmente traumáticas y que las crisis internas en dicho partido acostumbran trasladarse al conjunto de la nación.

Como dijo el ex jefe del Gabinete ministerial (2003-2008) Alberto Fernández, un político justicialista con aspiraciones presidenciales y uno de los que mejor conoció al matrimonio presidencial, «Cristina perdió mucho más que un marido».

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Brasil: Dilma en Rolls-Royce

Por Francisco R. Figueroa / 27 octubre 2010

Parece seguro que el primero de enero de 2011 Dilma Rousseff paseará por la Explanada de los Ministerios de Brasilia en un Rolls-Royce descapotable convertida en la primera jefa de Estado de Brasil.

La segunda vuelta de las presidenciales se celebrará el próximo domingo, 31 de octubre, con casi 136 millones de electores convocados a escoger entre Dilma Rousseff, de 62 años, una antigua guerrillera urbana y ministra con fama de eficiente y dura, y José Serra, de 68 años, un curtido político de centro que brilló en sus etapas como ministro, alcalde y gobernador. Los sondeos pronostican que Rousseff sacará a Serra entre 10 y 12 puntos de ventaja (56% contra 44% en el último sondeo) o de diez a doce millones de votos, sin margen para la sorpresa.

El Día de Año Nuevo esta descendiente de emigrantes búlgaros hará el desfile triunfal por la Explanada de los Ministerios en la inauguración de su mandato. Será conducida en un Rolls-Royce modelo Silver Wraith de 1952, primero al Congreso Nacional y después al Palacio del Planalto, sede de la presidencia, convertida en el 37º jefe de Estado que ha tenido Brasil, dos de ellos emperadores.

Quien vaya ese día al volante del Rolls-Royce parecerá un circunspecto chófer, pero bien pudiera ser Luis Inácio Lula da Silva, el moderno Pigmalión que ha transformado a una adusta y laboriosa burócrata primero en ministra, después en su brazo derecho y más tarde en su heredera.

Si no hubiera sido por la firme determinación del presidente Lula para imponerla como candidata, su incansable actividad durante la larga campaña electoral y el fervor que sienten por él ocho de cada diez brasileros, seguramente Dilma Rousseff habría acabado su vida pública ese mismo primer día del año 2011 convertida en ex ministra del saliente gobierno.

Los escándalos de corrupción en el entorno de Rousseff, la polémica sobre el aborto, su alegado agnosticismo, los «honorables bandidos» que tiene entre sus aliados políticos, las acusaciones de su rival de mentir, su alegada vena estatista y las burlas sobre que ella apenas es la muñeca del ventrílocuo o alguien que sólo servirá para guardarle el sillón a Lula hasta las próximas elecciones no ha sido más que arañazos en el caparazón de la tortuga.

Todos los ataques contra ella sirvieron apenas para evitar la anunciada rutilante victoria en la primera vuelta celebrada el pasado día 3, aunque quizás eso se debió más al imprevisto ascenso de la tercera candidata presidencial en discordia, la ecologista Marina Silva, una ex ministra de Lula que salió del Ejecutivo brasileño enfadada con el mandatario y peleada con Rousseff, que entonces era la jefa del Gabinete.

En el mano a mano final no ha habido oportunidad para Serra, cuya vida política, después de dos intentos de conquistar la presidencia, el primero en 2002, queda extinguida para dar el relevo a nuevos liderazgo en el Partido de la Social-Democracia Brasilera (PSDB) que desde tiempo están pidiendo paso, fundamentalmente el «mineiro» Aécio Neves, que ha sido diputado, gobernador, senador y presidente del Congreso y forma parte de una saga política cuya figura más notable fue su abuelo Tancredo.

Aunque no tiene ni de lejos el talante ni el carisma de Lula, Dilma Rousseff seguirá la estela de gobierno de su mentor que tan buenos resultados le ha dado a Brasil, con tasas chinas de crecimiento económico, una sensible mejora de los niveles de vida y creación abundante de empleo. Es suficientemente lista para no andar haciendo experimentos y cauta para no tratar de emular a su artífice, por ejemplo, en política exterior.

Sus maneras impositivas pueden hacerle caer en un enfrentamiento con el Partido de los Trabajadores (PT), que le aceptó como candidata sin rechistar pero que siempre la verá como una recién llegada. Rousseff no estuvo en el grupo fundacional del PT, en 1980, ni en la primera hora de la luchas sindicales contra la dictadura y por la democracia, ni participó en los tres intentos por llevar a Lula a la presidencia. Se afilió tardíamente en 1999 y por una conveniencia personal, continuista para ella, como funcionaria en el gobierno regional de Río Grande del Sur.

El fervor popular que hay en Brasil por Lula le ha sido entregadoa cuenta a Dilma Rousseff, como un bono, por un pedido personal del muy amado mandatario saliente. Pero está por ver si ella es capaz de ganarse a las grandes mayorías de las clases bajas de donde proceden su gran caudal de votos. Ella no es vista como uno de ellos, a semejanza de Lula.

Habrá que estar atentos a las relaciones futuras de Dilma Rousseff con Lula, a la espera de ver si ella querrá romper el cordón umbilical con su progenitor político para emprender un vuelo propio o permanecerá tutelada a su sombra en ese papel de marioneta que la tribuían sus rivales.

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Cuba: malos tiempos para la lírica castrista

Francisco R. Figueroa / 22 octubre 2010

El Parlamento Europeo ha enviado una señal nítida a La Habana: el Viejo Continente está al lado de los demócratas y no desea contemporizar con los hermanos Castro. Al mismo tiempo, Estados Unidos manifestaba su disconformidad, el amigo Miguel Ángel Moratinos era destituido y la Unión Europea daba señales de que mantendrá a grandes rasgos la «política común». Parecen malos tiempos para la lírica castrista.

El primer mensaje está indeleblemente grabado en la concesión del Premio Sajarov al disidente cubano Guillermo Fariña, de 48 años, que estuvo dispuesto a sacrificar su vida con 135 días en huelga de hambre como medio de presión para lograr un cambio en Cuba. La huelga de hambre de Fariñas, después de la muerte de Orlando Zapata por un prolongado ayuno, hizo que el mundo recuperara la memoria sobre los disidentes cubanos presos.

Como dijo la Alta Representante de Política Exterior de la UE, la británica Catherine Ashton, «los derechos humanos y las libertades fundamentales están en el centro de las relaciones de la Unión Europea con Cuba». Al mismo tiempo, la baronesa Ashton de Upholland instaba al régimen comunista de La Habana a liberar a todos sus prisioneros políticos.

La concesión del premio tuvo lugar cuatro días antes de que el lunes 25 los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, reunidos en Luxemburgo, acaben el debate que, a petición española, tienen aplazado desde junio sobre la llamada «posición común» que los 27 países comunitarios aplican a Cuba, mediante la que se condiciona la cooperación con la dictadura castrista y avances sobre derechos humanos.

La mayoría de centroderecha de la eurocámara —conformada por conservadores, reformistas y liberales, frente a socialistas, comunistas y «verdes»— fue la que decidió la concesión del Premio Sajarov a Fariña, cuya valiente actitud llevó esperanza a todos los que en la isla luchan por la libertad, los derechos humanos y la democracia.

Esa misma mayoría se opone al levantamiento de la «posición común» que fue adoptada en 1996 por iniciativa del gobierno español que entonces presidía el conservador José María Aznar. Por el cambio de dicha posición estuvo batallando durante varios años el recién destituido ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y también la que ahora es su sucesora, Trinidad Jiménez, cuando, a sus órdenes,, fue Secretaria de Estado para Iberoamérica entre septiembre de 2006 y abril de 2009.

La política española hacia Cuba irrita a la oposición al castrismo —con la que el gobierno socialdemócrata español de José Luis Rodríguez Zapatero evitó el contacto oficial—y a todos cuanto en el mundo están en desacuerdo con la dictadura de los hermanos Castro. Desde la oposición interna cubana se le ha tildado a Moratinos a modo de despedida de «servil» de la dictadura y «cómplice de los hermanos Castro.

¿Qué pasará el lunes? Si Jiménez se presenta en Luxemburgo —en el primero de los distintos frentes que le deja abiertos Moratinos— a favor del levantamiento de la «posición común», como estaba dispuesto a hacer su antecesor, sufrirá su primer revés como responsable de la diplomacia española. Fracasará en su debut porque la decisión tiene que ser tomada por consenso y hay varias naciones que se oponen con furia.

La mayoría de Europa entiende que la excarcelación en curso de prisioneros políticos (van 47), que están cambiando la prisión por el destierro en España, no constituye ningún avance en derechos humanos. Más allá de las buenas palabras para su antecesor expresadas en su toma de posesión, Trinidad Jiménez, que sí ha tenido contactos con la oposición cubana en el exilio, tendría que mudar en dos días lo que Moratinos hizo respecto a Cuba en seis años y medio.

Los ministros de la UE posiblemente acaben haciendo algún gesto hacia La Habana alentando más cambios, lo que, sin duda, va a disgustar al régimen castrista. Seguramente –según fuentes diplomáticas comunitarias– será mantenida la sustancia de la «posición común» y se puede ser creado algún mecanismo de diálogo con Cuba tendente a lograr mejores resultados en materia de derechos humanos y democracia.

Lo mismo que la mayoría de Europa —incluidos Alemania y, sobre todo, países del este que tuvieron regímenes comunistas — piensa Estados Unidos, que considera «algo positivo» esa suelta de presos, pero censura que aún no han sido puestas en marcha las reformas prometidas por el régimen castrista, según acaba de afirmar el presidente Barack Obama.

No ha habido ningún avance hacia la libertad política y económica, ni —a juicio de Fariña y de muchos analistas— debe haber mudanzas serias en vida de los hermanos Castro.

Esta es la tercera vez que el Premio Sajarov recae en la oposición al castrismo. En 2002 lo recibió Osvaldo Payá y en 2005 las Damas de blanco (el grupo de mujeres de los presos políticos de la llamada «primavera negra» que están siendo liberados), La expectativa ahora es si el régimen de los hermanos Castro permite a Fariña salir de esa isla-prisión que es Cuba para recoger el premio, en diciembre en la sede del Parlamento Europeo de Estrasburgo el próximo 15 de diciembre. Fariña amenaza con ponerse otra vez en huelga de hambre si no lo dejan salir.

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Brasil: candidatos enredados en la fe

Francisco R. Figueroa / 18 octubre 2010

Puede haber sorpresa en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas. Aunque las encuestas son aún favorables a la candidata oficialista Dilma Rousseff, su esperada victoria se puede malograr.

Consciente de que el candidato opositor, José Serra, acorta distancia hasta aparecer resoplando en la nunca de Rousseff, el mandatario saliente, Luiz Inácio Lula da Silva, ha tomado las riendas de la campaña electoral de su pupila, que pierde votos al tiempo que aumenta el rechazo hacia ella.

A principios de septiembre la protegida de Lula calzaba botas de siete leguas, como el Pulgarcito de Charles Perrault rumbo al palacio del rey. Lo que parecía un rutilante triunfo dio paso, el 3 de octubre, a una victoria insuficiente (por 47% a 33%), sin la preceptiva mayoría de la mitad más uno de los votos válidos, lo que obligó a la segunda vuelta en curso, que se disputa a cara de perro y cuyo desenlace ocurrirá el domingo 31 de octubre.

La candidata por la que Lula ha empeñado su prestigio y una popularidad envidiable cercana al 80% —ya que él está impedido constitucionalmente de aspirar a un tercer mandato—, falló en el asalto final al poder castigada sobre todo por un caso de corrupción en el entorno familiar de una protegida suya (Erenice Guerra) que le sucedió como ministra de la superpoderosa Casa Civil. Lula tuvo que despedirla para evitar males mayores. Nuevos flecos de ese affaire acaban de ver la luz en los medios de comunicación.

En este segundo round la ex guerrillera urbana Rousseff, de 62 años, se ha chamuscado en la ardiente discusión sobre el aborto, que tiene lugar en un país propenso a la moralina y más conservador de lo se deduciría de su lujuriosa fama.

Allí no se habla de otra cosa. El asunto se ha caldeado tanto que se llegó al reparto de estampitas de santos en los mítines para poner de manifiesto la fe en Dios de los candidatos, unas con la consigna «Jesús es la verdad y la justicia» firmadas por José Serra, quien ha sido señalado como candidato del Club Bilderberg, del Opus Dei, de la Masonería y hasta de la familia Rockefeller.

Rousseff quedó expuesta como abortista porque en 2007 hizo una declaración favorable a la flexibilización de la ley, y propensa al matrimonio gay. «Asesina de criaturas», la llamó la esposa de Serra, la sicóloga chilena y ex bailarina de ballet Mónica Allende, de 66 años. Los chats han echado humo con todo esto.

En un debate televisivo, que resultó sorprendentemente agresivo, Serra le echó en cara a Rousseff su incoherencia tanto sobre el aborto como por dudar de la existencia de Dios. Ella le mostró las uñas con una fiereza sorprendente, en contraste con los modales de terciopelo usados por ella durante toda la campaña, aunque tiene fama de mujer autoritaria, enérgica y dura.

Las conjeturas sobre la eventualidad de que la candidata oficialista legalice el aborto una vez en el poder ha levantado las iras de la grey católica en el país con mayor cantidad de bautizados del mundo y también de la evangélica, encabezadas por sus líderes más ultramontanos. A nadie parece importarte que Rousseff encarne el deseo de prolongación del periodo de vacas gordas que atraviesa Brasil y que continúe el éxito del «octenio prodigioso» de Lula.

Rousseff se ha declarado por activa y pasiva contraria al aborto y se ha comprometido a no flexibilizar la ley, que ahora solo permite la interrupción voluntaria del embarazo en casos de violación o peligro de vida para la gestante de acuerdo a un norma fue impulsada precisamente por Serra cuando era ministro de Salud en la presidencia de Fernando Henrique Cardoso, ese esplendido ex gobernante que tantos celos despierta en Lula.

«Dilma se hace ahora la santita y dice que está en contra del aborto, pero ya ha mudado tres veces de opinión», disparó el obispo Luiz Gonzaga Bergonzini. Lula ha hablado de «terrorismo» contra su ahijada política.

El episcopado católico está alborotado y dividido por las condenas expresas de algunos monseñores a la candidata de Lula y el reparto de panfletos contra ella en las puertas de las iglesias.

Rousseff, que no está considerada mujer piadosa, ha visitado por vez primera en su vida el principal santuario mariano de Brasil: Nuestra Señora Aparecida, y allí insinuó que su fe en la virgen le ayudó a superar el año pasado un cáncer en el sistema linfático. Serra hizo la peregrinación un día después, coincidiendo con la fiesta grande del 12 de octubre.

Serra, de 68 años, del Partido de la Social-Democracia Brasilera (PSDB), recibió de sus rivales fuego parejo. Quedó expuesto como esposo de una abortista. Según el testimonio de dos supuestas antiguas alumnas en la Universidad de Campinas, Mónica Allende les había contado en 1992 que abortó en los años setenta.

José Serra y Mónica Allende, una católica educada por monjas, se conocieron en 1966 en Santiago y se casaron un año después, durante el exilio de él de la dictadura militar brasilera instaurada en 1964. Serra fue uno de los pocos sobrevivientes que hubo entre los cientos de detenidos en ese campo de concentración en que fue convertido el Estadio Nacional de Santiago tras el golpe de Estado de 1974 que dirigió Augusto Pinochet. Estuvo exiliado 14 años entre Bolivia, Francia, Chile y Estados Unidos.

Se trata, según Serra, de una difamación equiparable a la que en 1989 sufrió en propia carne Lula, quien en la recta final de la campaña de las presidenciales de aquel año fue expuesto como inductor al aborto a una antigua amante suya llamada Miriam Cordeiro. La mujer fue «inducida» por el rival de Lula, el luego presidente de Brasil Fernando Collor de Mello, a decir eso por televisión, pero con el tiempo Miriam y la hija que tuvo de Lula, llamada Lurian, desmintieron el asunto.

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Brasil-elecciones: «O Rei Sol» eclipsado

Francisco R. Figueroa /4 octubre 2010

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva sufrió un notable contratiempo al no ver cumplido su propósito de elegir, el pasado domingo, presidente de Brasil a su pupila, Dilma Rousseff, como él presumía y las encuestas apuntaban.

Eso fue debido a una sangría de votos (unos seis millones) en las dos últimas semanas causada, sobre todo, por un escándalo de corrupción en el corazón del poder muy mal manejado y las ásperas peleas de Lula con los periodistas.

Dilma Rousseff obtuvo el 46,9%, pero necesitaba preceptivamente la mitad más uno para ganar la presidencia. Fue presa del desánimo, hasta que le llegó el consuelo de Lula, acostumbrado a los tragos electorales amargos pues perdió tres presidenciales y en las dos que ganó necesitó disputar la segunda vuelta.

Lula, según testigos, se consoló a sí mismo saboreando la derrota de viejos enemigos suyos en las elecciones parlamentarias y regionales que se celebraron al mismo tiempo. También saboreó la victoria en las legislativas de su Partido de los Trabajadores (PT), que por fin logra ser la primera fuerza parlamentaria brasileña. Junto con sus aliados tendrán el 60% de una cámara bajas, donde un payaso fue el candidato a diputado más votado.

La candidata de Lula se quedó cerca de la gloria, no a causa del empuje arrollador de su principal rival, el socialdemócrata José Serra, que alcanzó un 32,6% de los votos, ni al tesón de la tercera en discordia, la ecologista Marina Silva, la principal beneficiaria de la emigración de votos, que acabó con casi un 20%.

Lo que hizo resbalar a la favorita de Lula en el último tramo de la campaña electoral fue el «efecto Erenice», es decir, las repercusiones de un escándalo de corrupción dentro del palacio presidencial.

Erenice Guerra era desde 2003 el brazo derecho de Dilma Rousseff, tanto cuando era ministra de Minas y Energía como cuando después fue jefa del Gabinete. Al dejar ese altísimo puesto para pelear las elecciones, Erenice Guerra fue su sucesora. Por poco tiempo.

A pocos días de las elecciones Erenice Guerra tuvo que dimitir forzada por Lula tras estallar en la prensa que sus hijos y otros allegados traficaban con influencias. La gente comenzó a preguntarse si ella y Dilma Rousseff conocían esas trapacerías, que se cometían puerta con puerta del despacho de Lula, o cómo se podía confiar en una candidata delante de cuyas narices pasaba la corrupción. Mientras, las frecuentes peleas de Lula con los periodistas alcanzaban cotas inéditas.

El electorado se retrajo como consecuencia. Lula no puede imponer su voluntad a las primeras de cambio. No le bastó proclamar hasta el hartazgo que «quien vota a ella me vota a mi», que Dilma Rousseff era como carne de su carne y parte de su propia naturaleza, para meter a su poco atractiva candidata en el corazón de la mayoría de brasileños, para transferirle a su candidata la mayor parte de esa enorme aprobación popular (80%) rayano en al veneración que él conserva al cabo de ocho años en la presidencia.

No ha habido un cheque en blanco para la mujer que Lula escogió como heredera contra viento y marea, por encima del Partido de los Trabajadores (PT), aunque 30 millones de personas hayan salido de la pobreza gracias a Lula o se crearan 15 millones de empleos o el país haya encontrado ese futuro que siempre el fue esquivo y adquirido una dimensión de potencia.

El «affaire» Erenice Guerra y otros escándalos que han menudeado en la gestión de Lula, así como sus alianzas para gobernar y ganar elecciones con dirigentes políticos de otros partidos con mala o pésima reputación han hechos que bascularan mucho votos, sobre todo de jóvenes, para Marina Silva, una ambientalista, antigua militante del PT y ministra de Medio Ambiente que abandonó el Gobierno desencantada con Lula y enfrentada con la poderosa jefa de Gabinete. Se postuló por el insignificante Partido Verde y finalmente ha logrado eclipsar a ese Rey Sol que es Lula,

Sobre el papel parece más fácil el pacto o acuerdo tácito para la segunda vuelta entre Marina Silva y José Serra. Pero no es posible que la líder ecologista pueda endosar su casi 20% al cualquiera de las otros dos candidaturas. No parece tampoco posible que en el caso de que ella tome una decisión u otra los electores le sigan. Lo natural es que se distribuyan. Dilma Rousseff tiene ventaja pues parte de los votantes de Marina Silva están más cerca del PT.

A partir de ahora, esa mujer de aspecto frágil y de momento no se pronuncia ni tiene prisa es la novia mas deseada de Brasil. Por otro lado, un Lula muy contrariado en sus deseos de haber presidente a Dilma Rousseff en la primera vuelta entrará en la segunda con bríos renovados para que su pupila pueda sentarse en el sillón que él ha ocupado desde 2003 y quizás se lo guarde por si le apeteciera volver dentro de cuatro años.

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Ecuador: Rafael Correa ya tiene su «golpe»

Francisco R. Figueroa / 1 octubre 2010

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, ya tiene ― como el venezolano Hugo Chávez lo tuvo en 2002 ― su «golpe de Estado», figura que ha tomado lo que más parece un motín policial por motivos laborales que quedó sin control en una república de opereta.

Las intenciones de los policías amotinados estaban claras desde primera hora. Prueba de que no pretendía destituir a Correa es que no le dispararon cuando lo tuvieron a tiro.

Con muletas por una reciente operación en la rodilla derecha, Correa se presentó de manera imprudente en el Regimiento Quito 1 (corazón del motín), encaró desde un balcón a los sediciosos, se tiró teatralmente de la corbata y mostró envalentonado el pecho como un Gary Cooper en «Solo ante el peligro» mientras desafiaba a que le mataran si tenían valor.

Luego vino la huida del cuartel en medio de una nube de gases lacrimógenos, los puñetazos entre sus escoltas y los policías y Correa extenuado, ultrajado y desmayado. Se impuso el estado de excepción y una cadena obligatoria de televisiones por la que los portavoces de Correa impusieron la versión del golpe e Estado que es la que ha prevalecido dentro y fuera del país.

Portavoces de los amotinados, entre ellos el jefe del Estado Mayor de la Policía, Florencio Ruiz, explicaron que de ningún modo pretendía destituir a Correa, si no obligarle a derogar las medidas de austeridad que ha impuesto, con recortes de beneficios adquiridos y otras prebendas, y a homologar los salarios de suboficiales y oficiales. ¿Cómo dar un golpe de Estado sin el Ejército?

Pero Correa ha insistido machaconamente en que ha habido una intentona golpista contra él. «Esto fue un intento de golpe de Estado», repitió. «Este ha sido el día más triste de mi vida y el día más triste de este Gobierno, por la infamia de los conspiradores de siempre», machacó reconociendo sin tapujos que de esta situación él ha salido fortalecido.

Es más, el gobernante, en un discurso ante una muchedumbre enardecida frente al palacio presidencial en Quito, acusó como cabecilla golpista a uno de sus antecesores en la presidencia de Ecuador y tenaz rival político, el ex coronel Lucio Gutiérrez, quién de inmediato lo negó y retrucó recordando que fue Correa quien intervino en su derrocamiento, en abril de 2005, en la llamada «rebelión de los forajidos». Gutiérrez había participado en el golpe que depuso en enero de 2000 a Jamil Mahuad. Entre golpistas anda, pues, el juego.

Durante un día de perros, los amotinados tomaron cuarteles y otras instalaciones, cerraron vías de comunicación; hubo saqueos, pillajes y caos por doquier.

Ingresado en un hospital, Correa estuvo cercado allí casi diez horas, hasta que lo sacó indemne una tropa de élite de la propia Policía en un confuso rescate en el que nadie sabe quienes eran los buenos y cuales los malos, con francotiradores sin control y un uniformando que caía malherido (murió luego) desde el vehículo todoterreno que llevaba a Correa.

Los enfrenamientos entre el Ejército y la Policía, con turbas a favor y en contra implicadas, causó cerca de 80 heridos y al menos dos policías muertos. Y todo ahora a mayor gloria de Rafael Correa.

El gobernante promete que no habrá perdón ni olvidó. Tendrá que depurar la Policía, expurgarla de aquellos, que según dijo, han dejado a Ecuador expuesto ante los ojos del mundo como una republica de opereta.

El primero que alzó la voz contra «el golpe de Estado« fue el presidente Hugo Chávez, a quien el intento de derrocamiento de abril de 2002 le fortaleció hasta el extremo que le permitió gobernar de manera autoritaria y arbitraria, con la oposición domeñada prácticamente hasta el revés electoral del pasado domingo.

Habló también del pueblo al rescate de Correa que podía ser masacrado, de una nueva dentellada da las bestias fascistas, que obedecen al amo de Washington, contra los gobiernos socialistas como el suyo o el de Ecuador, de la conspiración permanente de Estados Unidos y de lo mismo que pasó en Venezuela.

Las naciones suramericanas han aceptado la tesis de la intentona golpista y reaccionaron en consecuencia. En un pronunciamiento, los presidentes de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), reunidos de urgencia en Buenos Aires, solicitaron hoy juicio y castigo a los responsables de «la asonada golpista» en Ecuador y repudiaron el «intento de golpe de Estado y el posterior secuestro del presidente Rafael Correa». «Si dejamos pasar a los gorilas, el gorilaje se puede imponer en el continente», sentenció el peruano Alan García.

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